Crisis poblacional: por qué los argentinos están en peligro de extinción
Nuestro país tiene una densidad poblacional de 16 habitantes por kilómetro cuadrado. Se encuentra entre los veinticinco países más despoblados del planeta. Ciertamente, no se puede negar, que la distribución demográfica es despareja, pero como bien dicen “la estadística es esa ciencia que afirma que cada uno comió un pollo cuando uno comió dos y otro ninguno”. La realidad es que el país de variados climas y exuberantes recursos naturales está casi vacío.
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La crisis de natalidad en Argentina no es ideológica, es económica
Según los resultados definitivos arrojados por el censo 2022, el promedio de hijos por mujer es de 1,4, bastante menos de la tasa de recambio demográfico que se necesita para que una población reemplace a la generación anterior y mantenga su tamaño, sin migración. Sencillamente, a este paso, los argentinos estamos en peligro de extinción.
¿A qué se debe? Una respuesta precisa se extendería mucho más de lo que admite esta breve columna. Los factores son variados: desde cuestiones sociopolíticas y culturales hasta estrictamente personales, pero sin duda, las teorías que promueven la limitación de los hijos ejercieron su influencia subrepticia y el acceso indiscriscriminado a anticonceptivos desde temprana edad y la legalización del aborto establecieron las herramientas.
Desde que Thomas Malthus auguró que si la población continuaba creciendo la especie humana moriría por hambrunas, el antinatalismo encontró distintas formas de manifestarse: la masificación de la anticoncepción como una forma de disfrutar del sexo libre sin caer en “las redes de la maternidad ”; la idea de que tener pocos hijos, bien planificados es requisito para ser considerados padres responsables y cuidadosos; los deseos de viajar y sumergirse en otras culturas para vivir experiencias apasionantes que suelen ser incompatibles con la vida familiar y la búsqueda de progreso económico y profesional como prioridad en el proyecto de vida, entre otras. Además, la postergación de la maternidad y la paternidad llevó a que quizás lo posible sea un hijo único.
En los últimos tiempos el antinatalismo vino de la mano del ecologismo. En un artículo publicado en 2017, Seth Wynes y Kimberly A Nicholas afirmaron que para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, una de las acciones de alto impacto es no tener hijos o tener uno menos. Obviamente el Estado no debería inmiscuirse en la decisión personalísima de las parejas de tener o no descendencia, pero sí de crear las condiciones para que las familias puedan crecer y desarrollarse.
Recordar el informe Nixon desclasificado en 1990 que nos hablaba de intereses geopolíticos para detener los nacimientos nos hace pensar que quizás todas estas tendencias tengan que ver con recrear un mundo con riquezas para que solo unos pocos privilegiados puedan disfrutarlas. Quizás ese sea uno de los "misterios" que sigue alentando, en un país despoblado, políticas antinatalistas.
* Myriam Mitrece de Ialorenzi, Dra. en Psicología Social y fue Directora del Instituto para el Matrimonio y la Familia de la Universidad Católica Argentina.

