Un libro es el mejor medio de transporte: te lleva muy lejos
En todo proyecto educativo que se precie, incluimos las actividades de extensión bibliotecaria y de promoción de la lectura.
Te puede interesar
3 libros que todo amante del drama debería leer
¿Y por qué necesitaría “promoción” una actividad tan placentera y edificante como leer?
Entre muchos otros motivos porque las nuevas generaciones se habituaron a que la literatura les viene presentada en forma de videos (películas y series), los textos explicativos en forma de tutoriales o de podcasts, las poesías en forma de canciones y así podríamos seguir enumerando propuestas que ocuparon el tiempo (y el lugar) de la lectura.
Te puede interesar
Amenaza de tiroteo en escuelas: el aprendizaje del "efecto"
Otro motivo que me parece importante señalar es que, en los hogares, han ido desapareciendo las bibliotecas (más por la falta de espacio que por razones económicas. A veces las familias se desprenden de libros heredados u obsequiados porque ya no hay donde guardarlos).
En los hogares, han ido desapareciendo las bibliotecas
Otra razón fundamental que atenta contra el hábito de la lectura es la falta de “modelos lectores”. Antiguamente era usual ver a las personas leyendo libros o publicaciones periódicas (en las plazas, en las casas, en los medios de transporte). Hoy, las publicaciones digitales han reemplazado en gran número a las de soporte en papel y los niños no ven a un adulto leyendo sino mirando un dispositivo.
En fin, el análisis de situación es mucho más profundo y complejo que lo aquí esbozado; pero me sirve como introducción al por qué de la anécdota que, como una absoluta digresión en este medio, me permito compartirles hoy.
Los bibliotecarios escolares trabajamos mancomunadamente con los docentes de cada nivel para acercar a los alumnos a la lectura de libros. A lo largo de la escolarización los vamos instruyendo en la observación e identificación de los distintos elementos (portada, índice, paratextos, ilustraciones, etc.)hasta que algunos desarrollan un verdadero gusto por la lectura de determinados géneros y otros, al menos, conocen la existencia de este mundo apasionante.
Esta experiencia ocurrió hace unos cuantos años con un segundo o tercer grado bastante numeroso
Después de una clase acerca de los distintos materiales bibliográficos que podíamos encontrar en la biblioteca del colegio (enciclopedias, atlas, constituciones, Biblias, textos de estudio, novelas, cuentos, etc.) puse a disposición del grupo de alumnos, varios libros que había seleccionado previamente. Entre ellos incluí una “Enciclopedia de fútbol” en cinco tomos que había donado a principio de año una familia vecina al colegio.
Alguna de las nenas se acercó, la hojeó muy someramente y se fue al sector de los cuentos de princesas (las ilustraciones de Cenicienta, Blancanieves, Rapunzel, nunca fallan). Pero los varones… En su gran mayoría; ¡estaban absolutamente felices! Consultaban la M (había que buscar a Messi y a Maradona, por supuesto), mencionaban algún jugador o equipo preferido, miraban con detalle los colores de las camisetas.

Hasta que empecé a ver un movimiento “sospechoso”. Alguno de los chicos se llevó ambas manos a la boca para ocultar un gesto de asombro mezclado con una sonrisa pícara, alguno cerró bruscamente uno de los tomos de la enciclopedia (yo no había llegado a ver cuál era), otro corrió a buscar a su amigo que miraba un libro de dinosaurios y le susurró algo al oído; inmediatamente ese amigo se fue a mirar la enciclopedia.
Cuando me acerqué, intrigada, a observar el motivo de tanto alboroto preguntando qué pasaba; casi al unísono me respondieron: -“nada”(mientras sonreían y se codeaban con la inocencia propia de la edad). Pero llegué a ver cuál era el ejemplar que ocasionaba tal revuelo.

Finalizada la actividad, los acompañé hasta el aula y llegué a escuchar la palabra “doping” pronunciada en voz muy baja entre el grupo de varones.
Aún hoy tengo, casi en penitencia, en un rincón de la biblioteca, el tomo que en la página 53, con un desagradable dibujo (que pretendía ser caricaturesco), grafica el concepto de control antidoping en los partidos de fútbol.
Cada vez que comparto esta anécdota, después de las risas, se multiplican las sugerencias: -“retirá el tomo de la biblioteca”, “arrancá esa página”, pegále un papel blanco que oculte la ilustración”.
Mientras decido qué hacer con ese material, reflexiono que entre los “gajes del oficio” debo incorporar a la promoción de la lectura con los niños del primer ciclo de educación primaria.
¡Feliz día del lector para todos los amantes de esta noble actividad!
Les obsequio una nueva lista de “lecturas sugeridas”, tan ecléctica como la vida misma
- Teatro de Alejandro Casona (“Los árboles mueren de pie”, “Prohibido suicidarse en primavera”, “La dama del alba”).
- Poesía de Sor Juana Inés de la Cruz (“Hombres necios que acusáis”, “En que satisfaga un deseo”, “Al que ingrato me deja busca amante”, “Finjamos que soy feliz”, “Esta tarde, mi bien”).
- Literatura fantástica de Julio Cortázar (“Todos los fuegos el fuego”).
- Ensayo, poesía y aforismos del doctor Alberto Luján Musci (“Amistad. Páginas para el atardecer”).
- Espiritualidad del Padre Mamerto Menapace (“El paso y la espera”, “Sufrir pasa”, “Ansiedad y ancianidad”).
- Difusión del conocimiento (“La rana y el bambú” de Myriam Mitrece de Ialorenzi y Juan Pablo Ialorenzi, “Apaga el celular y enciende el cerebro” de Pablo Muñóz Iturrieta.
- Novela histórica (“Quo Vadis?” de Henry Sienkiewicz).
* Marisa Musci es bibliotecaria, docente y comunicadora.
Podes visitar su canal de YouTube haciendo click aquí.



