Ser un lector: ¿acaso no es el propio Freud quien lo dice?
El 23 de septiembre 2024 se cumplen 85 años de la muerte de Sigmund Freud. Para muchos un genio, para otros resistido, para algunas generaciones desconocido. No descubrió el concepto de inconsciente, sin embargo lo formalizó de tal manera, que ningún otro investigador o profesional que se ocupe de la salud mental, puede ser indiferente ante su lectura. Y de eso se trata este artículo, de actualizar al lector del deseo quien puso en palabras, el modo singular de habitarlo y darle el lugar que corresponde al lenguaje con un decir advertido y responsable, donde la culpa siempre será la excusa de la conciencia para mantenernos en un lugar atravesado por la angustia. Sin embargo, hoy podemos saber, que la angustia no engaña y se convierte en brújula de nuestras posibles acciones.
Resulta notable la vastedad bibliográfica que Sigmund Freud expone en toda su obra ya puesta de manifiesto en su inicio en Die Traumdeutung (La interpretación de los sueños-1900-). A partir de la cita inicial Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo (La Eneida, Libro VII “Si no puedo persuadir a los dioses del cielo, moveré a los de los infiernos”), da cuenta de los alcances del psicoanálisis: una apuesta dirigida a la tensión entre la realidad y el placer.
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Cruzar el río Aqueronte implica un viaje de ida. Marca un acontecimiento tal como el cruce del Rubicón para Julio César. Un antes y un después. En La interpretación de los sueños, una cantidad impresionante de citas bibliográficas confirma la envergadura de una investigación en torno al sueño como nunca se había hecho hasta entonces. Por eso fue que frente al interrogante de algún incrédulo sobre si había leído todas esas obra citadas, cabe sólo una respuesta que confirma la personalidad de Freud: sí, las había leído todas.
El psicoanálisis propone incorporar ideas diversas, perspectivas ubicadas más allá del límite, espacios construidos por un pensamiento original dirigido a lo propio y a lo singular alejándose de lo estadístico, lo medible, lo universal. El Para-Todos de la Ciencia debe convivir con El-Para-Cada-Uno del Psicoanálisis, postulados ambos que no se excluyen entre sí sino que comparten el mismo universo.
Sigmund Freud intentó despejar el binarismo desde sus primeros escritos. Como lector de los clásicos de la literatura universal, incorporó un lenguaje particular a lo que una historia clínica podía transmitir una vez que se toma la decisión de contarla. Los historiales freudianos son verdaderas obras de literatura. No sólo transmiten los detalles de los signos y rasgos de una estructura psíquica sino que nos permite aún hoy comprender las reacciones frente a la angustia.
Considerado como un hombre de su tiempo, Sigmund Freud es el resultado de un contexto social y político. En el libro La Viena de fin de siglo. Política y Cultura, Carl Schorske señala al nacimiento del Freud intelectual como el producto de una Austria convulsionada por un clima político efervescente. Con la llegada al poder de los antisemitas liderados por Karl Lueger, en 1895 se había asestado un certero golpe a los judíos.
Por entonces, fines del siglo XIX, Viena se había constituido en el refugio de los inmigrantes judíos del este, principalmente de Rusia. Muchos se establecerían a posteriori en Alemania hacia donde en algún momento Freud pensó emigrar aunque luego también consideraría como destinos posibles Estados Unidos e Inglaterra, país que amaba desde su juventud.
Que alrededor del 1900 Viena se convirtiera en la capital cultural de Europa Central está estrechamente relacionado con el rápido crecimiento de la ciudad, en abierta competencia con otras metrópolis europeas como Londres, París y Berlín. Entre 1870 y 1910 duplicó su población, pasando de unos 900.000 habitantes a más de dos millones. Viena era la capital del Imperio Austrohúngaro en el que convivían más de cincuenta millones de habitantes de quince nacionalidades. El garante y símbolo de la unidad de esta monarquía era Francisco José I, nacido en 1830 y que gobernara de 1848 á 1916. La capital recibía oleadas de inmigrantes de diferentes grupos étnicos y religiosos que venían de todos los confines de ese imperio multirracial. Allí también confluían estratos sociales diversos, aumentando así la tasa de conflictividad, dado que los inmigrantes fueron el blanco fácil de la explotación laboral de la época, situación que favoreció a la organización del movimiento obrero.
A modo de pincelada del clima cultural imperante en la Viena de aquellos años, consignaré algunas manifestaciones. Otto Wagner (1841-1918) era vienés pero casi la mitad de los alumnos diplomados de su escuela especial de arquitectura en la Academia de Bellas Artes, la llamada Escuela de Wagner, eran oriundos de las provincias del sur y del este del Imperio. Josepf Hoffmann y Adolf Loos son los nombres más representativos de la corriente arquitectónica del 1900 que junto con otros colegas, pintores, músicos, poetas, periodistas y demás intelectuales se daban cita en el Café Griensteidl, en el Café Central o en el Café Museum.
Gustav Mahler (1860-1911) nacido en Bohemia, fue director de la Ópera de Viena entre 1897 y 1907, razón por la que era considerado una especie de regente del mundo de la música europea de entonces. A raíz de conflictos suscitados por el antisemitismo y por sus frecuentes actuaciones en otras ciudades, Mahler se vio obligado a dimitir del prestigioso cargo. Alma, su esposa, es conocida no sólo por los melómanos sino que su fama llegó más lejos debido a su vida amorosa y matrimonial. Gustav y Alma se habían conocido en casa de Bertha Zuckerkandl, anfitriona de uno de los salones donde se reunía la alta burguesía vienesa. Probablemente cuestiones sentimentales en torno a la difícil relación con Alma hayan sido uno de los motivos que condujeron a Mahler a asistir en 1910 a una consulta con Sigmund Freud, cuando ambos se encontraban de viaje en Holanda.
Los artistas ponen en tela de juicio las obras de la generación precedente. En aquel final de siglo los jóvenes, en gesto de rebeldía, comenzaron a formar el Movimiento de la Secesión del que eran miembros activos Gustav Klimt (1862-1918), Kolo Moser (1868-1918), Josef Hoffman (1870-1956), Joseph Maria Olbrich (1867-1908). Otto Wagner y Gustav Klimt.
Pocos años antes de la Primera Guerra Mundial, una nueva generación de jóvenes volvió a sacudir la percepción visual: Egon Schiele (1890-1918) y Oskar Kokoschka (1886-1980), los más destacados representantes del expresionismo austríaco. Ambos tuvieron la oportunidad de exponer sus obras en 1908 y en 1909 bajo el patrocinio de Gustav Klimt en la Feria de Arte de Viena. Un poco antes, en 1907, Piccasso pintaba en París las Demoiselles d´Avignon, considerada la obra fundante del cubismo, una de las pocas corrientes modernas que no surgieron ni pasaron por la Viena de fin de siglo.
Después de esta fecunda primavera vienesa sobrevendrá, con la Primera Guerra Mundial (1914-1918), el desmoronamiento de esa cultura y de toda la riqueza estética que allí había florecido a principios de siglo XX. Así, aquella Viena del Fin de Siglo quedó anclada en la memoria de los supervivientes y de las generaciones posteriores como símbolo del ocaso de una brillante cultura europea.
Estas ideas expresadas en homenaje al aniversario de la muerte de Sigmund Freud se encuentra desarrolladas en el libro de su autoría Freud y la Literatura (2016) de Editorial Paidós.
* Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta.