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Promo 1: la mejor opción en los cafés de Mendoza

Puede pensarse que en diferentes bares hay distintas propuestas para el desayuno. Aunque todo indicaría que la Promo 1 es igualitaria

Siempre que voy a un café, pido la Promo 1. Que no siempre se llama así, y mientras más moderno sea el recinto, más complicado es el nombre que le ponen; pero a los fines prácticos, en todos y en cada uno de los bares de Mendoza a los que he ido a desayunar, la persona que me toma el pedido entiende mi solicitud cuando, negándome a recibirle a la carta, simplemente le pido, como ahora mismo estoy haciendo: 

-La Promo 1, por favor.

Inmediatamente esa persona agarra nuevamente el menú entre sus manos, salvo en aquellos bares en los que poseen un sistema digital, al que se accede a través de la lectura de un código QR (tarea que tampoco realizo). Porque la Promo 1, con o sin QR, con o sin nombre adicional, siempre consiste en una taza grande de café con leche, con dos medialunas, intercambiables por dos tortitas mendocinas.

Por supuesto, la opción de este patalarrastra siempre es la de las tortitas por sobre las medialunas, prefiriendo en lo posible a las raspaditas antes que a las pinchadas; pero este último ya es un vicio que, de profundizar el concepto, me llevaría por una rama muy lateral del relato alejándome de la idea principal. Así es que, volviendo al tema en cuestión, es necesario declarar que con el pedido ya tomado y con la frente bien alta por haber obtenido lo que quería, me dedico a mirar la carta, a ver qué nombre le pusieron, y qué otras opciones pretendían, ingenuamente, darme para elegir en vez de la maravillosa Promo 1 que en este mismo momento están preparándome en la cocina del fondo.

Incluyen desde frutas tropicales imposibles de conseguir en la verdulería de la esquina  hasta productos trasandino como la palta. Foto: Freepick.

A medida que avanzo en la lectura de las demás promos, más me alegro de mi elección: hay allí supuestos desayunos extranjerizantes, que incluyen desde frutas tropicales imposibles de conseguir en la verdulería de la esquina hasta productos trasandinos como la palta, pretendiendo que ese vegetal, digno de una ensalada del siglo XXI, puede aparecer en un menú en pie de igualdad con las raspaditas. Admito algo que no me avergüenza: soy de confundir a la palta con el kiwi (sí, ya me han dicho que son diferentes, no es necesaria esa risa socarrona); pero para mí son dos productos que nunca consumí y que no pienso consumir, y que no existían en mi niñez, al menos en el interior de la provincia en donde pasé los primeros años de vida, por lo que confundirlos no me produce ningún tipo de problemas. En aquellos años el kiwi era un pajarito, que compartía con el “kiosko” y con el “kilo” el raro placer de ser las únicas palabras que empezaban con “K” en las láminas que adornaban las paredes del aula en la primaria. Algo parecido a lo que me ocurre con la palta y el kiwi me pasa también con Abel Pintos y Luciano Pereyra, pero a esos dos señores no solo los confundo, sino que además estoy convencido de que son la misma persona; de todos modos, como son también un producto que no consumo, no me resulta un problema en lo cotidiano ese supuesto error.

Volviendo al menú del barcito, observo que hay también opciones de supuestos desayunos denominados “americanos”: tal vez quienes escribieron esos menúes piensan que las tortitas mendocinas son africanas, si no, no se entiende el nombre. Todo indicaría que la confusión surge porque hay, al parecer, un subgrupo de humanos, no solo residentes de Estados Unidos, que se refieren a ese país del norte como “América”, suponiendo que el resto de los que habitamos en el continente somos no se qué cosa. En definitiva, que el denominado “desayuno americano” incluye elementos que al parecer comen por la mañana en aquellos lejanos lugares, por ejemplo, huevos revueltos y panceta. Pero a la panceta no le dicen panceta; dependiendo de si hablan el lenguaje de Miami o del resto de Estados Unidos, las cartas se refieren a ese conjunto de piel de chancho con grasa y alguito de carne, como “tocino” o “bacon”. Aunque al final (disculpen si le bajo el pedigree a la Promo 3) eso que acompaña a la “infusión” no es más que un cacho de huevo revuelto con panceta, de eso no tengo dudas.

El denominado "desayuno americano" incluye elementos que al parecer comen por la mañana en aquellos lejanos lugares. Foto: Freepick.

Ahora sí, y más allá de lo interesante que se estaba poniendo la lectura de la carta, finalmente me llegó el café con leche con las dos raspaditas, calentitas. Y mientras corto con la mano a la primera de ellas por aproximadamente la mitad, debo reconocerlo, me alegro profundamente de que haya personas que prefieran desayunar con palta o con panceta; es quizá gracias a sus decisiones equivocadas que nunca faltan tortitas en los cafés de Mendoza, permitiéndome abusar, una vez más, de esas harinas grasosas que probablemente incrementen mi riesgo cardíaco: como ayer, como mañana, como siempre, hasta que la muerte me separe.  

Pablo Gómez.

 

* Pablo R. Gómez, escritor autopercibido. 

IG: @prgmez