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El rostro humano de la esperanza

Roma espera unos 32 millones de peregrinos en el año Jubilar de la Esperanza, entre ellos se esconden historias de superación y de fe.
La esperanza tiene un rostro humano. Foto: Gentileza
La esperanza tiene un rostro humano. Foto: Gentileza

“La esperanza tiene un rostro humano” escribió el Papa Francisco en un libro recientemente publicado a propósito del Jubileo de la Esperanza que inauguró el pasado 24 de diciembre con la apertura de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro. Desde entonces cientos de personas han empezado a desfilar por la ciudad de Roma con el deseo de cruzar esa misma puerta. Son los llamados “peregrinos de la esperanza” y algunos son su retrato vivo. Es el caso de dos mexicanos, Violeta y Jesús. El último día del año, durante la oración Te Deum con el Papa en la Basílica de San Pedro, no se sabía qué llamaba más la atención, si el esfuerzo de ella por abrirse paso entre la muchedumbre con la silla de ruedas de él, o la sonrisa de ambos. 

Jesús tiene 22 años y padece una parálisis cerebral como consecuencia de la meningitis que contrajo a los 2 años. Violeta, su madre, que quedó huérfana a los 8 años y viuda a los 41, es todo lo que tiene en el mundo, y ella, a su hijo. Juntos tienen, además, una fe que los lleva a superar cualquier obstáculo con tal de recibir una bendición del Papa, del que sea. De Juan Pablo II la recibió ella cuando el pontífice visitó México en el año 1990.

Jesús tiene 22 años y padece una parálisis cerebral como consecuencia de la meningitis que contrajo a los 2 años.

En 2016, cuando Francisco hizo su viaje a aquel país, rompiendo toda previsión, una cadena humana solidaria alzó la silla de ruedas de Jesús hasta dejarlo frente a frente con el Papa, recibir su bendición y un rosario de regalo. 

Alguna conexión especial hubo porque según cuenta la madre, desde entonces Jesús le pide seguir en directo las celebraciones de Francisco y su sueño es volver a verlo.  La ocasión se presentó una vez instalados en la ciudad española de Santander, donde se trasladaron hace dos meses previendo un futuro con mayores posibilidades para ambos.

Los peregrinos de la esperanza.

.Roma estaba más cerca pero el viaje exigiría un sacrificio. “Estábamos ahorrando para una silla de bipedestación que le permite ponerse de pie. Teníamos ya un 20% reservado”, cuenta Violeta. Ante la insistencia del hijo le preguntó: “A ver hijo, ¿seguimos juntando para una silla o vamos a ver al Papa?”, sin dudarlo le pidió viajar a ver a Francisco. Y allí fueron sin escalas y con el único objetivo, cumplido, de saludar al Papa y volver. 

No existen obstáculos para esta madre que vive de una esperanza: “Que mi hijo pueda valerse por sí mismo y sea feliz.” Esa esperanza tiene dos rostros humanos. 

Clara Fontán.

Clara Fontán. Profesora de Imagen Corporativa. Facultad de Comunicación Universidad Austral. 

x @FontanClara