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Sharenting: padres que comparten el minuto a minuto de sus hijos en las redes sociales

Lo que parece una forma inofensiva de compartir la felicidad familiar, esconde detrás un riesgo creciente. Por qué ésta practica podría vulnerar los derechos de los menores.
El sharenting impide que los niños y niñas tomen esa decisión desde sus primeros años de vida. Foto: Shutterstock
El sharenting impide que los niños y niñas tomen esa decisión desde sus primeros años de vida. Foto: Shutterstock

En la era digital, la presencia en redes sociales es casi inevitable. Los padres comparten en estas plataformas cada logro, cada momento de crecimiento y cada sonrisa de sus hijos. Sin embargo, lo que parece una forma inofensiva de compartir la felicidad familiar, esconde detrás un riesgo creciente: el sharenting. 

El impacto en los derechos de los niños

El sharenting, aunque en muchos casos se hace con buenas intenciones, vulnera los derechos fundamentales de las niñas y los niños. Cada vez que se sube una imagen de ellos, no se está solo documentando su vida, sino que se está construyendo una identidad digital sobre la que ellos no tienen control. En un mundo donde la información es un bien tan valioso, el rastro digital que dejamos de nuestras infancias puede ser usado para fines comerciales, políticos o incluso malintencionados. Hay que tener claro que una vez que una imagen ingresa a la web, difícilmente se logre borrar, porque las plataformas usan los datos de sus usuarios y la huella digital contiene toda nuestra información.

Los padres comparten en estas plataformas cada logro, cada momento de crecimiento y cada sonrisa de sus hijos.

Además, la privacidad, uno de los derechos más fundamentales de cualquier ser humano, se ve comprometida. Los niños y niñas, en su mayoría, no tienen la capacidad de consentir o comprender los riesgos que implica la exposición en línea. ¿Cómo pueden decidir ellos si quieren que su imagen sea compartida con miles de personas que quizás ni siquiera conocen?. En el caso de las familias influencers que comparten contenido con sus hijos, los riesgos son aún mayores, ya que por lo general son cuentas públicas, que llegan a una gran cantidad de personas de las cuáles se desconoce su identidad absolutamente.

Cabe destacar también que el sharenting representa un riesgo fuera de la virtualidad: se exponen colegios, amigos, lugares frecuentes con una gran cantidad de información que queda disponible de manera servida para cualquier que desee utilizarla. Y si bien vivir es un riesgo, hay ciertos aspectos que podemos cuidar para preservar, dentro de nuestras posibilidades, la integridad de los menores.

Por otro lado, este acto de compartir constante también incrementa el riesgo de que sus imágenes sean utilizadas sin permiso, incluso caigan en manos equivocadas, con las terribles consecuencias que esto puede acarrear. La sobreexposición puede abrir puertas a situaciones de ciberacoso, robo de identidad e incluso la creación de perfiles falsos.

Las familias influencers que comparten contenido con sus hijos, los riesgos son aún mayores.

Los bancos de imágenes de acosadores: las redes sociales

Resulta escalofriante pensar que las malas intenciones pueden estar detrás de las imágenes y videos más tiernas de nuestros hijos, pero lamentablemente las estadísticas sobre el uso de imágenes infantiles para usos maliciosos está en aumento. Con la llegada de la inteligencia artificial, las cosas se ponen todavía más difíciles: cualquier imagen puede ser modificada con mucha facilidad para fines nefastos, dejando así vulnerados los derechos esenciales de los niños y niñas a su privacidad.

El consentimiento y la autonomía de los menores

El sharenting no solo vulnera la privacidad, sino también la autonomía de los niños. A lo largo de su vida, cada niño debería poder decidir qué partes de su vida compartir y con quién. Sin embargo, el sharenting impide que los niños y niñas tomen esa decisión desde sus primeros años de vida. El consentimiento se convierte en un concepto abstracto cuando los padres toman decisiones en nombre de sus hijos sin considerar las implicaciones a largo plazo. En la medida en que la huella digital de un niño se extiende, también se reducen sus derechos a la intimidad y la privacidad, fundamentales para su desarrollo emocional y personal. Esto, a medida que el niño crece, puede ser vivido como una traición y una desprotección por parte de sus figuras de cuidado.

