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La Independencia de 1816 y el Pacto de Mayo de 2024: dos convocatorias nacidas al amparo de discursos libertarios

No es menor destacar que en ambas convocatorias a Tucumán hubo ausencias notorias. En aquel 1816 la Declaración de la Independencia no contó con la rúbrica de todas las provincias.

Todas las miradas vuelven a posarse en Tucumán. Como hace 208 años, cuando la tierra natal de los indios calchaquíes y diaguitas, Monteagudo, Araoz de Lamadrid, Avellaneda, Roca, Alberdi, Álvarez Condarco, Benjamín Matienzo, Lola Mora, Ricardo Rojas, y más recientemente de Mercedes Sosa, Palito Ortega, Tomás Eloy Martínez, García Hamilton, Miguel Ángel Estrella y el arquitecto Pelli, se convirtió en el centro de atención del mundo político americano y europeo, porque las Provincias Unidas del Río de la Plata emitieron el Acta de Declaración de la Independencia, rompiendo los vínculos dependientes con la monarquía española. 

Hoy tras más de dos siglos, Tucumán vuelve a concentrar la atención ciudadana ante la firma del Pacto de Mayo de 2024, un Acta con pretendidos diez acuerdos básicos para el establecimiento de políticas de mediano y largo plazo que ambiciosamente se presentan desde el gobierno nacional con el objetivo sustancial de “sacar el país adelante”.

Mercedes Sosa

Generalmente solemos "recortar" la historia. Mostramos solamente la foto del día histórico, y se nos escapa de contexto el resto de la película. He aquí una comparación, siempre antojadiza, de ambos contextos, más allá del día puntual de la firma de las respectivas actas: la Declaración de 1816 y el actual Pacto de 2024.

Una primera mención sería destacar que ambas convocatorias nacieron al amparo de discursos libertarios. Ahora es necesario precisar que en 1816 el grito independentista surgió como una urgencia imprescindible para romper el yugo monárquico. Mientras que en 2024 dentro de un marco democrático y con plena vigencia de las instituciones, el importante hecho solo reforzará los legítimos planes de gestión de un gobierno que busca establecer una agenda de estado dejando atrás una etapa de décadas de evidente decadencia nacional.

No es menor destacar que en ambas convocatorias a Tucumán hubo ausencias notorias. En aquel 1816 la Declaración de la Independencia no contó con la rúbrica de todas las provincias. Sería importante recordar que las provincias del litoral mesopotámico no concurrieron a la rúbrica del Acta por encontrarse sumergidas en un conflicto interno con el gobierno central. Así fue como Corrientes, San Fe, Misiones y Entre Ríos no enviaron representantes al congreso que presidió Laprida. En esta oportunidad 2024 también serán notorias las ausencias. Varios gobernadores de provincias, legisladores de distintos bloques, expresidentes y jueces de la Suprema Corte se harán notar por su ausencia.

Casa histórica.

Una situación común tanto en 1816 como en 2024 fue las dificultades que presentó ponerse de acuerdo en dónde se llevaría a cabo el encuentro y las distintas circunstancias que retrasaron la reunión definitiva. Pasó claramente en 1816 hasta que la urgencia y la determinación política de San Martín terminó definiendo la coyuntura. Sucedió también tras aquella primera convocatoria del presidente Milei a firmar el pasado 25 de Mayo en Córdoba el pacto. Como es sabido, el tiempo que conllevó la sanción de la Ley Bases y el Paquete Fiscal dilataron la situación.

La representación de las provincias

Otra diferencia para continuar con este ejercicio comparativo será que en 1816 la representación provincial estuvo dado por congresales electos en cada una de sus provincias según los establecido por el Estatuto Provisional de 1815. En este 2024 la presencia provincial estará marcada por la directa representación de los gobernadores actuales de cada provincial. Aunque nadie podrá discutir el carácter federal de ambas convocatorias (ayer y hoy; y más allá de las presencias y ausencias). En 1816, la misma acta de declaración lo precisa cuando los congresales sostenían: “en el nombre y por la autoridad de los Pueblos que representamos”.

