A 42 años de Malvinas

El hundimiento del Crucero General Belgrano, en primera persona

El 2 de mayo de 1982, dos torpedos que salieron desde el submarino británico Conqueror impactaron en el buque de la Armada Argentina, que se dirigía hacia la Isla de los Estados en Tierra del Fuego.

Alejandro Signorelli domingo, 9 de junio de 2024 · 07:20 hs
El hundimiento del Crucero General Belgrano, en primera persona
El Crucero ARA General Belgrano en aguas del sur. Foto: argentina.gob.ar

En el puente de Señales y Comando del destructor ARA Bouchard, su Comandante, el Capitán de Navío Washington Bárcena convocó a su tripulación. El mar estaba agitado y el viento volaba algunas gorras. Cuando estuvieron todos les comunicó sin rodeos que irían sobre la flota británica, que se dirigían hacia la flota enemiga para entrar en combate directo acompañando al Crucero (ARA General Belgrano) y al Piedrabuena (otro destructor), y que su papel consistiría en apoyar al Crucero y darle cobertura mientras este provocaba el mayor daño posible a los buques británicos con su poderosa artillería. 

Ellos junto al Piedrabuena y el Crucero cerrarían desde el sur la pinza que desde el norte conformaban el portaaviones 25 de Mayo y el resto de la flota. 

Luego de sus palabras, se cantó el himno nacional al mismo tiempo que se izaba la bandera de guerra. La adrenalina de saber que iban a combatir potenciaba la emoción de hacerlo por una causa justa, y en el caso de los militares de carrera significaba toda una vida de preparación que estaba por pasar a la acción concreta. 

Escenas como esta del Bouchard se repitieron en todos los buques de la Flota de Mar de la Armada Argentina que estaban navegando en busca del enemigo. 

La Fuerza de Tareas 79 estaba dividida en tres grupos, dos por el norte (79.1 y 79.2) y uno por el sur (79.3): 

Grupo de Tareas 79.1 

  • Portaaviones ARA 25 de Mayo con su Grupo Aéreo Embarcado: 8 aviones McDonell Douglas A4-Q Skyhawk, 6  aviones antisubmarinos Grumman S-2A/E Tracker, 3 helicópteros antisubmarinos Sikorsky SH-3D Sea King, y 3 helicópteros Sud Aviation. SA361B Alouette III.
  • Destructor ARA Santísima Trinidad.
  • Corbetas ARA Drummond, ARA Guerrico y ARA Granville.
  • Buque tanque Campo Duran (YPF).

Grupo de Tareas 79.2 

  • Destructor ARA Hércules.
  • Destructor ARA Py.
  • Destructor ARA Seguí.
  • Buque Tanque ARA Punta Médanos.

Grupo de Tareas 79.3 

  • Crucero ARA General Belgrano.
  • Destructor ARA Piedrabuena.
  • Destructor ARA Bouchard.
  • Buque Tanque Puerto Rosales (YPF).

El 1 de mayo a las 17h regresó un avión Tracker al 25 de Mayo informando del tan esperado contacto: había detectado la posición de la flota enemiga a 240 millas náuticas de distancia. Los aprestos de combate se pusieron en marcha, el plan consistía en lanzar a 6 A4-Q Skyhawk del 25 de Mayo armados cada uno con 6 bombas de 500 lbs (el 7mo A4 quedaría en el portaaviones configurado como interceptor por si volvían con amigos no deseados, y el 8vo quedaría configurado como tanquero por si alguno tenía que eyectar sus drops en el escape y tenía problemas de combustible). Las tres corbetas francesas (llamadas así por los marinos argentinos por su país de fabricación) dispararían un total de 12 misiles mar-mar Exocet y desde el sur, el Belgrano abriría fuego con sus cañones si lograba ponerse a tiro. 