El sharenting no solo vulnera la privacidad, sino también la autonomía de los niños.

Opciones de protección para familias

Para las familias que desean compartir esos momentos especiales con amigos y familiares, sin comprometer la seguridad ni los derechos de los niños, existen varias alternativas que permiten equilibrar el deseo de compartir con la necesidad de protección:

  • Configuración de privacidad: las plataformas sociales cuentan con herramientas para configurar la privacidad de las publicaciones. Es recomendable asegurarse de que las fotos compartidas solo sean visibles para un círculo cerrado de amigos y familiares, y no para el público general. Esto es una de las formas más sencillas y efectivas de proteger la imagen de los niños.
  • Uso de grupos privados: en lugar de compartir imágenes en perfiles públicos, los padres pueden crear grupos privados en redes sociales donde solo personas de confianza puedan acceder al contenido. De este modo, se minimiza el riesgo de exposición.
  • No etiquetar a los niños: evitar etiquetar a los niños o compartir demasiados detalles de su ubicación y rutinas puede ayudar a preservar su privacidad. A veces, una imagen puede ser inocente, pero la información que se añade a esa imagen puede ser muy reveladora.
  • Reflexionar antes de compartir: antes de publicar cualquier imagen o video, reflexionar sobre las posibles consecuencias a largo plazo. Preguntarse si el niño estaría de acuerdo con la publicación al llegar a la adolescencia o a la adultez puede ser un buen filtro para evitar compartir contenido innecesario.
  • Uso de herramientas de protección de imágenes: algunas aplicaciones y plataformas permiten proteger las fotos mediante marcas de agua o configuraciones que limitan el uso no autorizado de las mismas.

El sharenting es una práctica que, si bien está rodeada de buenas intenciones, debe ser tratada con cautela y conciencia. Los padres y cuidadores tienen la responsabilidad de proteger la integridad de los niños, no solo en el mundo físico, sino también en el virtual. La privacidad y los derechos de los niños deben ser siempre la prioridad. Al hacer uso de las herramientas que la tecnología nos ofrece de manera responsable, podemos garantizar que la infancia siga siendo un espacio seguro y respetuoso, tanto en el mundo real como en el digital.

El sharenting es una práctica que, si bien está rodeada de buenas intenciones, debe ser tratada con cautela y conciencia.

El sharenting es un debate que tenemos que poner sobre la mesa. Empezar a elegir de manera más consciente qué compartimos, de qué manera y para qué. Las mamás y los papás tenemos que tomar muchas decisiones que implican a nuestros hijos, y ésta es una más de ellas. Hacerlo con información y conociendo los riesgos hace que podamos decidir con más soberanía. Incluso, tal vez estas prácticas de exposición constante tengan más que ver con nuestras propias heridas infantiles de lo que creemos. Seguimos buscando likes, aprobación y dopamina, proveniente  de personas que en nuestra vida real ni siquiera frecuentamos. 

Quizás sea hora de volver a lo real. A que nuestros amigos y familiares vean crecer a nuestros hijos en vivo y en directo y no por videos empaquetados de 15 segundos, a sacar esa foto que imprime los momentos especiales y juntarnos a ver el álbum familiar cada fin de año, a  mirar a nuestros hijos más a los ojos y menos por el lente de un celular.

En definitiva, y como dice mi padre “los mejores recuerdos se llevan en el corazón”. 

Brenda Tróccoli.

* Brenda Tróccoli. Especialista en familias y crianza. Dip en parentalidad y apego. Puericultora.
IG: @soybrendacriando