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Hallazgo revolucionario: el reloj biológico del cerebro humano es más plástico de lo que se pensaba

El mal funcionamiento del reloj biológico está asociado con una variedad de problemas de salud, desde insomnio y depresión hasta diabetes y deterioro cognitivo.

Un grupo internacional de científicos, liderado por el cronobiólogo argentino Horacio de la Iglesia, de la Universidad de Washington, reveló un descubrimiento sorprendente sobre la plasticidad del cerebro adulto en mamíferos.

A través de estudios realizados en ratones, los investigadores comprobaron que las neuronas del reloj biológico central, ubicadas en el núcleo supraquiasmático del hipotálamo, experimentan cambios estructurales significativos a lo largo del día. Este fenómeno, previamente observado solo en las moscas de la fruta, demuestra que las neuronas del cerebro adulto poseen una capacidad de remodelación estructural mucho mayor de lo que se pensaba.

Este hallazgo, publicado en la revista Current Biology, sugiere que la habilidad de las neuronas para expandirse y retraerse según un ciclo de 24 horas es una propiedad esencial de los relojes circadianos centrales.

Fernanda Ceriani, investigadora del Conicet, jefa del Laboratorio de Genética del Comportamiento de la Fundación Instituto Leloir, y miembro del equipo de investigación, destacó la importancia de esta plasticidad, subrayando su relevancia para la comprensión de cómo el cerebro organiza funciones básicas como el sueño, el metabolismo y la liberación de hormonas.

Neuronas pre y postsinápticas visualizadas con diferentes emisiones fluorescentes en el núcleo supraquiasmático del ratón. En verde, los contactos entre ellas. (Foto: Conicet)

Este descubrimiento podría tener implicaciones significativas en la salud humana, ya que el mal funcionamiento del reloj biológico está asociado con una variedad de problemas de salud, desde insomnio y depresión hasta diabetes y deterioro cognitivo.

“El hecho de que las neuronas en cualquier circuito del cerebro tengan ritmos de 24 horas de expansión y retracción de sus fibras es totalmente inesperado e intrigante. El descubrimiento de que esto efectivamente ocurre surgió del laboratorio de Fernanda Ceriani en la Fundación Instituto Leloir hace más de 15 años”, reconoce De la Iglesia, que en base a eso se propuso evaluar qué ocurría en un mamífero.