Leonardo Di Carlo, médico y sacerdote: “El gran desafío es devolverle sentido a la vida de las personas”
El sacerdocio y la medicina son las dos vocaciones que confluyen en la vida del cura y doctor mendocino, Leonardo Di Carlo. A diferencia de otros sacerdotes, su vida profesional no fue un obstáculo que tuvo que sortear para ejercer su ministerio religioso, sino que, por el contrario, fue su puerta de entrada.
Leonardo, de 47 años, se define como un buscador del conocimiento y de la verdad
Nacido en Rivadavia, Mendoza, fue criado alrededor del mundo de la salud gracias a su madre que fue instrumentadora quirúrgica. Cuando le preguntaban qué quería ser cuando fuera mayor, él siempre tenía una respuesta rápida: “Quiero ser un médico que ayude en el momento del inicio de la vida de un ser humano”.
Sus deseos se cumplieron cuando terminó la escuela técnica en Mendoza para comenzar a estudiar medicina en la Universidad Nacional de Córdoba y especializarse en ginecobstetricia.
En un primer momento, estos anhelos vocacionales no estaban ligados a un aspecto religioso. Si bien desde chico había tenido formación en la fe católica, confiesa que, durante su juventud, su participación en la Iglesia era mínima y “tenía una fe muy incipiente y rústica”. No fue sino hasta que comenzó su trabajo en el hospital, que la fe de Leonardo se fortaleció: “Ser testigo del paso de Dios en la vida de los enfermos para mí fue el gran descubrimiento”.
Tenía una fe muy incipiente y rústica
Tenía entonces 26 años y recién estaba comenzando su labor como médico cuando el sacerdote de su parroquia le pidió que sea ministro extraordinario de la comunión. Esto significó un cambio rotundo en su vida y dio paso a que se hiciera preguntas trascendentales y espirituales. “¿Por qué esta persona, a pesar de haber tenido el tratamiento correcto y asistencia frente a su enfermedad, dejaba traslucir en su mirada un dejo de tristeza, una falta de felicidad, una angustia que se hacía visible a través de la mirada?”, se cuestionaba Leonardo y, frente a esa inquietud, no cesaba de buscar respuestas.
Según señala, muchas de estas tristezas tenían que ver con “heridas humanas, perspectivas, pasillos espirituales”. Por eso, el médico se comienza a sentir impotente frente al dolor: “Lógicamente en mi mente con razonamiento científico se me generaba una gran angustia porque no tenía las herramientas para llegar allí. Después de un largo discernimiento, donde intervinieron algunos colegas de mayor experiencia, y también de un acercamiento a la Iglesia Católica, me di cuenta de que ese lugar donde yo no podía llegar, que era esa parte interior de las personas, podía llegar Dios”, expresa.
Su gran vuelco de fe lo reconoce en los momentos en los que les daba la comunión a los enfermos. Leonardo comenta que cada vez que ellos recibían la hostia consagrada “descubría como una luz en su mirada, como una plenitud, una paz, que era justamente la que yo quería encontrar en mis pacientes. He podido ser testigo de cuánto puede cambiar la vida las personas cuando se acercan a Jesús y particularmente a la Eucaristía”, asegura.
Soy testigo de cuánto puede cambiar la vida las personas cuando se acercan a Jesús
Así fue cómo Leonardo, en 2003, luego de un proceso de reflexión y búsqueda personal, pasó de estar prácticamente a cargo de una sala de cirugías en un hospital a entrar al seminario arquidiocesano de Mendoza, Nuestra Señora del Rosario.
Sus nueve años como seminarista “fueron desafiantes y todo el proceso fue una experiencia hermosa”, destaca. Si bien tuvo que dejar atrás muchas prácticas de su vida profesional, desde el comienzo de su formación ya empezó a notar que su vocación por la vida religiosa y por la medicina crecían juntas. En el seminario tenía un consultorio donde atendía a sus compañeros y a otros miembros del clero.

