El comedor "Niños de Dios" en crisis: llevan cuatro semanas sin poder alimentar a familias
El comedor y merendero "Niños de Dios", ubicado en El Algarrobal, Las Heras, está atravesando una de las crisis más profundas desde su creación hace ocho años. Juan Villegas, encargado del comedor, expresó su angustia ante la imposibilidad de seguir brindando asistencia alimentaria a las 180 familias que dependen de este apoyo. Después de semanas sin recibir ayuda suficiente, las puertas del comedor permanecen cerradas por cuarta semana consecutiva.
"Estamos viviendo una semana más de agonía y sufrimiento", expresó Villegas, muy afectado por la situación. "Nos es muy, muy difícil poder llenar las ollas con alimento para entregarle a las familias". El comedor ha sido un punto de apoyo crucial para muchas personas, pero la falta de recursos está impidiendo que continúe con su labor solidaria.
El último evento organizado por el comedor fue el 24 de agosto, cuando se celebró el Día del Niño. "Ese día fue el último en que pudimos ofrecer algo", recordó Villegas. Desde entonces, la falta de donaciones y apoyo llevó a la parálisis total de las actividades. El comedor solía abrir dos días a la semana, ofreciendo una merienda los martes y un almuerzo los viernes, pero las dificultades económicas han hecho imposible mantener ese ritmo.
"Son tres ollas las que cocinamos", explicó el encargado. "Recibíamos alrededor de 180 familias, pero hoy en día no tenemos ni siquiera harina para hacer tortitas o pan casero". El comedor no solo proveía alimentos a las familias durante el día, sino que en las noches acudían hasta mil personas en busca de algún tipo de ayuda, algo que ahora resulta imposible ofrecer.
Uno de los mayores problemas a los que se enfrenta el comedor es la falta de respuesta por parte del Estado. Según Villegas, el comedor solía recibir módulos alimentarios mensuales por parte de la Dirección de Contingencias de la provincia, con entre 12 y 14 productos esenciales, pero desde hace más de dos meses que no reciben ninguna ayuda. "Mandé una nota a contingencias pidiendo ayuda para las familias que necesitan techos, sobre todo después de las últimas lluvias, pero no he tenido respuesta", comentó con frustración.
El esfuerzo por mantener las puertas abiertas ha sido incansable, pero el pedido de ayuda a las autoridades no ha rendido frutos. Villegas detalla cómo, tras una visita reciente a las oficinas de contingencias en Casa de Gobierno, salió "angustiado y enojado" por la falta de una solución clara. "Sentí como que se nos burlaron nuevamente en la cara", declaró con impotencia ante la situación.
La posibilidad de cerrar las puertas de manera definitiva es una realidad que parece más cercana cada día. "Lamentablemente, si seguimos así, no nos va a quedar otra opción que cerrar", reconoció Villegas con tristeza. Después de ocho años de trabajo continuo, este espacio comunitario que ha sido de ayuda para tantas familias se encuentra al borde del colapso. "No queremos llegar al punto de cerrar nuestras puertas, pero lamentablemente no nos va a quedar otra”, concluyó.
Llamado a la solidaridad
Ante la falta de respuestas por parte del Estado, el comedor "Niños de Dios" hace un llamado urgente a la solidaridad de la comunidad mendocina. "Realmente recurrimos a los mendocinos para que nos puedan dar una ayuda para seguir asistiendo a las familias", dice Villegas con la esperanza de que la ciudadanía pueda ofrecer algún tipo de apoyo.
Cualquier donación puede marcar la diferencia para evitar que el comedor cierre definitivamente sus puertas. Las donaciones pueden realizarse a través del alias comedor.dedios.mp.

Se necesita el apoyo de todos para evitar que el comedor "Niños de Dios" deje de existir, y con él, la esperanza de tantas familias que dependen de su labor.
El caso del comedor "Niños de Dios" refleja una situación que enfrentan muchas organizaciones sociales en el país: la falta de recursos, el desamparo estatal y la creciente necesidad de asistencia social en un contexto económico muy complicado. El cierre de este comedor no solo significaría un golpe devastador para las familias que dependen de él, sino también un grave retroceso en los esfuerzos realizados para aliviar las dificultades de quienes más lo necesitan.