Disposición de la FT 79 y sus grupos, y la flota británica en la madrugada del 2 de mayo de
1982. Infografía de origen británico editada

Si bien todo este poder de fuego parece capaz de generar un gran daño (y lo es), del otro lado, el poder de fuego era superior, no solo por cantidad de unidades, sino por su tecnología. Sin embargo, si el ataque argentino lograba tomar por sorpresa a la flota británica, las chances de provocar un daño importante eran elevadas. 

Crucero Ara General Belgrano. Foto: MDZ.

La falta de capacidad nocturna de los A4-Q obligó a esperar las primeras luces del alba del 2 de mayo, y fue entonces cuando dos hechos llevaron a un profundo cambio de planes. 

Los A4-Q irían cargados con el máximo de combustible posible, utilizando sus habituales 2 tanques suplementarios externos, llamados drops, y 6 bombas de 500 lbs cada una, por lo que estarían en el máximo peso de despegue permitido. Al empuje de la catapulta y el desplazamiento del 25 de Mayo, se necesitaría sumar viento para lograr el despegue. Algo tan habitual y abundante en esas latitudes, en esa madrugada del 2 de mayo de 1982 se ausentó por completo. No había una gota de viento. 

Un A4-Q en la cubierta del Portaaviones ARA 25 de Mayo en proceso de armado. Los armeros
habían dedicado algunas bombas. Foto: base.mforos.com.ar

Mientras los pilotos del 25 de Mayo hacían cálculos una y otra vez para buscar una configuración que pudiera levantar vuelo sin viento (había que resignar bombas, o resignar combustible), a la 01:15h del 2 de mayo los radares de los destructores ARA Hércules y ARA Santísima Trinidad detectaron un eco compatible con un Sea Harrier. Inmediatamente sonó la alarma de ataque aéreo, que finalmente no ocurrió, pero que dejó en evidencia que los habían detectado y la sorpresa ya no estaría de su lado. 

Con un arma fundamental del ataque como los A4-Q disminuidos en su carga bélica o en su combustible, y la sorpresa perdida, el ataque se canceló hasta nuevo aviso y los 3 grupos cambiaron su rumbo hacia aguas más seguras. 

Para el Grupo de Tareas 79.3 la orden fue poner proa hacia el oeste, la Isla de los Estados. 

Crucero ligero ARA General Belgrano (C-4) 

El Crucero ARA General Belgrano era un crucero ligero de la clase Brookling. Contaba con 5 torres de 3 cañones de 152 mm cada una (tres torres a proa y dos a popa), 8 cañones de 127 mm, 2 montajes dobles de cañones antiaéreos Boffors de 40 mm, 2 montajes cuadruples de misiles Sea Cat, y 8 ametralladoras de 12,7 mm. 

El ARA General Belgrano. Foto: Instituto de Publicaciones Navales

Sirvió en la US Navy bajo el nombre de USS Phoenix (CL-46), y estuvo presente en el histórico ataque a Pearl Harbour, aunque no sufrió daños por estar fondeado al noreste de la isla Ford.

En 1951 fue incorporado a la Armada Argentina, y a pesar de su antigüedad, para 1982 los 20 kms de alcance de sus 15 cañones de 152 mm y las sucesivas modernizaciones como los misiles antiaéreos Sea Cat, todavía lo convertían en un temible adversario y un blanco atractivo. 

En tiempos de paz y navegación de instrucción o ejercicios su tripulación superaba los 800 hombres. En guerra, para poder contar con reemplazos en distintos puestos clave, llegaba a albergar más de 1.000 tripulantes. Esos días de abril y mayo de 1982 navegaba con 1.093 hombres a bordo. 

Northwood ordena atacar 

El HMS Conqueror era un submarino de propulsión nuclear de la clase Churchill comandado por el Capitán Christopher Wreford-Brown. Se encontraba patrullando el área cercana a Georgias y al sur de Malvinas desde el 12 de abril aproximadamente. 

