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La culpa no la tiene el perro: un problema de convivencia y salud pública

La bióloga Daniela Rodríguez analizó la problemática de los perros de vida libre en el Pedemonte y el área metropolitana, subrayando la necesidad de cambiar la relación entre personas y animales.
Foto: Efe.
Foto: Efe.

La investigadora del Conicet, Daniela Rodríguez abordó en MDZ Radio 105.5 FM la problemática de los perros de vida libre que llegan al Pedemonte desde el Gran Mendoza, haciendo hincapié en los desafíos que esto representa tanto en zonas urbanas como rurales. Rodríguez, licenciada en Biología y doctora por la Universidad del Comahue, forma parte del Instituto Argentino de Investigación de las Zonas Áridas, y desde el año 2018 ha estado estudiando este fenómeno en la provincia. 

Según la investigadora, el interés por la investigación comenzó a raíz de las observaciones realizadas en la zona del Pedemonte: “Esto arranca por el año 2018 a partir de registros de unas entrevistas que hicieron colegas nuestras del Instituto en la zona del Pedemonte, donde los pobladores locales comentaban que veían que los perros de la ciudad subían por la montaña, empezaban a formar jaurías y a atacar el ganado de los productores”, relató Rodríguez.

El concepto de "perros de vida libre" abarca una diversidad de animales que utilizan el espacio público sin restricción, independientemente de si tienen dueño o no. La investigadora explicó que este grupo incluye a "perros callejeros, aquellos comunitarios que son alimentados y cuidados por vecinos sin ser propiedad exclusiva de una persona, y los perros con dueños que se les permite moverse libremente por el espacio público". Según Rodríguez, esta categorización revela una complejidad en el manejo de estos animales, ya que no siempre es posible identificar claramente la responsabilidad de los propietarios. "Los perros de vida libre son todos aquellos que usan libremente el espacio público. O sea, que pueden habitar sin ningún tipo de restricción el espacio público", explicó la bióloga, subrayando que incluso los perros domésticos pueden ser considerados de vida libre si se les permite moverse sin correa.

El relevamiento realizado por Rodríguez y su equipo en el Gran Mendoza reveló cifras preocupantes. En dos períodos de monitoreo en otoño y primavera, lograron identificar aproximadamente 2600 perros, cubriendo solo el 40% del área metropolitana. “Hemos registrado en un relevamiento que hicimos el año pasado unos 2600 perros en otoño y otros 2600 en primavera. Sabemos que hay unos 10 o 15 que son los mismos porque a cada uno de los animales los tenemos fotografiados”, señaló Rodríguez. Esta información, según la experta, permitirá a largo plazo comprender mejor las dinámicas de estos animales en diferentes regiones.

En zonas urbanas aparecen problemas como atropellos, mordeduras e incluso ataques mortales. Mientras que en áreas rurales como el Pedemonte, el impacto se manifiesta en la biodiversidad y la ganadería. La transmisión de enfermedades entre perros y fauna silvestre es uno de los puntos críticos. “En el Pedemonte hemos encontrado zorros con sarna, que es una enfermedad que no deberían tener en la fauna silvestre. La sarna se transmite de un zorro a otro y después tenemos un problemón para la conservación de la biodiversidad”, advirtió Rodríguez, subrayando la necesidad de abordar estas cuestiones de manera diferenciada según el contexto.

Si bien en el pasado existía un control más riguroso, hoy en día la tenencia responsable es vista como una solución más humana y ética. La investigadora enfatizó que "como sociedad hemos cambiado la forma en que nos sentimos en relación a los animales de compañía. Hace 40 años atrás, que existiera una perrera era algo que estaba bien visto. Hoy eso nos interpela, nos parece una crueldad absoluta”, reflexionó Rodríguez.

Un aspecto crucial en la investigación de Rodríguez es la vinculación entre los perros de vida libre y la salud pública. En este sentido, la investigadora recordó la reciente pandemia de COVID-19: “La pandemia surge a partir de una zoonosis. A partir de un animal que se pone en contacto con el humano estuvimos casi un año encerrados por no cuidar la forma en que nos vinculamos con la naturaleza”, advirtió Rodríguez y enfatizó la importancia de prevenir crisis sanitarias.

Finalmente destacó que la solución no pasa por responsabilizar a los perros, sino por cambiar la forma en que las personas se relacionan con ellos. Rodríguez señaló: “La idea no es ir atrás de la persona que está detrás de ese perro de vida libre, sino tratar de que podamos entender que la culpa no la tiene el perro. Los responsables de la situación que se están generando en la provincia somos nosotros mismos”.

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