Sensacional hallazgo: un Tintoretto en la provincia de Buenos Aires
Meses atrás fue presentada en La Plata una obra del Museo Pettoruti de esa ciudad como original del maestro del renacimiento italiano conocido como Tintoretto (1518-1594). La historia, que contiene ribetes asombrosos e incluye personajes apasionantes , merece ser contada.
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Tintoretto
En primer lugar el artista veneciano, cuyo nombre era Jacopo Comin (pero que a menudo se lo menciona como Robusti) fue un destacadísimo representante del estilo manierista. El apodo Tintoretto le viene de su padre que era tintorero.
Sumamente prolífico, pintó escenas religiosas tanto del antiguo como el nuevo Testamento, retratos y escenas mitológicas. Nuestro Museo Nacional de Bellas Artes posee en su acervo un buen ejemplo de los primeros: “Natividad”, donación de la Fundación Di Tella.
El museo del Louvre un maravilloso autorretrato del artista
La obra que hoy nos ocupa no tiene la calidad de las anteriores, al punto que hasta ahora había sido considerada como apócrifa incluso por el propio Emilio Pettoruti que fuera director del museo que hoy lleva su nombre. Es un óleo sobre lienzo de 140 x 120 centímetros que muestra a Melchior Michael, un almirante veneciano del siglo XVI. La identificación del retratado resulta indudable ya que aparece en la propia obra.
La donante
Fue donada al museo en 1932 por Sara Wilkinson viuda, primero de José Santamarina, (con quien llevaron una vida opulenta en Paris), luego de un diplomático guatemalteco y finalmente de un general italiano Mauricio Marsengo, con quien solía veranear en Mar del Plata.
Sara nacida en Inglaterra llega muy joven a nuestra tierras cuando su padre es contratado como operario del tendido del ferrocarril. De una belleza extraordinaria deslumbra a José, segundo hijo del primer matrimonio de Ramón Santamarina, próspero comerciante de origen español que con laboriosidad y empeño cimentó un imperio nuestras pampas. Cómo todos los Santamarina, José y Sara fueron entusiastas coleccionistas de arte que a la postre donaron, en gran medida, a museos (de Tandil, MNBA, etc.)
Es así como, desde Paris, la viuda de Santamarina lega al Museo de Bellas Artes de la Provincia el retrato del almirante veneciano junto a un supuesto Goya y cuatro obras más. La catalogación del cuadro fue incierta hasta que un director del museo le bajó el pulgar.
El censor
Emilio Pettoruti (1892-1971) es el maestro indiscutible de la modernidad en nuestra pintura. Ligado primero al futurismo durante su periodo formativo en Italia en la segunda década del siglo pasado, expone en Alemania y luego en Paris, donde marca al cubismo con una impronta propia.
Riguroso y metódico tanto en su trabajo como en su aprendizaje conocía en profundidad los grandes maestros europeos a los que estudió en museos y pinacotecas. En 1924 regresa a país y tras ser rechazado en sus primeras exposiciones (llegó a exponer sus obras enmarcadas con vidrio para protegerlas de los escupitajos) consiguió imponerse también acá.
La Provincia de Buenos Aires lo nombra director del museo de Bellas Artes de la ciudad donde había nacido. Asumió el cargo con total responsabilidad. Indudablemente su juicio con respecto al retrato de Melchior Michael fue honesto. La obra carece de la calidad de las de Tintoretto que él había visto en Europa. En su carácter de director del Museo no podía avalar una autenticidad que ya estaba en duda.
Por añadidura en su magnífica autobiografía “Un pintor ante el espejo” dejó escrito su juicio lapidario sobre todas los cuadros de la donación: “son malísimos, hasta un miope se daría cuenta que no son lo que dicen ser”.
La revancha
Ahora, después de estudios espectroscópicos, químicos, artísticos e históricos, un equipo de investigación del Conicet aportó elementos contundentes para justificar la atribución de la obra al maestro renacentista. La confirmación de la autoría de Tintoretto (1518-1594) fue además avalada en un artículo publicado en la revista científica Journal of Molecular Structure. Por otra parte investigaciones históricas de estudiosos del museo que viajaron a Venecia documentan la vinculación del retratado con el artista.
¿Caso cerrado?
Definitivamente si. Tratándose de una historia itálica cabe aquella máxima: “se non è vero, è ben trovato”. Sin embargo , nadie puede asegurar que no se trate de una obra del taller del artista, algo muy común en la época y en especial en el caso de Tintoretto. El cuadro es rígido, la geometría del mismo es primitiva… pero no siempre los grandes maestros hicieron obras maestras.
Para ejemplo tenemos el caso reciente de “Salvator Mundi” adjudicado tras no pocas controversias a Leonardo que un árabe pagó cientos de millones.
Final feliz
Las cenizas de Pettoruti se revolcarán en el fondo del río de la Plata, donde según su deseo fueron arrojadas después de su muerte y el cuadro será colgado en el museo que lleva su nombre. Y la provincia de Buenos Aires tendrá un auténtico Tintoretto, donado por una inglesa de origen humilde que sedujo a un dandy argentino… autenticado en un laboratorio.
* Carlos María Pinasco, consultor de arte.
Carlosmpinasco@gmail.com