Día de la Independencia

El acuerdo de los 4 grandes para la Independencia de 1816: San Martín, Belgrano, Pueyrredón y Güemes

Nada hubiera sido posible si aquellos cuatro líderes no actuaban movilizados por el mismo objetivo.

Gustavo Capone
Gustavo Capone martes, 9 de julio de 2024 · 07:09 hs
El acuerdo de los 4 grandes para la Independencia de 1816: San Martín, Belgrano, Pueyrredón y Güemes
La Casa de la Independencia en la actualidad. Foto: Wikipedia

“La unión hace la fuerza”

No es una clásica expresión más. En 1816 ese trillado dicho popular centenario se convirtió en el mayor símbolo de la fortaleza patria que terminó consagrando la necesaria Independencia. Por ese tiempo, el imperio español había recuperado prácticamente la totalidad de sus posesiones en América. Todas, menos nuestra tierra argentina. En el medio de ese pésimo contexto externo se librará el debate y la lucha. Peor escenario no podría existir: Fernando VII había sido restablecido en el trono español; estaba derrotado Napoleón; formalizada la restauradora "Santa Alianza"; afianzados los portugueses en Brasil; los españoles habiendo sofocando los proyectos independentistas americanos surgidos de las luchas libertarias de Hidalgo y Morelos en México; aniquilada la intención independentista en la Banda Oriental; la campaña al Alto Perú tambaleante. Además, derrotadas las insurrecciones americanistas en Cartagena, Bogotá, Nueva Granada, Santiago y consolidada la elite aristocrática españolista en Lima.

“Contra vientos y mareas”

Solo Buenos Aires quedaba como la única ciudad capital de América que resistía al absolutismo. Mendoza, cuna del plan sanmartiniano, se convertía en la última esperanza para concretar la anhelada libertad americana. En el medio, la expectativa del congreso tucumano. Había más: un ejército de veteranos soldados profesionales españoles golpeaban las puertas del Alto Perú, una flota de expertos marinos europeos estaba por zarpar de Cádiz para atacar Buenos Aires y tras el triunfo español en la batalla de Rancagua (recuperación de Santiago mediante) los realistas en Chile se afianzaban para cruzar Los Andes y arremeter contra Mendoza.

“Las astillas del mismo palo”

Tan complejo como lo anterior, en el ámbito "doméstico" empezarán a subyacer algunas posturas internas que surcarán el conocido derrotero de la historia nacional (y como siempre, grietas profundas inundarán mezquinamente la vida argentina).

A las mal intencionadas dudas que generaba San Martín en algunos sectores del "establishment" porteño, se sumaba la ausencia de los diputados orientales influidos por Artiga que ponían en serio riesgo la Declaración de la Independencia. En ese contexto el rol de las provincias litoraleñas era importante ante la directa amenaza que implicaban las intenciones españolas buscando una alianza con los portugueses que dominaban Brasil. Desde ahí a Buenos Aires había solo un paso, por eso la importancia del frente oriental.

“Primero, lo primero”

La Declaración era una urgencia, pues el proceso emancipador iniciado en mayo de 1810 demandaba una forma republicana para poder decidir sobre un sistema político propio, un nuevo marco de alianzas en el plano de las relaciones internacionales y el establecimiento de un renovado sistema económico. Era imperioso restablecer la confianza revolucionaria que deambulaba entre la independencia y la anarquía. Además, San Martín necesitaba rápido "un documento" que le diera crédito (lo legitimara) ante la lucha, permitiendo el reconocimiento externo de las Provincias Unidas, herramienta imprescindible para que el General San Martín pudiera movilizar su ejército fuera de las fronteras de nuestro país. "En nombre de qué y de quiénes pelean; si siguen dependiendo del imperio que combaten. Cómo hacer la guerra al imperio español del cual todavía no se independizan"; podría ser un contundente argumento para reclamar la urgente Independencia.

“Hacer, lo que hay que hacer”

Nada hubiera sido posible si aquellos cuatro líderes no actuaban movilizados por el mismo objetivo. He ahí en Tucumán otra buena enseñanza para la historia y el presente argentino. Es el legado tucumano de 1816 a las generaciones futuras. Nada hubiera sido posible (lo reitero) para la conquista de esa causa política y popular como fue declarar la Independencia (que excedió virtuosa y claramente los límites de nuestra patria conmoviendo positivamente al mundo) sin la acción conjunta de San Martín, Pueyrredón, Belgrano y Güemes.

