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Dolor: psicoanálisis, medicina y nuevas tecnologías

En próximos días se llevara a cabo en la Facultad de Medicina de la UBA, un encuentro con profesionales de la salud mental para hablar del tema del dolor en nuestra vida.

El 20 y 21 de septiembre en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires se reúnen Médicos Psiquiatras, Neurólogos, Psicoanalistas y Psicólogos para juntos tratar el tema del dolor y su manejo en la clínica. La actividad se llevará a cabo en el Salón del Consejo del Decanato (Paraguay 2155. Primer Piso). No existe una forma de medición objetiva del dolor. El dolor agudo requiere una evaluación constante  y frecuente como parte de la atención clínica. El dolor crónico merece una evaluación atenta para garantizar un tratamiento posible.

En El nacimiento de la clínica Michel Foucault examina el desarrollo de la observación médica y de sus métodos durante medio siglo. Por ello el subtítulo es “Una arqueología de la mirada médica”; aquí el concepto de clínica está tomado en el ámbito de la medicina para indicar cómo el cambio de discurso determina la modificación de la experiencia clínica. El campo del cuerpo inicialmente subsistió como entregado a la muerte. El cadáver que permitía el estudio de la anatomía clásica, buscaba obsesivamente la perfección en un dibujo, en el detalle que develaba ese objeto de estudio. Cuerpo como objeto, sin alma, descarnado, desvitalizado, sin dolor. Dolor indispensable  para saber del ser vivo. Del alma que padece y que expresa su padecer. 

El dolor crónico merece una evaluación atenta para garantizar un tratamiento posible.

Jean-Paul Sartre expresaba que no hay más que la verdad del dolor y que esa verdad es el dolor mismo. No es un juego de palabras. Todo lo contrario. Es lo verdadero de un sujeto que piensa, que ama, que sufre, que nace y muere. No es que la medicina  excluyera al dolor de su ciencia, sino que la clasificaba, la ordenaba en entidades nosológicas, clasificatorias. Una medicina descriptiva en signos, síndromes y síntomas. Diferencias esenciales para arribar a un diagnóstico posible, un pronóstico probable y un tratamiento a indicar. Y que además permite lo mensurable. El método que permite tipificar pero mantener todo en orden. Pero tal condensación no alcanza. Existe algo en esta lógica que se escapa a una ciencia que pretende ser exacta. 

Con el progreso tecnológico y la aplicación de la Inteligencia Artificial se llega a establecer nuevos rumbos y continuas aspiraciones. Resultado: mayor rigor científico, aumento de la credibilidad, objetividad aséptica. Sin embargo, insisto, algo se escapa. Y generalmente, esto se hace evidente cuando la medicina entra en el terreno de las enfermedades mentales.

Aún con los aportes de Sigmund Freud, Watson y Skinner, las experimentaciones que se realizaban en este campo tenían resultados poco efectivos y demasiado mortificantes para el sujeto. Es el caso de Ladislaus Joseph von Meduna, quien empleaba un tratamiento de shock utilizando alcanfor, el cual con frecuencia producía convulsiones de tal violencia que los enfermos sufrían  numerosas fracturas a consecuencia de ellas. 

No hay más que la verdad del dolor y que esa verdad es el dolor mismo.

En 1938, el psiquiatra italiano Ugo Cerletti aplicaba shocks eléctricos  para lograr conseguir  algún tipo de mejora. A finales de 1930 y durante los años 40, el neuropsiquiatra  portugués Egas Moniz, impresionado por la desaparición de la agresividad en animales cuyos lóbulos cerebrales frontales habían sido eliminados, realizó en 1935, la primera lobotomía en un paciente humano. Este procedimiento se seguía utilizando en aquellos casos de enfermos que no respondían a otros tratamientos de electroshock. 