El 30 de abril se encontraba cubriendo una zona al este de la Isla de los Estados y cercana al banco Burdwood donde la profundidad disminuía notablemente. Al poco tiempo de estar patrullando esa zona hicieron contacto con el grupo de buques argentinos, y los siguieron a diferentes distancias y profundidades durante más de 30 horas. 

Al estar fuera de la zona de exclusión no contaban con autorización para atacar, por lo que se limitaron a seguirlos y enviar reportes periódicos. Los submarinos británicos no reportaban al comandante de la flota, sino que contaban con un enlace satelital directo con Londres, adonde reportaban, y de donde recibían órdenes. Este enlace de comunicaciones se establecía en distintos momentos del día, no era permanente. 

El domingo 2 de mayo luego del mediodía y cuando se encontraban en seguimiento del Grupo de Tareas 79.3 argentino, la comunicación satelital con su base en Northwood, en las afueras de Londres, trajo la autorización para atacar y hundir a cualquier nave de guerra argentina. 

Ante esta novedad la tripulación ajustó los detalles y comenzaron a calcular puntería hacia el blanco más grande que era el Crucero ARA General Belgrano. Estaban posicionados al sur del grupo, por lo que veían la banda de babor del Belgrano. Cuando estaban a unas 1.500 yds (unos 1.370 mts) y a profundidad de periscopio, con contacto visual, a las 15:59h dispararon 3 torpedos Mark 8, uno dirigido a la popa, otro al centro y otro a la proa. 

Posición de los buques del GT 79.3 y el submarino HMS Conqueror al momento del disparo de los tres torpedos. Imagen gentileza del Capitán de Navío VGM (R) Washington Bárcena de su libro “Destructor ARA Bouchard en Malvinas”.

Debido a algún error de cálculo, el torpedo que se dirigía a popa impactó a las 16:02h en el centro del buque, provocando una enorme explosión que lo dejó sin energía eléctrica al instante, y se piensa que cobró un porcentaje altísimo del número total de víctimas ya que impactó en zona de comedor y descanso de la tripulación que no estaba de guardia. 

El torpedo que había sido lanzado al centro del Belgrano, por esa desviación que se dio en los 3 torpedos, impactó en la zona de proa, y prácticamente seccionó una parte importante de la misma. Allí era zona de depósitos por lo que la cantidad de víctimas fue menor. El tercer torpedo pasó de largo delante del buque, y llegó hasta el ARA Bouchard impactando el casco del barco sin  explotar. 

El Teniente de Fragata Martín Eduardo Sgut logró captar con su cámara y desde su balsa, las
últimas imágenes del Belgrano. Fotos: aacrucerobelgrano.org.ar

El Crucero General Belgrano comenzó a escorar rápidamente a babor. Sin energía eléctrica, su comandante, el Capitán de Navío Héctor Bonzo gritaba órdenes para la evacuación desde el puente de mando, megáfono en mano. El gran adiestramiento de la tripulación evitó más muertes y ante la orden de abandonar el barco, el proceso de inflado y abordaje de las balsas se realizó en orden. 

Para las 16:50h la escora a babor superaba los 60° y se había desatado una fuerte tormenta. Ya no quedaba casi gente a bordo, y el Capitán Bonzo seguía parado en cubierta con el megáfono asegurándose de que todos salten a su balsa. El no lo había notado, pero cerca de él se encontraba el suboficial Ramón Barrionuevo, un catamarqueño que observaba a su comandante y sospechaba que estaba planeando irse a pique con su nave. 

Cuando Bonzo lo vió, lo reprendió a los gritos por no estar en su balsa y le ordenó que se tire, a lo que Barrionuevo le contestó “No señor, si usted no se tira, ¡yo tampoco!”. Bonzo comprendió que no lo dejaría hundirse. Barrionuevo le infló el salvavidas y se aprestaron a tirarse al mar en donde tres balsas los esperaban. Bonzo le ordenó tirarse primero, esta vez obedeció, y luego de Barrionuevo, el Capitán se arrojó, siendo el último en abandonar el barco.

