La frontera chilena por la que cruzan 30.000 personas por fin de semana y no tiene las demoras de Libertadores
Aunque es el paso más importante que existe en la larga frontera que comparten Argentina y Chile, el Sistema Integrado Cristo Redentor está lejos de ser el más transitado en el vecino país, especialmente si hablamos de movimientos de personas. Lo más llamativo es que el paso con transito en Chile habitualmente atiende a 30.000 personas por fin de semana y no se acerca de ninguna manera a las demoras que existen en Libertadores. ¿Por qué pasa?
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El Complejo Chacalluta, ubicado en la frontera norte de Chile, es el único paso terrestre entre el vecino país y Perú. Por ese lugar circula un promedio de 5.000 personas por día y los fines de semana ese número aumenta a 30.000. Tal como el sistema ubicado en nuestra frontera, es integrado. Sin embargo, no se acerca a tener los problemas que hay en la cordillera y las demoras para cruzarlo en momentos pico sólo toman algunas horas.
A la hora de buscar las razones, primero tenemos que explicar que los procedimientos de control de los organismos fiscalizadores chilenos, son los mismos que en Libertadores. PDI se encarga del trámite migratorio, Aduanas el control del vehículo y una primera revisión, mientras que la revisión final y el sello está en manos del Servicio Agrícola y Ganadero, SAG.
La gran diferencia entre uno y otro paso es la ubicación, porque mientras Cristo Redentor está a 3.200 metros sobre el nivel del mar y a varias horas de los centros poblados más cercanos, Chacalluta (y su similar peruano Santa Rosa), está a nivel del mar (en una ruta que gran parte va a metros del Pacífico). Es el punto medio entre las ciudades de Arica (Chile) y Tacna (Perú). Para ir de una ciudad a otra, sin contar los trámites, el trayecto es de una hora o un poco menos.
Las imágenes del complejo Chacalluta
En este caso, la distancia con las ciudades es clave para que no se generen aglomeraciones, porque son trayectos cortos que permiten que un viajero pueda salir en cualquier horario sin mayores preparativos y cruzar la frontera. Consecuencia de eso es que no hay horarios de mayor concentración, como sí ocurre en Libertadores. Las mañanas suelen concentrar un número importante de vehículos, que de no desconcentrarlos rápidamente van generando una acumulación que luego es difícil de bajar y se generan las filas de 12 horas o más.
Si consideramos que después de Navidad la mayor cantidad de vehículos llegó a primera hora de la mañana a la frontera, saliendo de madrugada de Mendoza, y Chile no tuvo todas las cabinas habilitadas en horario nocturno, se generó una concentración que nunca pudo resolver hasta que naturalmente el flujo de viajeros. Conociendo estos datos, podemos decir que el factor geográfico se vuelve relevante en el Cristo Redentor. Pero si a eso le sumamos que no se utiliza toda la capacidad de Los Libertadores, están jugando con fuego, porque generan un problema que no son capaces de manejar y que sólo se resuelve cuando ya pasaron todos los que tenían que pasar.
El SAG es igual allá, acá y en todos lados
Tal como Libertadores, en Chacalluta es el SAG el que pone el último timbre y los controles son tan o más exhaustivos que en la cordillera. De hecho, en la frontera entre Perú y Chile, incluso funcionan escáner de cuerpo para posibles casos de tráfico de drogas, tomando una relevancia mayor el rol de la PDI no sólo en lo migratorio, sino también en lo policial.
A pesar de la cantidad de personas que pasan por ese control, no existen los controles aleatorios y tal como acá, se revisa todo y a todos. Eso hay que tenerlo claro, es algo que Chile no va a resignar y no va a dar marcha atrás. Hay que entender que con los tratados de libre comercio que tienen, el SAG se convierte en el filtro para asegurar que sus exportaciones no tengan problemas y eso es algo que ningún gobierno en Chile, se queje quien se queje, va a modificar. Incluso, y para ser justos, con conocimiento de causa puedo decir que el SAG es tan jodido en la frontera como en controles internos en el territorio chileno, tanto en la agricultura o la industria lechera, por ejemplo.
Sólo para graficar en cifras lo que mencionamos, la industria forestal chilena exporta por US$ 2.122 millones. Los envíos de frutas frescas acumularon hasta noviembre envíos por US$ 6.968 millones (entre las que hay kiwis, ciruelas, uvas, manzanas, peras, arándanos, limones y paltas). Las cerezas frescas recién iniciaron la temporada a fin del año pasado, pero los chilenos -literalmente- copan el mercado chino con esa fruta. Los vinos sumaron ventas al exterior por US$ 1.509 millones, la celulosa llegó a los US$ 2.690 millones y las exportaciones de alimentos acumularon en 11 meses embarques por US$ 11.730 millones.
No hay controles aleatorios porque no confían
En medio de la crisis fronteriza, una idea que se repitió mucho es la de controles aleatorios, la que fue descartada incluso por el delegado presidencial en Los Andes, Cristian Aravena, usando argumentos similares a los que mencioné sobre exportaciones, el rol del SAG y la normativa. Mientras no haya algún tipo de tecnología que pueda reemplazar al SAG, no habrá controles aleatorios porque simplemente no hay confianza para dar ese paso.

Sin embargo, esa falta de confianza es histórica, por eso no podemos comparar lo que sucede acá con la Unión Europea, por ejemplo, porque Chile -por una u otra razón- cree más en los acuerdos bilaterales y tratados de libre comercio específicos, antes que en los bloques. Con Piñera se acercó un poco más a ellos con la Alianza del Pacífico, pero tampoco tuvo buenos resultados, por lo que la experiencia les señala que les fue mejor solos. El mejor ejemplo es el Mercosur, donde es asociado sólo para algunas cosas, pero no quiere ser parte de un bloque que con el tiempo tuvo razón de evitar. Mientras los países miembros como Argentina y Uruguay pelean por escaparse, Chile concretó TLC con China, Japón, la UE y Estados Unidos, por nombrar sólo algunos.
Incluso, en 2011 trabajando para MDZ fui testigo de esa desconfianza y el peso del SAG en la frontera. Fue en una reunión de organización de los controles por el desarrollo de la Copa América en Argentina (con Mendoza como sede), en la que parecía que todo iba a salir rápido y con amplio acuerdo. Estaban todos los organismos y desde acá viajamos con el ministro de Gobierno Félix González, por entonces funcionario de la administración de Celso Jaque. En una gran mesa en la ciudad de Los Andes, todos los organismos iban dando su aprobación a la posibilidad de encapsular transportes, hasta que llegó el turno del SAG. Se negó a esa opción porque no confiaban -dicho literal- en los controles argentinos. El resto fue historia, pero grafica como en tantos años no se avanzó mucho en mejorar la conectividad y en generar algún avance en ese nivel de confianza.
Hay mejor infraestructura del lado chileno, pero aún se hace poca para un flujo como el que tiene Chacalluta, de unas 30.000 personas en un par de días, pero todo es peor si no hay dotación completa. Descartemos la idea de controles aleatorios y vayamos pensando en algo que no se haya dicho hasta ahora, porque todo parece indicar que las cosas seguirán igual.



