Jorge Luis Borges: el lector y escritor que se puso de pie ante el peronismo
A lo largo de sus 86 años, Jorge Luis Borges dejó claro en cada oportunidad que tuvo, desde sus entrevistas hasta sus escritos más personales, que el Estado no era más que una “inconcebible abstracción”, un monstruo que amenazaba con devorar la autonomía del individuo. Vale destacar que no solo es recordado por su brillantez en las letras, sino también por su férrea defensa de la libertad individual y su desdén hacia cualquier forma de tiranía estatal
La semilla de este pensamiento fue plantada en su juventud, cuando su padre, Jorge Guillermo Borges, le introdujo a las ideas del filósofo británico Herbert Spencer, un pensador liberal anarquista que marcó profundamente la filosofía política de Borges. Spencer, conocido por obras como *Estática Social* y *El hombre contra el Estado*, veía en el Estado una entidad coercitiva y destructora de la libertad individual, una visión que Borges adoptó con fervor.
Borges también fue un enemigo declarado de cualquier forma de gobierno que pretendiera imponer su voluntad sobre los individuos. En "Otras inquisiciones", Borges escribe con contundencia sobre “la gradual intromisión del Estado en los actos del individuo”, denunciando cómo esta invasión se ha convertido en el “problema más urgente de nuestra época”. A sus ojos, la idea de un gobierno que interfiera en la vida privada de las personas era una aberración que debía ser combatida.
Durante la década de 1950, en pleno auge del peronismo en Argentina, Borges no se mantuvo callado. Mientras otros intelectuales sucumbían a la tentación del poder, se alzó como un baluarte de la resistencia individualista. Su ensayo *Nuestro pobre individualismo* fue una clara muestra de estos ideales. Allí critica la falta de identificación de los argentinos con el Estado, afirmando que “los gobiernos suelen ser pésimos” y que el Estado no es más que una construcción abstracta que solo trae miseria y opresión.
En pleno auge del peronismo, Borges no se mantuvo callado
En 1975, Borges publicó el cuento *Utopía de un hombre que está cansado*, donde imagina un futuro en el que los gobiernos han caído en desuso y nadie en el planeta acata sus órdenes. En este relato, los políticos se ven obligados a buscar oficios honestos, pues ya nadie se deja engañar por sus promesas vacías. Esta visión utópica de un mundo sin gobiernos refleja el anhelo de Borges por una sociedad donde la libertad individual prevalezca sobre cualquier forma de autoridad.
Foto: Archivo MDZ.
Borges también fue un crítico implacable del comunismo y el nacionalismo, dos ideologías que, en su opinión, subordinaban al individuo a los intereses del Estado o de la nación. En una entrevista, afirmó: “Me han enseñado a pensar que el individuo debe ser fuerte y el Estado débil”. Incluso en su poesía, Borges no dejó de lado su crítica al nacionalismo. En su poema "Juan López y John Ward", incluido en su último libro *Los conjurados*, Borges narra la trágica historia de dos hombres que, a pesar de compartir intereses comunes, se ven enfrentados en una guerra absurda por culpa del nacionalismo. Este poema es una condena despiadada del patrioterismo y una defensa apasionada del individualismo.
Borges no dejó de lado su crítica al nacionalismo
Su combate también traspasó fronteras. Ya fuera el peronismo en Argentina, el comunismo en la Unión Soviética o el nacionalismo rampante de su tiempo, Borges nunca dejó de insistir. Como él mismo dijo: “Yo nunca he sido un hombre oficial; yo nunca me he visto en función del Estado (…) Sigo siendo discípulo de Spencer: no digamos el individuo contra el Estado, pero el individuo sin el Estado, o con un mínimo de Estado”.
Borges no solo fue un gigante de la literatura, sino también un faro de libertad en un siglo plagado de tiranías. Su obra es un testimonio de su inquebrantable fe en el individuo y su rechazo absoluto a cualquier forma de opresión. En un mundo donde el Estado amenaza con absorberlo todo, las palabras de Borges resuenan con más fuerza que nunca, recordándonos que la verdadera libertad reside en el individuo, y que el Estado, en el mejor de los casos, debería ser solo un espectador en la vida de los hombres.
Enemigo del Estado, defensor incansable de la libertad individual, su figura sigue inspirando a aquellos que creen que el individuo es, y siempre será, más importante que cualquier gobierno o institución. Su legado literario y político perdurará como un recordatorio de que, en la lucha por la libertad, el individuo debe ser siempre la prioridad.

* Jeremías Rucci, Project Manager de la Fundación Internacional Bases

