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Amigos son los amigos: tres historias gloriosas

Tres historias de amistades que marcaron la vida y el desarrollo de la provincia de Mendoza. Hombres y mujeres que dejaron huella y por eso son recordados.
Foto: Archivo MDZ
Foto: Archivo MDZ

Amigos. En las buenas y en las malas. He aquí tres historias de amistades que marcaron a fuego la vida de Mendoza. Son imágenes trascendentes de mujeres y hombres que con su accionar conjunto, sustentado en la confianza mutua, objetivos claros y el afecto compartido, pudieron sobrellevar momentos muy complejos y, sobre todo, ayudaron (sin ser necesariamente mendocinos) a levantar una provincia. 

José de San Martín y José Antonio Álvarez Condarco

Álvarez Condarco ostentaba un simbólico y exclusivo título honorario. Distinción inmortal que trascenderá la amistad entre dos personas. Condarco fue el padrino de nacimiento de Merceditas. Por ende, “el compadre” que San Martín eligió cuando su sola hija nació en la calle Corrientes de Mendoza.

Paradójicamente, digresión mediante, diremos también que San Martín tuvo muchos ahijados, y fue padrino de casamiento en más de una boda. Pero en todas esas oportunidades siempre lo eligieron otros a él. Las familias perseguían la dichosa honorabilidad de contar a San Martín entre sus vínculos filiales. Se regocijaban. Se jactaban orgullosos de ser parientes de San Martín. La situación en ese momento fue distinta. Le tocó elegir a él cuando tuvo que bautizar a su hija. Esa situación fue única, y el Libertador eligió a Álvarez Condarco. 

José Antonio Álvarez Condarco.

Además, “el tucumano” Condarco no solo fue un destacado militar y un genio elaborando pólvora, fue principalmente el secretario privado de San Martín y su ayudante de campo en la batalla. En esencia, su hombre de confianza. Tres ejemplos puntuales demostrarán la absoluta afinidad entre ambos.

  1. Cuando hubo que comentar los avances y detalles del secreto plan continental sanmartiniano en Buenos Aires al Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón, en marco de la mayor confidencialidad, el intermediario fue Álvarez Condarco.
  2. Cuando hubo que disimular una acción de alto espionaje de guerra con el aparente rol de un simple mensajero ante el máximo jefe realista español en Chile (Casimiro Marcó del Pont) el elegido para la solapada tarea fue Álvarez Condarco. Su lealtad y extraordinarias dotes de cartógrafo para confeccionar mapas sobre los pasos cordilleranos fueron determinantes para una acción ultra reservada que a la postre sería estratégica y vital en el triunfo de Chacabuco.
  3. Cuando hubo que comprar barcos en Gran Bretaña (1818) para la flota que empezaba a prepararse en Chile persiguiendo el fin de liberar Perú, con los pocos dineros patriotas que quedaban, el enviado a Londres fue Álvarez Condarco.  

Manuel Olascoaga y Juan de Dios Videla

Juan de Dios Videla Moyano (1815-1880) tenía veinte años más que Manuel Olascoaga (1835-1911). Lamentablemente una tragedia rubricará su amistad: el terremoto mendocino de 1861. 

La provincia tras esa catástrofe había quedado devastada. Al arrasador suceso se le sumaron meses de continuos incendios, epidemias, heridos, niños huérfanos, hambre, vandalismo y saqueos. Bajo los muros derrumbados de Mendoza se encontraron 4.247 muertos y miles de lesionados. La tragedia se llevó consigo a dos hijos de Videla Moyano. Olascoaga había perdido a sus padres y a su hermana (Teresa) y debió hacerse cargo de sus hermanitos sobrevivientes. En medio de ese dolor, cada uno por su lado cavó la tumba donde enterró a sus seres queridos. Sin embargo, inmediata y paralelamente, se abocaron de lleno al rescate de los vecinos y al control de la seguridad.

Juntos, Olascoaga y Videla Moyano, fueron los conductores de la urgente organización presidiendo la comisión auxiliadora. El gobernador Nazar estaba desbastado, paralizado ante la muerte de tres hijos, consternado además por el fallecimiento de la mitad de su gabinete. Fue entonces cuando erigieron las figuras de Olascoaga (“la mano dura”) convirtiéndose en el jefe de las milicias voluntarias que devolvieron cierto control a la situación catastrófica y de Videla (“el policía bueno”) que tuvo a su cargo la organización de la cooperación solidaria y se destacó como un hombre compasivo, distribuyendo la ayuda enviada a las víctimas. Entre ambos llevaron adelante la coordinación de los primeros auxilios sanitarios y de las cremaciones de miles de cadáveres. Restablecieron un sistema policial ante la emergencia y crearon un provisorio servicio de correos, cuya oficina era un gran baúl bajo un árbol, desde donde se solicitó la ayuda al resto del país. 

Manuel Olascoaga.

