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Mochila emocional: cómo prepararla con las herramientas que hacen la diferencia

Un niño o un adolescente que se siente seguro y valorado podrá poner su mente al servicio del aprendizaje.
Foto: Shuterstock
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Cuando hablamos de el inicio escolar nos preocupamos demasiado por cumplir con las extensas listas de materiales. Sin embargo hay otra mochila, que debemos preparar con dedicación y tiempo compartido: La “mochila emocional” Hablamos de aquello que no se ve pero pesa: expectativas, miedos, ilusiones, ansiedades. Preparar a nuestros hijos para un nuevo ciclo lectivo implica brindarles herramientas emocionales que les permitan afrontar desafíos, establecer vínculos sanos y, sobre todo, sentirse seguros.

Practiquemos la escucha

Dediquemos tiempo para preguntarles cómo se sienten en el inicio escolar y practiquemos la escucha activa. Evitemos los juicios de valor o las expectativas. La idea es crear un espacio de diálogo seguro, en el cual los chicos puedan expresar sus sentimientos frente a la nueva etapa.

Es especialmente importante crear con intención estos momentos ante cambios de institución, inicio de nuevos ciclos, cómo primaria o secundaria y en el caso de los niveles iniciales es una muy buena idea tomar la palabra y contarles que pasará los próximos días. Cómo será su sala, cómo se llamará su maestra y que harán en ese tiempo que estén lejos de casa. 

Dediquemos tiempo para preguntarles cómo se sienten en el inicio escolar.

Hablemos de bullying

El bullying es una realidad que afecta a muchos niños en las escuelas. Para prevenirlo, es esencial fomentar en casa una cultura de respeto y empatía. Hablar abiertamente sobre el tema, definir qué es el bullying y cómo identificarlo ayuda a los niños a reconocer situaciones injustas, ya sea como víctimas o testigos. Incluso puede ser nuestro propio hijo el que agreda. Es muy importante entender la emoción detrás de estas conductas para poder acompañar sin estigmatizar. 

Una herramienta clave es enseñarles asertividad: responder con firmeza pero sin agresión. Frases como “No me gusta que me hables así” o “Por favor, respétame” les permiten expresar sus límites de manera clara. Además, fomentar la búsqueda de apoyo en adultos de confianza —como padres y maestros— fortalece su red de seguridad emocional.

Por otro lado, promover la amistad inclusiva ayuda a reducir el aislamiento, una de las principales causas del acoso escolar. Invitar a casa a compañeros diversos, participar en actividades grupales y practicar juegos cooperativos son maneras efectivas de fomentar el respeto por las diferencias.

Evitemos los juicios de valor o las expectativas.

Apoyo y refuerzo amoroso

El reconocimiento y el apoyo constante construyen una autoestima sólida. No hay nada más lindo que escuchar palabras de aliento de la boca de los padres, mientras estamos creciendo. Podemos destacar no solo sus logros académicos, sino también sus cualidades personales: “eres muy creativo”, “me encanta cómo ayudas a los demás” o “tienes una gran imaginación”. Este tipo de refuerzo amoroso no solo aumenta su autoconfianza, sino que les ayuda a valorar sus habilidades más allá de las calificaciones.

Asimismo, es crucial que sepan que siempre podrán contar con sus padres, pase lo que pase. La escucha activa y la validación de sus emociones son fundamentales. En lugar de minimizar sus preocupaciones (“No te preocupes, eso no es nada”), intentemos empatizar: “Entiendo que te sientas así, ¿querés contarme más?”. Este enfoque refuerza el vínculo afectivo y les da la seguridad de que sus sentimientos son importantes.

El reconocimiento y el apoyo constante construyen una autoestima sólida.

Cuidado con las agendas saturadas

En la búsqueda de ofrecerles “lo mejor”, muchos padres caen en la trampa de llenar las agendas de sus hijos con actividades extracurriculares: deportes, idiomas, música... Si bien son oportunidades valiosas, es necesario preguntarnos si estamos dejando espacio para lo esencial: el juego libre. El tiempo libre y el juego espontáneo son imprescindibles para el desarrollo infantil. No solo estimulan la creatividad y la resolución de problemas, sino que también son una vía natural para procesar emociones y experiencias. Al jugar, los niños recrean situaciones cotidianas, exploran roles y encuentran soluciones a sus inquietudes internas.

Además, el descanso y la libertad del tiempo libre promueven la autonomía y la autorregulación emocional. Permitirles aburrirse, lejos de las pantallas y las actividades dirigidas, no solo es saludable, sino necesario para que aprendan a gestionar sus propios tiempos y a conocerse mejor. Más no siempre es mejor. 

el descanso y la libertad del tiempo libre promueven la autonomía y la autorregulación emocional.

Preparar la mochila emocional

Preparar a los niños para el año escolar no se trata solo de materiales y horarios. Se trata de fortalecer su autoestima, brindarles herramientas para enfrentar adversidades y, sobre todo, recordarles que cuentan con un refugio seguro en sus padres. Acompañarlos en este proceso no significa sobreprotegerlos, sino darles la libertad de explorar el mundo con la seguridad de saber que, pase lo que pase, siempre podrán volver a casa, no solo físicamente, sino emocionalmente. Sus energías estarán puestas en “sobrevivir “ y aunque este término pueda parecer exagerado, no lo es. La escuela puede ser una auténtica tortura sino se cuenta con el apoyo necesario para afrontar los desafíos académicos y vinculares.

Que este año escolar sea una experiencia enriquecedora

Que sea un espacio donde puedan aprender, crecer y ser felices, sabiendo que todo lo que pasa en esta etapa de la vida, marca nuestra existencia para siempre. 

Brenda Tróccoli.

* Brenda Tróccoli. Especialista en familias y crianza. Dip en parentalidad y apego. Puericultora.
IG: @soybrendacriando