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Tocando el tema del tacto: el sentido que se siente

Es importante destacar la utilidad e indispensabilidad del tacto, ese sentido tan poco tenido en cuenta en la actualidad, pero que resulta fundamental para la vida cotidiana.

El tacto es para mí el principal de entre todos los sentidos, piedra fundamental de la vida misma, sin quizá andar exagerando demasiado.

El tacto es para mí el principal de entre todos los sentidos, piedra fundamental de la vida misma, sin quizá andar exagerando demasiado.

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Si hiciéramos un ranking de nuestros cinco sentidos, ponderando del más importante al que menos nos mueve la aguja, probablemente la mayoría de las personas los ordenaría de la siguiente manera: vista, oído, gusto, olfato, y tacto. Y es por este ordenamiento supuesto (que nunca vi en una encuesta pero que asumo como válido) que pretendo poner en valor en las siguientes líneas al tacto, el menos considerado de los sentidos, pero que es para mí el principal de entre todos ellos, piedra fundamental de la vida misma, sin quizá andar exagerando demasiado, y muy a pesar de mi ignorancia de las ciencias médicas y de la anatomía, que quizá tengan una opinión al respecto con argumentos más sólidos que los que pueda yo exponer.

Es que, aunque conozco a personas que carecen de alguno de los otros cuatro sentidos, no hay entre los seres de mi entorno cercano nadie que carezca de tacto, dejando así en evidencia la incapacidad humana de sobrevivir sin el mismo, o al menos, cerca mío. Y en este punto es necesario aclarar que me refiero literalmente a uno de los cinco sentidos que poseemos, y no a esa gente que (metafóricamente) puede decirse que tiene una incapacidad manifiesta para filtrar mínimamente las palabras que llegan a la punta de su lengua antes de decirlas; como si las mismas no fueran a afectar a quienes las escuchan: esos sí que corresponde decir que son homo sapiens con total falta de tacto.

Literatura 2
Al caminar, es este sentido el encargado de avisarnos que el pie llegó al piso, y nos ayuda a realizar la presión adecuada para no caernos y poder así avanzar hacia donde sea que estemos yendo.

Al caminar, es este sentido el encargado de avisarnos que el pie llegó al piso, y nos ayuda a realizar la presión adecuada para no caernos y poder así avanzar hacia donde sea que estemos yendo.

Pero volviendo al sentido que nos hace sentir (porque con la vista vemos, con el oído escuchamos…y así, hasta llegar a que, con el tacto, sentimos) es fundamental poner en valor la utilidad del mismo para los mamíferos, y sobre todo para el subgrupo que somos los seres humanos: es al sentir los retorcijones de un dolor de estómago (que es táctil al cien por cien) cuando acudimos a una consulta médica y escapamos de la úlcera; y es el dolor de muelas el que nos manda a la clínica odontológica en donde nos evitan una infección que podría llegar a destrozarnos la dentadura completa. Y es allí mismo, en el sillón de odontología, en donde nos ponen esa anestesia que, circunstancialmente y por tan solo un par de horas, nos quita el sentido del tacto en el entorno de la muela en tratamiento. ¿Y que nos ocurre en ese tiempo?: se nos cae la baba y nos mordemos el labio una y otra vez, solo para corroborar la utilidad del tacto, a través de las barbaridades que hacemos en su ausencia.

Al caminar, es este sentido el encargado de avisarnos que el pie llegó al piso, y nos ayuda a realizar la presión adecuada para no caernos y poder así avanzar, con un piecito después del otro, hacia donde sea que estemos yendo. Lo mismo ocurre con nuestras manos al agarrar un utensilio para comer, y del mismo modo me pasa mientras pulso las teclas de la computadora en este mismo momento: debo realizar una presión táctil lo suficientemente fuerte como para que la máquina capte la letra que quiero poner, pero no tanto como para que se destruya el teclado antes de llegar al final del escrito.

Literatura 3
Es al sentir los retorcijones de un dolor de estómago cuando acudimos a una consulta médica y escapamos de la úlcera.

Es al sentir los retorcijones de un dolor de estómago cuando acudimos a una consulta médica y escapamos de la úlcera.

Y como para ir terminando, me resulta necesario poner en evidencia la indispensabilidad del sentido del tacto en la supervivencia de la raza humana y del resto de los animales también; o al menos de muchos de ellos, pues mi ignorancia ya declarada de las ciencias que estudian a la anatomía me impide aseverar que esto ocurra a todos los seres no humanos. Pero al menos entre hombres y mujeres, es el placer que se nos transmite a todo el cuerpo cuando se andan tocando nuestras zonas pudendas, el que nos incita a realizar una y otra vez ese encuentro táctil que acaba (con perdón de la palabra) con la transmisión de los fluidos intercorporales que generan una nueva vida. Que si no fuera por el tacto, y el placer que el mismo nos genera al realizar “el acto”, nos extinguimos en una generación, de eso sí que no tengo dudas.

Brindo entonces por el tacto. Agarro con mi mano, con la fuerza exacta, una copa con buen vino mendocino, y la apoyo en mis táctiles labios. Puedo tener los ojos cerrados y el silencio ser total, prescindiendo así de la vista y el oído, tan sobrevalorados en estos audiovisuales tiempos. Puedo pedir, para la ocasión, el acompañamiento al gusto y al olfato quienes, siendo también habitualmente desplazados de las consideraciones generales, no van a tener inconvenientes en sumarse al brindis de los sentidos. Al menos, así lo siento yo. Salud.

* Pablo R. Gómez, escritor autopercibido.

IG: @prgmez