El oficio del duelo: los acompañantes en el umbral de la muerte
El filósofo Martín Heidegger planteó que hay que “ser para la muerte ”. Según el autor de Ser y Tiempo, vivir teniendo presente la propia finitud hace que cada instante de existencia tenga un valor único. Sin embargo, diferentes autores explican que la tradición y cultura occidental tienen un tabú con respecto al fin de la vida.
En su libro, “La historia de la muerte en occidente”, el historiador francés Phillipe Ariès planteó que a la muerte cotidiana en fosas comunes del medioevo, le sucedió una muerte individual renacentista, una dramática en el romanticismo del siglo XVIII y actualmente hay una muerte prohibida y silenciada. “La muerte reemplazó al sexo como el nuevo tabú”, sentenció Ariès.
Sabrina Durruty es acompañante tanatológica, tanto de personas que duelan a familiares, como a moribundos que se preparan para finalizar sus vidas. “Hice un seminario de tanatología asistencial, educacional y terapéutica y me especialicé en acompañamiento de duelo y de fin de vida”, explicó Sabrina en diálogo con MDZ.
“Intento ser un medio entre la familia y el moribundo. Es muy difícil poner palabra a lo que está pasando. Imaginate que una persona que está sabiendo que tiene un diagnóstico terminal está haciendo un duelo de sí mismo, un proceso de desapego de su vida terrenal y de su familia, de la persona que fue antes de su enfermedad, antes de el diagnóstico de su finitud”, describió Sabrina.
Además de la “escucha activa” y de la asistencia y ayuda a familiares y moribundos, Sabrina explicó: “Mi acompañamiento tiene que ver con la espiritualidad”. Sabrina contó que por lo general son los familiares los que acuden a un acompañante tanatológico. “Hay que tener en cuenta muchos factores. Si está en un hospicio, si está postrado, siempre el acompañamiento es presencial, a domicilio”, describió.
Además, la acompañante explicó las dificultades con las que se encuentra una familia al transitar la despedida de un ser querido: “A veces en el entorno de la familia hay mucho caos, con respecto al cuidado y la idea es que las personas pueden expresarse, el moribundo tiene poco espacio para expresar sus miedos, sus deseos y sus pendientes”.
El tanatólogo ayuda y asiste que son cosas distintas. La asistencia es ponerse a la par de la persona y la ayuda implica algún tipo de posición de poder en la que le resolvemos diferentes cuestiones. "No siempre se puede ayudar, a veces los moribundos quieren despedirse de alguien que vive muy lejos y no puede visitarlo o resolver pendientes que son difíciles. Sin embargo, ahí a través de la palabra se brinda un espacio para que el moribundo pueda gestionar eso que le pasa”, expresó.
Sabrina explicó que hay diferentes tipos de acompañamiento tanatológico. En su caso, además de brindar un espacio terapéutico de escucha, asistencia y ayuda, ofrece asistencia mediúmnica. “Mi acompañamiento es también espiritual. Desde esta perspectiva se concibe a la muerte como un paso hacia otro estadío de la existencia. Habitualmente se asocia al médium con quien se solo se comunica con los muertos. Sin embargo, hay diferentes tipos de mediumnidad. Por ejemplo, he sido médium entre una familia y una señora que no podía comunicarse, porque tenía un estado de Alzheimer muy avanzado, ya en el estadio final de su enfermedad”, explicó.
Por otro lado, Sabrina aclaró en El Faro, la asociación donde estudió acompañamiento tanatológico, se formó en el acompañamiento terapéutico que no incluye el elemento de asistencia mediúmnica. Sabrina explicó que en resumidas cuentas, el acompañamiento tanatológico es “incorporar la muerte a la vida”, con el objetivo de darle más armonía al proceso y quitarles los tabú que tiene la cultura occidental.