Fue ordenado sacerdote el 17 de marzo de 2012 por Monseñor José María Arancibia en el santuario Nuestra Señora de Lourdes de El Challao. Fue el mismo monseñor Arancibia quien lo exhortó a unir sus dos vocaciones a través de la bioética: “Vas a poder hablar como sacerdote, pero con los médicos vas a poder hablar como un colega, entonces tu opinión va a tener un peso que va a permitir que ahondes en dilemas éticos con mayor profundidad”.
De esta forma, al poco tiempo de ordenarse, con la aprobación del obispo de entonces, el padre Leonardo comenzó una maestría en Ética Biomédica en la Universidad Católica de Buenos Aires. La complementariedad entre su aspecto religioso y médico le abrió muchas puertas, como él mismo revela: “Cuando estoy en los comités de bioética o me convocan para un congreso o alguna actividad en la cual se van a formar futuros profesionales de la salud, les interesa o les provoca inquietud esta mirada complementaria, donde se puede ver el tema científico, pero también lo ético, lo filosófico y hasta lo espiritual”.
El padre Leonardo comenzó una maestría en Ética Biomédica en la UCA
En cuanto a su servicio al conocimiento de la bioética, el sacerdote observa que “asistimos a un tiempo en el cual hay una gran crisis del sentido de la vida, donde el hombre tiene que alejarse totalmente de Dios y ser totalmente autosuficiente. Debe caminar de manera individual y hasta individualista, sin pedir ayuda. Por eso creo que hoy estamos frente a un gran desafío, que es devolverle sentido a la vida de las personas”. Con respecto a los avances tecnológicos, Leonardo rescata que estos han podido resolver muchos problemas, sin embargo, “casi en la misma proporción, pero de manera inversa, hemos ido perdiendo humanidad”, lamenta.
Y continúa: “En la bioética solemos decir que no todo lo científicamente posible es éticamente válido y el hombre con los avances tecnológicos ha traspasado barreras que tienen que ver con la dignidad de las personas en el inicio de su vida, desde que están en el vientre de su madre, durante su vida y al final de esta. Por eso, la finalidad que tiene la bioética es custodiar la dignidad de las personas en cualquiera de las etapas de su vida y ayudar para que todos los seres humanos tomemos conciencia de esa dignidad ajena y de la propia”.

Además de sus aportes a la ética científica, en la actualidad el padre Leonardo reparte su tiempo como párroco, docente universitario, y acompañante en apostolados que protegen la vida, entre otros servicios. Está a cargo de la parroquia San Pedro y San Pablo, junto con ocho comunidades del departamento de San Martín, y es acompañante sacerdotal de la fundación Grávida, que se dedica a ayudar a embarazadas en dificultad. También participa en el área de Vida y Familia de la Conferencia Episcopal Latinoamericana, en particular en la formación pastoral que se dedica al acompañamiento de la heridas post- aborto.
Participa en el área de Vida y Familia de la Conferencia Episcopal Latinoamericana
Como párroco, no abandona su apostolado y vocación de médico protector de la vida. Dedica misas especiales para bendecir a embarazadas, a sus hijos y a aquellas parejas que estén en búsqueda de la paternidad. De este modo, el sacerdote testifica que, como comunidad, han podido experimentar muchos milagros “donde ese hijo tan esperado llegó o donde ese embarazo complicado se transformó en una realidad distinta”, confirma.

Por si fuera poco, el padre Leonardo destina su tiempo a la misión digital. En su página de Instagram @pleonardodicarlo, en la que cuenta con más de 14 mil seguidores, el sacerdote comparte meditaciones espirituales, así como también sus experiencias pastorales y personales.
En definitiva, entre todos sus títulos y cargos actuales, él se identifica como “una persona feliz” y esta felicidad la encuentra en el servicio hacia los demás. “Siempre me ha impactado el sufrimiento del otro y no he podido mirar hacia otro lado. Hoy cuando de repente voy a una clínica u hospital y me toca acompañar a una persona que está al final de su vida, o cuando en una misa de embarazadas puedo bendecir la vida en la panza de una mamá, o cuando un bebé nace y puedo levantarlo para presentarlo en la comunidad, vuelvo a mis orígenes y me pone feliz”, concluye.