El Capitán Héctor Bonzo y el suboficial Barrionuevo en cubierta. Foto: aacrucerobelgrano.org.ar

El Crucero ARA General Belgrano se hundió suevamente y sin arrastrar a ninguna de las balsas a las 17h. 

El rescate

A partir de ese instante una nueva historia comenzaría. En esas latitudes a las 17h ya se pone el sol, por lo que la noche estaba llegando y un fuerte temporal hizo que se decidiera cortar las sogas que ataban las balsas entre si por procedimiento. La cantidad de tripulantes de cada balsa variaba mucho, pero ante el tremendo frío e ingresos de agua frecuente, el contacto cuerpo contra cuerpo fue lo que les salvó la vida a muchos. 

El temporal duró toda la noche y todos los relatos de los sobrevivientes coinciden en el infierno que vivieron esa noche a bordo de las balsas. 

Los destructores de la clase Summer ARA Bouchard D-26 (Ex USS Borie) y el ARA Piedrabuena
D-29 (Ex USS Collett). Fotos: Gentileza del Capitán de Navío VGM (R) Washington Bárcena de su libro “Destructor ARA Bouchard en Malvinas”..

Mientras esto ocurría, el Piedrabuena y el Bouchard solo podían deducir lo que había pasado, ya en la noche, sin contacto visual y sin ninguna comunicación desde el Belgrano ya que se había quedado sin energía eléctrica al instante del primer impacto, no tenían certeza del hundimiento y no habían divisado balsas tampoco. 

El buque polar ARA Bahía Paraíso y el Aviso ARA Gurruchaga. Fotos: Irizar.org y Gaceta Marinera.

La operación de búsqueda y eventual rescate del barco o sus sobrevivientes comenzó de inmediato. El Capitan Grassi del Piedrabuena tomó el mando y a estos dos buques se sumaron el Aviso ARA Gurruchaga y el buque polear ARA Bahía Paraíso. A las 23h desde Río Grande, despegó un avión Neptune de la Aviación Naval. 

Tanto los barcos, como el avión Neptune tomaron como punto de partida la última posición conocida del Belgrano, y teniendo en cuenta las corrientes marinas y el viento, comenzaron a estimar el desplazamiento de las balsas, si es que el buque había sido hundido porque no tenían ningún tipo de confirmación. 

El temporal y la noche cerrada dificultaban la búsqueda. A pesar del esfuerzo de los buques y del Neptune y sus bengalas, esa noche no hubo resultados positivos, todo era incertidumbre y se temía lo peor para los 1.093 tripulantes del Belgrano

A las 06:30h del 3 de mayo el Neptune 2-P-112 aterrizó luego de volar toda la noche, y en su reemplazo, otro Neptune, el 2-P-111 despegó. A las 09:20h el avión divisó una gran mancha de aceite en el mar, por lo que informó la novedad y actualizó coordenadas de búsqueda. 

El Neptune 2-P-111 de la Escuadrilla de Exploración Aeronaval comandado por el Capitán de Corbeta Julio Perez Roca logra ubicar a las balsas e informa su posición. Imagen del óleo del artista aeronáutico, marinista e ilustrador Carlos Adrián García titulado “¡¡Los encontramos!!”

Algunas balsas contaban con un equipo de radio. Pasada la terrible noche y con algunos tripulantes superando el shock,  comenzaron a poner en funcionamiento esos equipos (contaban con un dínamo para generar su energía eléctrica a pedal, como en una bicicleta). 

El Neptune en su búsqueda divisó algo que podría ser un submarino, y llegó a arrojar una sonoboya para intentar escucharlo, pero siguió su rumbo ya que la prioridad era el rescate. A las 09:55h logró hacer contacto con la radio de una balsa, y varios minutos después, desde el Piedrabuena y el Gurruchaga también establecieron contacto radial, por lo que pudieron converger hacia la ubicación del grupo de balsas, que a pesar del temporal no estaban completamente dispersas. 