Tanto uno como el otro eran hombres de acción. Comprometidos en las campañas militares de la época y ocupando lugares políticos relevantes en distintos momentos de sus vidas. Videla fue gobernador interino de Mendoza tras el terremoto hasta 1862. También gobernador por unos meses de San Juan en 1867 en medio de los conflictos internos nacionales. Dijo presente en el sitio de Montevideo (1843), peleó en Caseros (1852) junto a Rosas y protagonizó la Revolución de los Colorados en Mendoza (1866) que tuvo en jaque al poder central. Mientras que Olascoaga, uno de los máximos ilustrados de toda la historia mendocina, fue ingeniero, periodista, topógrafo, perito en conflictos limítrofes, actor, primer gobernador de Neuquén, historiador, empírico sociólogo, andinista, profesor de inglés, fundador de pueblos (entre otros, Chos Malal), “defensor de pobres y ausentes”, pintor, escritor reconocido internacionalmente con 24 libros publicados y convencional de la UCR en 1891.

Olascoaga también fue Coronel, aunque debió llegar a General. Algo pasó para que no fuera ascendido con tantos pergaminos. Un hecho anecdótico podría explicar la circunstancia. Su hermana Carmen Olascoaga se casó con Bernardo de Irigoyen (aquel candidato a vicepresidente en tiempos de la Unión Cívica). Aunque el hecho que rebalsará el vaso fue ser de los primeros “convencionales” por Mendoza en la reciente nacida Unión Cívica Radical (1891) junto a Pedro Ortiz, José Néstor Lencinas, Javier Molina, Lisandro Moyano y Agustín Vázquez. “El generalato” no le perdonó nunca haberse inclinado por Alem y Del Valle. 

Mary Morse y Margaret Collord

Domingo Faustino Sarmiento quedó fascinado ante el modelo educativo de Boston. Su anhelo fue replicar el proyecto en todo nuestro país. Pero había que formar maestras, y generó la alternativa de contratarlas en EE.UU. La historia las recordará como “las maestras de Sarmiento”. Fue el caso de Marie Olive Morse y Margaret Louis Collord, quienes en Cuyo compondrán una verdadera historia de amor. Amor por la educación y por Mendoza. 

Se subieron a un mismo barco sin saber a dónde llegarían. Partieron ambas del puerto de Nueva York. El estado nacional se hizo cargo del pasaje y las esperaba con un albergue hasta que encontrarán su destino definitivo. “Miss Marie” era oriunda de Maine (precisamente de Waldoboro) y “Miss Margaret” provenía de Cincinnati (Ohio). Casi 4.320 millas náuticas (8.000 kilómetros) navegando juntas 45 días por el Atlántico les permitirá empezar a encontrar coincidencias que las unirá para siempre.

Al arribar al puerto de Buenos Aires, Marie y Margaret debieron separarse a destinos diferentes, aunque con la firme promesa que pronto se reencontrarían. Corría 1890 y Marie viajó directamente a Mendoza por aquel tren que hacía unos años (desde 1885) cruzaba la Argentina desde el puerto rioplatense hasta la falda de la precordillera andina. El Colegio Normal de Señoritas de Mendoza (hoy Escuela Tomás Godoy Cruz, fundada en 1878) la tendrá como directora desde los albores del ’90 hasta su jubilación en 1910. 

En tanto Margaret Collord tuvo su primer destino sudamericano en el Colegio San José de Montevideo y recién cuando se produjo una vacante en la escuela mendocina (por 1892) será convocada por Marie para desempeñarse como docente y vicedirectora. 
Ellas transformarán la educación mendocina. Dieron las pautas ineludibles para la formación sistemática del docente y se convertirán en “las formadoras” de futuras maestras que llenarán las aulas provinciales. 

Mujeres. Foráneas y “protestantes”, con faldas que solo llegaban un poco más abajo de las rodillas. Que se subían a los techos, andaban a caballo, serruchaban como carpinteros, cargaban bolsas de cebollas en sus hombros, podaban parrales, discutían con los políticos el precio de la uva, hacían gimnasia y vivían solas como pareja en una casa, y hasta se decía que se habían consagrado en un matrimonio no legitimado. Demasiadas cosas como para no ser discutidas en esa época, donde todavía había familias que no querían que sus hijos católicos fueran educados por docentes de otro credo. Difícil de digerir para aquella sociedad mendocina. Sin embargo, se sobrepusieron y terminaron siendo arraigas y reconocidas como “hijas adoptivas” de Mendoza. Y como reafirmando su “mendocinidad”, no solo constantemente predicaron sobre los valores formativos de la gesta sanmartiniana, también fueron en 1899 protagonistas activas junto a Julio Leónidas Aguirre de una colecta que recaudó fondos para colocar la piedra fundamental de lo que actualmente es el Campo Histórico El Plumerillo.

Mary Morse y Margaret Collord.

Será en Chacras de Coria donde nacerá el amor por la otra pasión que encontraron en Mendoza: las uvas y el vino hasta que en 1927 decidieron volver a Estados Unidos.

Su regreso al país del norte, precisamente a Florida, fue un breve “hasta pronto” porque tres años después decidieron volver a Mendoza para radicarse definitivamente. Vaya paradoja, 40 años atrás Mendoza las recibía con dudas, “mirándolas de reojo” y con cientos de preconceptos. Pero en esa actualidad de 1930 eran sus familias de Norteamérica las que no comprendieron, ni aceptaron la relación afectiva entre Marie y Margaret. Y así volvieron a su tierra. Murieron las dos en 1945. Habían pedido ser enterradas juntas.

Están sepultadas en el cementerio de la Ciudad de Mendoza. En el apartado dispuesto para las familias británicas. Una lápida de mármol presenta una referencial inscripción: "And in their death they were not divided" (en su descanso eterno no fueron separadas).