Crianza respetuosa: conceptos claros de cómo abordar la formación de un niño
Mucho se habla de la crianza respetuosa, concepto que cobró fuerza en las últimas décadas a nivel mundial. Haciendo un poco de historia, la crianza respetuosa se basa en la teoría del apego, desarrollada por el psicoanalista John Bowlby entre 1969 y 1980, que sostiene la importancia de un vínculo emocional sólido entre niños y adultos, ya sean sus padres, familiares o quienes tenemos a cargo su cuidado y educación. Este vínculo sustentado en el respeto, la empatía y el amor incondicional hacia los niños, es el punto de partida para una crianza plena.
Los aportes de la psicología y las neurociencias nos ayudan a comprender con una nueva mirada el impacto que la crianza tendrá sobre los niños. No es que la crianza de antes estaba mal, simplemente era distinta la concepción de niño y la de autoridad, que estaba ligada al castigo o al miedo; en síntesis, la forma de establecer esos vínculos con ellos.
Hablar de crianza no es fácil en la actualidad
Los tiempos cambian y los modos de vincularse también. Asistimos a un bombardeo mediatizado de información que muchas veces abruma y confunde. Pero la crianza es un hermoso desafío que no resulta tan difícil como parece. En cada acto, en cada palabra, en cada gesto, tocamos sus vidas. La forma de ser y estar que elegimos para acompañarlos en sus primeros años revisten una importancia relevante y fundamental para ellos. Parafraseando a Karl Rahner, reconocido teólogo alemán del siglo XX, la infancia es el origen del hombre que será. Entonces, es importante reflexionar en torno a esos fundamentos para que la crianza sea realmente respetuosa.
En primer lugar, vamos a definir algunos conceptos centrales que nos permiten desplegar un estilo de crianza que respete la integralidad e integridad de los niños. El amor incondicional que sienten los padres por sus hijos los llevan a poner como prioridad el buen desarrollo del niño. Este amor se resume en una premisa muy sencilla: "pase lo que pase, siempre te voy a querer". Los niños pequeños van descubriendo el mundo que los rodea, entendiendo por ello no sólo el ambiente en el cual viven, sino su cultura y los vínculos que se establecen. En ese entramado van aprendiendo. Si les transmitimos seguridad en el amor, podrán hacerlo de manera plena.
Somos testigos de infinidad de situaciones que les generan enojos, desafíos, berrinches, frustraciones. Es parte de un sano neurodesarrollo que así suceda. En este sentido, la crianza respetuosa no es evitar estas situaciones, sino acompañarlos y permitir que se frustren. Señalar aquello que es necesario con amor y respeto.
Muchas veces observamos que hacen caso omiso al NO, porque aún lo están aprendiendo, e incluso les resulta gracioso o se ríen. Este aprendizaje es valioso para ellos. Los ayudará a reconocer peligros, a respetar los derechos de los demás, a compartir de una manera sana, a convivir en la sociedad en un clima de amor, respeto y cuidado, y a decir que NO cuando algo no es de su agrado o puede ponerlos en riesgo. El NO es relevante para una crianza respetuosa.
Frente a estas situaciones que generan emociones que aún no pueden manejar por sí mismos, es importante desplegar la empatía, que tiene que ver con ponerse en el lugar del otro y actuar en consecuencia. Los niños pequeños carecen de la capacidad de regular su propia conducta, necesitan de nuestra ayuda para hacerlo. Podemos comprender que se enojen si un juguete se rompe cuando lo golpean, que no tengan ganas de levantarse temprano por la mañana para ir a la escuela, que hagan berrinches cuando les decimos que no ante algo que desean, o que no quieran colocarse el abrigo un día de frío. Pero comprender estas situaciones no implica que puedan “hacer lo que quieran”. Las acciones tienen consecuencias y es importante que puedan aprender desde pequeños que no todo da igual. Podemos validar sus emociones, ayudarlos a poner palabra ante aquello que les sucede, pero no debemos validar esa acción que sabemos no es buena o que tiene consecuencias que impactan negativamente sobre ellos mismos o sobre los demás. Si validamos la acción, volverán a repetirla. Ya lo decía María Montessori en su libro La Mente Absorbente (1949), “dejar que el niño haga lo que quiera cuando todavía no ha desarrollado la capacidad de autocontrol, es traicionar la idea de libertad”.
