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Julio Cortázar: tres microrrelatos de lo cotidiano a lo fantástico

Julio Cortázar, además de escribir Rayuela, una de las novelas más famosas de la literatura argentina, es conocido por sus cuentos y relatos breves.
Julio Cortázar tiene libros de cuentos reconocidos como clásicos de la literatura argentina como Bestiario o Todos los fuegos, el fuego. Foto: Archivo MDZ
Julio Cortázar tiene libros de cuentos reconocidos como clásicos de la literatura argentina como Bestiario o Todos los fuegos, el fuego. Foto: Archivo MDZ

Se cumplen 110 años del nacimiento de Julio Cortázar  y qué mejor manera para homenajearlo que leerlo y recomendarlo. Cómo su lista de cuentos breves es enorme, se eligió un tema particular que une a estos tres microrrelatos: la magia en lo cotidiano.

Desde Gabriel García Márquez, la literatura latinoamericana es reconocida por el realismo mágico, un género que introduce elementos fantásticos en historias que podrían ser reales o fueron inspiradas en hechos reales como Crónica de una muerte anunciada. Julio Cortázar también fue un impulsor de esta unidad entre lo cotidiano y lo mágico.

A continuación, vas a poder leer tres microrrelatos que dan cuenta de cómo Cortázar utiliza hechos de todos los días, para contar historias extraordinarias con maestría y genialidad.

Discurso del Oso

Soy el oso de los caños de la casa, subo por los caños en las horas de silencio, los tubos de agua caliente, de la calefacción, del aire fresco, voy por los tubos de departamento en departamento y soy el oso que va por los caños.

Creo que me estiman porque mi pelo mantiene limpios los conductos, incesantemente corro por los tubos y nada me gusta más que pasar de piso en piso resbalando por los caños. A veces saco una pata por la canilla y la muchacha del tercero grita que se ha quemado, o gruño a la altura del horno del segundo y la cocinera Guillermina se queja de que el aire tira mal. De noche ando callado y es cuando más ligero ando, me asomo al techo por la chimenea para ver si la luna baila arriba, y me dejo resbalar como el viento hasta las calderas del sótano. Y en verano nado de noche en la cisterna picoteada de estrellas, me lavo la cara primero con una mano después con la otra después con las dos juntas, Y eso me produce una grandísima alegría.

En el barrio porteño de Rawson, escribió uno de sus cuentos más célebres: Casa Tomada.
En el barrio porteño de Rawson, escribió uno de sus cuentos más célebres: Casa Tomada.

Entonces resbalo por todos los caños de la casa gruñendo contento, y los matrimonios se agitan en sus camas y deploran la instalación de las tuberías Algunos encienden la luz y escriben un papelito para acordarse de protestar cuando vean al portero. Yo busco la canilla que siempre queda abierta en algún piso, por allí saco la nariz y miro la oscuridad de las habitaciones donde viven esos seres que no pueden andar por los caños, y les tengo algo de lástima al verlos tan torpes y grandes, al oír cómo roncan y sueñan en voz alta, y están tan solos. Cuando de mañana se lavan la cara, les acaricio las mejillas, les lamo la nariz y me voy, vagamente seguro de haber hecho bien.

Historia verídica

A un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con las baldosas. El señor se agacha muy afligido porque los cristales de anteojos cuestan muy caros, pero descubre con asombro que por milagro no se le han roto.

Ahora este señor se siente profundamente agradecido, y comprende que lo ocurrido vale por una advertencia amistosa, de modo que se encamina a una casa de óptica y adquiere en seguida un estuche de cuero almohadillado doble protección, a fin de curarse en salud. Una hora más tarde se le cae el estuche, y al agacharse sin mayor inquietud descubre que los anteojos se han hecho polvo. A este señor le lleva un rato comprender que los designios de la Providencia son inescrutables, y que en realidad el milagro ha ocurrido ahora.

Mirá el video en el que se visita la casa de Julio Cortázar y Jorge Luis Borges

Instrucciones para dar cuerda a un reloj

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan. ¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.