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Tips para sobrevivir a una discusión de pareja

Puede tal vez ocurrir que, la forma en que se lleva adelante una discusión, afecte a las personas involucradas más que el fondo mismo del tema que está en disputa.
No eran una pareja muy normal, para decirlo delicadamente. Foto: Freepick.
No eran una pareja muy normal, para decirlo delicadamente. Foto: Freepick.

No eran una pareja muy normal, para decirlo delicadamente. Él, cada vez que discutían, se ponía nervioso y le salían poemas: exclusivamente frases con rimas fluían de sus labios. Sólo lograba batallar a través de cuartetas octosílabas, de rima consonante:

-Pero calmate querida

no te quejes de la nada;

si sabés que en estos días

mi vida sigue en bajada.

Nada urgente, nada grave,

solo líos de trabajo.

Pero de esta no se sale

si vos no estás de mi lado…

La mujer también tenía complejidades a la hora de expresar sus enojos, aunque en su caso los canalizaba respondiendo en difícil. Todas las palabras que utilizaba eran válidas para la Real Academia Española, pero no estaban entre las más utilizadas en el día a día:

-Pretenderás quizá, a través de esos epítetos, declamar que las contrariedades obnubilan tu cotidianeidad: ¿quién no posee un trajinar semejante? Pero esa actitud vacilante y denostadora, no ha de producirte la exclusión de tus fajinas cotidianas; ¿o es quizá tu errónea percepción que yo transcurro mis arduas jornadas sin vacuas expectativas?.

El hombre se acomodó como pudo ante semejante declaración, pero de todos modos respondió:

El hombre se acomodó como pudo ante semejante declaración, pero de todos modos respondió. Foto: Freepick.

-Cuando solo había gloria

en mi vida cotidiana,

alababas mis victorias

y brillaba tu mirada.

¡Cómo cambian tus conceptos

en los tiempos de malaria!

Ahora soy, según entiendo,

la molestia innecesaria…

La mujer estaba colorada por la furia que le causaba lo que escuchaba, por lo que las palabras fluyeron de sus labios con la certeza confirmada de que su queja estaba en la dirección adecuada:

-Es tu diatriba el claro asentimiento a favor de las vicisitudes que estoy explayando en mis declamaciones. Tu ominosa lamentación no hace más que permitirme escalar intempestivamente en el sendero que, aunque sinuosamente trasgreda la simpleza de los
hechos, concluye destruyendo cualitativamente a tu perorata…

-Es complejo que me entiendas

si en tu mente no hay cariño…

Y me atacan con vergüenza

tus palabras sin sentido.

Es quizá mi amor errante

el que sufre en triste espera.

Ya no sos la misma de antes:

has cambiado, aunque no creas.

-La quimérica disyuntiva que me planteás, pretendiendo que persista en mí la efímera creencia en relación a póstumas cuestiones, a pesar del continuo fluir de la existencia, solo calcifican más mis verdades, que no detienen su flujo en relación a una percepción que se observa con mayor luminiscencia a medida que la reyerta avanza: sos el mismo pelafustán de antaño…

La tristeza se observaba en los ojos del hombre, que ya casi lloraba, pero la charla no estaba, al parecer, del todo concluida; aún les era posible lastimarse más, el uno al otro, como si eso fuera realmente obligatorio:

-¡Dónde estará la mujer

que vibraba entre mis brazos!

Que reía por doquier

sin destruirme a pedazos...

¡Qué triste, oh mi ex amada

el cambio que ha producido

en tu gesto y tu mirada

el tiempo ya transcurrido!

No te entiendo, y me retiro:

tus palabras son complejas.

Y es por eso que lo digo,

aunque te suene a una queja.

El tipo se aprestaba a salir por la puerta cuando escuchó a sus espaldas a su ex amada, declarando las que quizá serían las últimas palabras que escucharía de eso labios que había sabido besar tan tiernamente en el pasado:

-Tus dispersas percepciones demuestran la inimputabilidad que pretendes elucubrar en cada declamación, aunque es perceptible que, aunque expongas con efímeras rimas, al concluir la reyerta puedo declarar que no sos más que un versero...

El hombre, que ya iba de salida, giró sobre sus pies y quedó de frente a ella. Su boca se abrió para responderle, pero ni una palabra brotó. La poesía se había acabado, y solo quedaba por delante la tristeza de la retirada, esquivando complejas aseveraciones, rumbo a la calle. 

La poesía se había acabado, y solo quedaba por delante la tristeza de la retirada. Foto: Freepick.

Allí, al parecer, la vida continuaba como si nada, con su simpleza escalofriante, golpeando a los transeúntes con sus verdades sin rima. Mientras tanto, las complejidades se ocultaban en las profundidades de los desagües, a la espera de que la magia las convocara una vez más, para producir quizá un nuevo amor, de esos enredados y verseros que tantas páginas llenan con sus
pasiones…

Pablo R. Gómez.

* Pablo R. Gómez, escritor autopercibido. 

IG: @prgmez