San Martín sacó “chapa” de lo que un líder político debe hacer. No solo empujó la declaración (la demora le haría perder la posibilidad de pasar la cordillera el verano inmediato, favoreciendo ese tiempo precioso los planes españoles) sino que condicionó desde la elección de diputados (sus “operadores políticos” en Tucumán, con un rol preponderante de Tomás Godoy Cruz) hasta la sanción de normas imprescindibles para los fines de la campaña. Entre varias, el presupuesto suficiente para “bancar” el ejército libertador. Pero además San Martín “operó” directamente para morigerar la influencia de Artigas en el norte y el litoral criollo, reticente en gran medida a sumarse a la causa por sus diferencias (sobre todo) con “los porteños”, llegando a cortar sus relaciones con las Provincias Unidas. En síntesis, San Martin compuso desde su llegada a Mendoza hasta el Congreso de Tucumán una obra maestra de alta ingeniería política.

En paralelo, Güemes será clave para que el Congreso pueda realizarse. En todo ese periodo el gobernador salteño al frente de sus gauchos (“los infernales”) construyó una inexpugnable barrera, vital para la causa independentista, conteniendo con fiereza a los españoles en la frontera norte. En tanto Belgrano, cargado de un indiscutido doble prestigio en Tucumán (como intelectual y soldado) ocupó un rol preponderante ante los diputados en la “cocina” del Congreso y logró asegurar militarmente con el ejército Auxiliar del Perú (el histórico Ejército del Norte, con acciones heroicas como las de Lamadrid llegando a Chuquisaca) el control del interior y Córdoba, rompiendo los planes realistas.

El papel de Pueyrredón también fue sustancial. Será elegido como congresal para Tucumán representando a San Luis y Director Supremo de las Provincias Unidas con el apoyo de San Martín, convirtiéndose en un garante de los intereses del plan continental sanmartiniano, además de brindar un gran apoyo económico y logístico a la gesta. Su leal respaldo político a la causa americanista fue determinante.

"Pocos fueron en nuestra historia los casos en que seres tan diferentes por su carácter, formación y hábitos conjugaron con tanta coherencia y decisión, sus esfuerzos en pos de una causa superior como la de la independencia sudamericana” (Miguel Ángel de Marco). “El acuerdo de José de San Martín, Manuel Belgrano, Juan Martín de Pueyrredón y Martín Miguel de Güemes, fue el basamento que permitió emprender la guerra decisiva para consolidar la declaración de la independencia” (Roberto Azaretto). Palabras más que autorizadas para corroborar el eje central de la presente nota y una arista casi nunca resaltada en el tratamiento de los discursos y referencias cotidianas sobre el 9 de julio de 1816.

“Soñar en grande”

Por último, una humilde invitación a releer con atención el Acta de la Declaración de la Independencia. El texto de Tucumán sostenía “Nos los Representantes de las Provincias Unidas en Sud América (rescatando el criterio americanista de la declaración) reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside el universo, en el nombre y por la autoridad de los Pueblos que representamos (concepto netamente federal. Habla de pueblos) (…) “comprometiéndonos (los congresales) al cumplimiento y sostén de esta su voluntad (ser independientes), bajo del seguro y garantía de (nuestras) vidas, haberes y fama”. En clara demostración del compromiso personal en pos del bien común.

Consideremos también que muchos de estos hombres tuvieron grandes fortunas y terminaron perdiendo todo en favor de la gesta americana. Se sintieron responsables y comprometidos, respondiendo a lo firmado con sus vidas y sus propios bienes. Muchos de ellos venían combatiendo desde niños y murieron en la flor de su vida activa como consecuencia de las luchas intestinas a los años de iniciado el proceso revolucionario. Además, respondieron poniendo en juego su prestigio. Todos eran hombres con enorme reconocimiento en sus pueblos. Trasparentes. Con aciertos y errores, discrepando o coincidiendo, pero que fueron patriotas honestos, comprometidos y tenaces, no lo podrá discutir nadie. Honraron su compromiso para lo que fueron elegidos con acciones concretas. Alcanzaron su objetivo e hicieron lo prometido. Cumplieron. Ejemplo no solo para ponderar. También para imitar.

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