No maltratemos nuestro idioma: algo sobre el lenguaje inclusivo (Parte 1)
Uso genérico del masculino. Percibimos desde hace muchos años en el lenguaje político, (de a poco “infiltrado” en lo administrativo, periodístico y popular) el uso de sustantivos de personas que manifiesten los dos géneros; eso se ha dado en llamar lenguaje inclusivo, mientras la RAE dice al respecto, que “es un circunloquio innecesario, puesto que el empleo del género masculino es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo” [sic].
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La mención explícita del femenino se justifica, solo cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto, p. ej.: El desarrollo evolutivo es similar en los niños y las niñas de esa edad pero no en el ejemplo siguiente de nuestra televisión: [El asterisco, marca las formas incorrectas o inadecuadas].
Foto: MDZ.
*Atención imágenes no aptas para niños niñas y adolescentes, o cuando es necesario decir: —Los niños en esta fila y las niñas en esta otra; o cuando por razones de cortesía alguien se refiere a un auditorio diciendo: — Señoras y señores o damas y caballeros.
En gramática, el uso genérico del masculino se basa en su condición de “término no marcado” (no especificado) en la oposición masculino/femenino. Es el que sirve y debe ser usado para referirse a ambos géneros, cuando no es necesario marcar la diferencia. Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto. Así, “los alumnos” es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones (o “ciudadanos”, “trabajadores”, “amigos”, padres, maestros, senadores, etc.).
Buena es la ocasión para recordar que género, solo tienen las palabras; los humanos tenemos sexo. “Género”, aplicado a las personas, como lo establece la RAE, es solo una construcción sociocultural que no guarda relación con lo biológico.
De manera indeseable para el castellano, para hacer explícita la alusión a los dos sexos, se utiliza también hace ya muchos años, (en SMS, redes, correo electrónico, chat, etc.), el símbolo @ (arroba) como recurso gráfico para integrar las formas masculina y femenina en una sola palabra (*L@s niñ@s).
Foto: MDZ.
Desde el punto de vista normativo, ello no es admisible por cuanto @, no es un signo lingüístico, (DPD, Ed. 2005 - Género 2.2), por lo que el desdoblamiento es artificioso e innecesario.
De manera similar, se pretende incluir cambiando la “o” por una “e” como en: chicos/*chiques; tíos/*tíes; diputados/*diputades; todos/*todes; alumnos/*alumnes, etc., con el agravante que en muchas personas que esto proponen, es notable el desconocimiento de lo básico de nuestro idioma, con lo que, lejos están de aspirar a modificaciones de esta naturaleza, ignorando incluso, el daño que ocasionan en el lenguaje.

El desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda solo en razones extralingüísticas (en el caso de los políticos es ignorancia y demagogia). Por lo tanto, deberían evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, complicando innecesariamente la redacción y lectura de los textos, además de marcar una clara agresión a nuestro idioma.

* Hugo Funtanillas. Médico veterinario. Miembro honorario de la International Farrier Academy (IFA).