Aunque Moniz ganó el premio Nobel en 1949, por haber desarrollado este nuevo tipo de cirugía, estas operaciones, al ser irreversibles, eran consideradas al menos tan negativas como el mismo desequilibrio mental curado, eran totalmente cruentas y obtenían como resultado un sujeto en un estado cuasi-vegetativo.

En 1640, el filósofo francés Descartes estableció el concepto de "vía dolorosa: una línea directa entre la piel (lugar donde se aplica el estímulo doloroso) y el cerebro (zona donde se percibe el dolor), comparando, además, este sistema con la forma de hacer sonar las campanas de una iglesia.: "Al tirar de un extremo de la cuerda, simultáneamente se consigue hacer sonar una campana en el otro extremo de la misma" .

Con el transcurso de los siglos, la teoría de Descartes fue ganando credibilidad. Entre 1894 y 1895, el físico alemán Max von Frey realizó una serie de experimentos. Primero seleccionó los puntos corporales más sensibles al frío y al calor. Después, colocando una aguja sobre una goma y ajustando la presión para poder ir pinchando, elaboró un mapa corporal, en el que marcó los "puntos del dolor". Con otra serie, estudió los "puntos de contacto" como así también el tema de los receptores.

"Al tirar de un extremo de la cuerda, simultáneamente se consigue hacer sonar una campana en el otro extremo de la misma" .

De esta manera fue determinando que la magnitud de la sensación del dolor depende de múltiples factores. Por ejemplo, en ocasiones, las personas que poseen una extremidad amputada sufren de dolor en su "miembro fantasma" el cual, como es evidente, carece de receptores nerviosos del dolor.

Desde el concepto de la vía dolorosa al del miembro fantasma hay un arribo de Sigmund Freud en su  Manuscrito G. donde el dolor es un recogimiento dentro de lo psíquico; en el Proyecto de psicología para neurólogos  lo ubica en el sistema Q; luego, el dolor relacionado como violentos efectos de descarga subrayando el carácter impreciso de argumentos inconscientes en Más allá del principio del placer y finalmente, la aparición del dolor, relacionado con la angustia y el duelo en Inhibición, síntoma y angustia  en donde define que "El dolor es la genuina reacción frente a la pérdida de objeto". 

 La verdad del dolor es el dolor mismo. La Ciencia que analiza ese dolor psíquico, el psicoanálisis, es justamente aquella implica desatar, desanudar, resolver, disolver, desembrollar ¿Puede un dolor ser petrificado? ¿Qué significa esto? Es la mitología griega que habla de ello. Dafne fue uno de los fracasos amorosos de Apolo, porque cuando el dios trató de seducirla, Dafne huyó. A punto de ser alcanzada, interviene su padre (Tiresias) quien la transforma en un árbol de laurel (planta a la que alude su nombre). Piensen que Dafne no sale victoriosa. Piensen en el dolor de aquella transformación. Piensen como Dafne al huir de Apolo encuentra su destino en Otro (recordamos que la madre de Dafne es la Tierra). Raíces atrapadas en la Tierra, que se encargarán eternamente de nutrirla.  

¿Y  en toda esta argumentación, dónde ubicar al psicoanálisis? ¿Qué nos enseña sobre el dolor? ¿Cómo lo enseña? ¿Qué esperar? Cada instante de vida se manifiesta  desde un malestar que resulta característica de lo viviente, similar a la dificultad que todos los neuróticos tenemos y que pueden ser tramitados por  la confesión de nuestras fantasías. Son ellas que no soportan la revelación y la elaboración de la palabra que resulta uno de los puntos de vista principales de la práctica clínica psicoanalítica.

Carlos-Gustavo Motta.

* Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta. Neuromodulación se realiza el 20 y 21 de septiembre en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Salón del Consejo del Decanato. Paraguay 2155. Primer Piso (CABA), Con la participación del Dr. Carlos. Gustavo Motta en Comunicación Preliminar del Dolor. Entrada Libre y Gratuita