El término crianza respetuosa, implica reconocer el respeto en un doble sentido
Toda persona es sujeto de derecho. Educar y criar en el respeto promueve el buen trato desde la infancia, desterrando cualquier tipo de maltrato - físico, verbal, emocional - o vulneración de derechos. Pero también implica el respeto por el adulto y los límites que son tan necesarios a la hora de acompañar el sano desarrollo de los niños. La crianza respetuosa no significa ser permisivos, de hecho, no poner límites es una forma de negligencia. Nosotros somos los adultos y ellos los niños, y como adultos responsables de su crianza decidimos qué es lo mejor y debemos comunicarlo de manera clara y firme, amorosa y amable.
Los niños se rigen por el principio de realidad, en el aquí y el ahora, por eso les resulta difícil comprender algunas cuestiones vinculadas a los tiempos de espera, la aceptación de límites y el NO. Esto nos lleva a pensar la importancia de acompañarlos de manera positiva, respetuosa y segura para que aprendan a regularse, a aceptar que es el adulto quien decide, a crecer en un ambiente sano y propicio para ello.

Ahora bien, ¿cómo lo hacemos cuando vivimos en una sociedad que demanda inmediatez, que apura nuestros tiempos y especialmente los de ellos? Algunos acciones que podemos tener en cuenta:
- Mantener la calma: los niños aprenden más de lo que ven que de lo que decimos y nos observan permanentemente. Nuestras acciones hablan por sí mismas mucho más fuerte que nuestras palabras. Y es realmente el ejemplo lo que deja huella. Si nosotros perdemos la calma, ¿cómo podemos pedirles a ellos que no lo hagan?
- Establecer límites: los límites deben ser claros y tener sentido, de modo que podamos explicarles fácilmente que un límite está ahí por seguridad o por respeto. Tal vez los más pequeños no lo entiendan al principio, pero si son iguales para todos y todos los respetamos, entenderán que ellos también deben respetarlos. Es importante enunciarlos en positivo, así damos la información de lo que sí se puede hacer. De esta manera abrimos a nuevas posibilidades de hacer, sin caer constantemente en el NO y reservándolo para aquellos momentos en los que resulta más necesario.
- Establecer una rutina de orden: las rutinas son formas de ordenar a ese cerebro que va creciendo lo mejor posible y potenciar al máximo sus habilidades. Los ayudan a organizarse, a bajar la intensidad, a ser responsables y autónomos. Hay rutinas que sí o sí tienen que estar: la alimentación, el sueño, la higiene y el juego. Así, poco a poco, se construyen hábitos que son saludables para el crecimiento. Este orden es necesario para desarrollar también una disciplina interna que les brinda información acerca de lo que sucederá. De esta manera, además, aprenden a predecir las consecuencias naturales de sus actos y hacerse responsable de ellos.
- Poner palabra: explicar lo que esperamos que suceda, pero sin caer en una extensa disertación. No es necesario dar explicación de todo, pero sí comunicar de manera corta, concreta, efectiva y afectiva.
- Promover la autonomía y crear responsabilidad: a medida que van creciendo, pueden realizar pequeñas acciones y encargos por sí mismos. Si les resolvemos todo, todo el tiempo, no sólo no respetamos sus posibilidades de hacerlo sino que impedimos o demoramos nuevas conquistas de su parte. Crear responsabilidades acordes a los hitos del desarrollo resulta un motor invaluable en el despliegue de la autonomía e independencia por parte del adulto. No le pediremos a un niño de dos años que tienda su cama, pero sí a uno de seis porque ya tiene la capacidad para hacerlo.
- Permitirles tomar algunas decisiones; hay situaciones en las que pueden decidir por sí mismos. Por ejemplo, elegir el juguete con el cuál jugar, la remera con la que salir a pasear, seleccionar un cuento para que les lean, una canción para escuchar. Estas pequeñas decisiones son muy importantes para ellos ya que cobran una dimensión que les permite desarrollar su capacidad de elección, sintiendo que es capaz de tomar decisiones. Una decisión puede ser acertada o no. Si han tomado alguna y luego no es de su agrado, esto les ayudará a aprender del error sin necesidad de la corrección por parte de otro, promoviendo así la propia reflexión y el juicio crítico frente a las opciones que se le van presentando.
En síntesis, la crianza respetuosa es más que un estilo de educación. Es una forma de estar en el mundo que busca educar para la paz con sentido, sentando las bases para establecer vínculos de amor, cuidado y respeto. Una oportunidad para construir una nueva humanidad desde pequeños.

* Constanza Llambí. Lic. en Educación Inicial. Especialista en Transformación Educativa. Vicaría Episcopal de Educación.