Algo relevante también para determinar las diferencias obvias entre ambos contextos será el tiempo de tratamiento y debate en cada convocatoria. Aquel congreso de 1816 empezó sus sesiones en marzo de 1816, llevando adelante en su estadía en Tucumán más de 230 reuniones donde se abocaron acaloradamente a la discusión central, o sea declarar la Independencia, pero también abordaron otras cuestiones de estado, pudiendo exhibir logros relevantes antes de aquel 9 de julio, como por ejemplo: demarcación de límites provinciales, el progresista tema de la distribución de recursos municipales para las provincias, la estimulación a fundar nuevas villas y pueblos, la organización y presupuesto para un nuevo ejército en Cuyo, la acuñación de una nueva moneda de curso legal, la creación de un sistema bancario (antecedente de un banco nacional), el diagrama de una red de caminos (antecedente vial de nuestras actuales rutas nacionales). En síntesis, se preocuparon por lo trascendente y por la coyuntural. Mientras que la actual convocatoria de 2024 está centrada en 10 puntos basados en ítems básicos que el Gobierno busca acordar para sentar las bases de su programa para los próximos años: inviolabilidad de la propiedad privada, equilibrio fiscal innegociable, reducción del gasto público, reforma tributaria que reduzca la presión impositiva, rediscusión de la coparticipación, avanzar en la explotación de los recursos naturales del país, una reforma laboral moderna que promueva el trabajo formal, reforma previsional que le dé sostenibilidad al sistema y respete a quienes aportaron y apertura al comercio internacional.

La educación, un compromiso de ambas actas

Un punto importante en ambos contextos fue el tema educativo. En 1816 estuvo presente a partir del postulado que estimulaba la creación de villas que debían contemplar la apertura de una escuela zonal. En 2024 tras arduas discusiones y presiones de distintos sectores afortunadamente se incorporó al Pacto el ítem de promover una educación inicial, primaria y secundaria útil y moderna, con alfabetización plena y sin abandono escolar. Recordemos que siempre: independencia, libertad y educación han sido herramientas conjuntas y poderosas para convertir al ciudadano en un tentativo "congresal" comprometido. Hoy, en pleno tiempo democrático ese principio constitucional cobra absoluta relevancia, pues la educación es un elemento sustancial que enriquece a la sociedad para que todos podamos ejercer el rol que como ciudadanos poseemos: todos somos potenciales “congresales”.

Javier Milei en la casa natal de Sarmiento en San Juan.

Algo muy loable, entre tantas notas, de aquel tiempo de 1816 fue el profundo criterio americanista de la Declaración de la Independencia. El texto resaltaba contundentemente: "Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud-América”, y si bien como lo expresamos, no estuvieron representadas todas las provincias, el grito de libertad se escuchó más allá de América. Por ende, la conmemoración del 9 de julio de 1816 representa un hecho profundamente nacional, pero irrefutablemente trascendente para el resto de América que repercutió en el mundo. He aquí una nota pendiente que podríamos determinar con la actual convocatoria de 2024; hasta contradictoria. En paralelo, y en base al actual contexto, el presidente Javier Milei decidió no concurrir al encuentro cumbre del Mercosur. El hecho demuestra claramente una deuda pendiente que aflorará constantemente en nuestra vida política, como es la generación de organismos potentes y legitimados que breguen por una responsable alianza continental entre los pueblos y los estados, y que a su vez pueda, por ejemplo, recuperar el espíritu fundacional del MERCOSUR de 1991. 

Acta de la Independencia.

Como nota de color final diremos que llegar a Tucumán dese Buenos Aires llevaba aproximadamente un mes y medio en carreta o en galera. Desde Cuyo un poco menos. El Congreso hasta que se trasladó a Buenos Aires el 4 de febrero de 1817 surcó 250 días hábiles, de los cuales sesionó en 239 oportunidades. Resaltemos que 60 de esas reuniones fueron secretas. Los sueldos mensuales de los congresales oscilaban en 90$. Aclaremos que la mayoría nunca cobraron y que debieron hacerse cargo de todos los gastos. En el Acta de Declaración de la Independencia de 1816, los congresales resaltaron hasta qué medida se brindarían por la patria: “(nos comprometemos) por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta voluntad, bajo el seguro y garantía de nuestras vidas, haberes y fama”. Cumplieron. No son solo un buen ejemplo para ponderar en un discurso. Son un buen ejemplo de imitar.