Desde la cubierta del ARA Piedrabuena se preparan para recuperar a tripulantes del Belgrano en una balsa. Foto: argentina.gob.ar

El proceso de rescate duró hasta el 7 de mayo, aunque lógicamente durante las pocas horas de luz y post temporal del 3 de mayo fueron las más intensas, y claves para recuperar a la gran mayoría de sobrevivientes. 

Rescate desde la cubierta del ARA Bouchard. En algunos casos los náufragos fueron
trasladados con botes Zodiac desde las balsas. Foto: Gentileza del Capitán de Navío VGM (R)
Washington Bárcena de su libro “Destructor ARA Bouchard en Malvinas”.

Los buques ARA Piedrabuena, ARA Bouchard, ARA Gurruchaga, ARA Bahía Paraíso, y el buque polar chileno ARCH Piloto Pardo, lograron rescatar a 770 hombres con vida. Los subieron a bordo, los secaron y proveyeron de ropa seca en la mayoría de los casos, y les dieron los primeros auxilios a los heridos. Todo esto bajo la incertidumbre de un posible nuevo ataque submarino. 

El Capitán Héctor Elías Bonzo 

El Comandante del Belgrano lideró a su tripulación durante el servicio activo y durante el proceso de evacuación del buque, pero luego del fin de la guerra continuó en contacto con la dotación y con los familiares de las víctimas. 

En noviembre de 1983 pidió su pase a retiro con el grado de Capitán de Navío. Cada 2 de mayo organizaba la reunión anual de la tripulación y sus familias, y en abril de 1987 fue uno de los fundadores de la Asociación Amigos del Crucero General Belgrano

El Capitán de Navío VGM (R) Héctor Elías Bonzo. Foto: Gaceta Marinera

Siempre mantuvo el contacto con su gente y estuvo cerca para dar una palabra de aliento o un consejo, tal como un verdadero comandante lo hace. Falleció de un paro cardíaco el 22 de abril de 2009. 

¿Crimen de guerra, o acto de guerra? 

Junto con el Crucero ARA General Belgrano se hundió el plan de paz del Presidente peruano Fernando Belaúnde Terry que el gobierno argentino iba a anunciar que había aceptado. Este anuncio se haría durante la tarde de ese domingo 2 de mayo, pero fue cancelado al llegar a Buenos Aires las primeras noticias sobre el posible ataque y la no respuesta del Belgrano

Escudo del Crucero ARA General Belgrano. En la mitad superior el Ave Fenix alude a su antiguo
nombre y representa el espíritu inquebrantable de quienes lo tripulan. La mitad inferior es su
silueta recostada sobre el sol que representa majestad, libertad y unidad. “Ex cinere” significa
“desde las cenizas” y una corona naval está en la parte superior. Fuente y foto:
heraldicaargentina.blogspot.com

No hay dudas de que el gobierno de Margaret Thatcher había decidido pasar a la acción. En los últimos días de abril habían reconquistado por la fuerza la isla San Pedro (Georgias), el 1 de mayo habían bombardeado el aeropuerto de Puerto Argentino y el de Darwin-Goose Green, y el 2 de mayo atacaron y hundieron al Belgrano terminando de ahogar cualquier intento de evitar el conflicto por la vía diplomática. 

El ataque y hundimiento del Crucero General Belgrano ha sido durante años objeto de acusación de crimen de guerra hacia el Reino Unido por hallarse al momento del ataque fuera de la zona de exclusión que ellos mismos habían declarado unilateralmente. 

Jamás reivindicaría a los británicos, pero mucho menos me plegaría a esa especie de operativo “lástima” que parece haber alrededor de nuestros soldados, aviadores y marinos. 

El Crucero ARA General Belgrano, junto al resto de la FT 79 estuvo a minutos de iniciar un ataque directo a la flota enemiga, no estaba en patrulla pasiva, y fue sorprendido por el ataque británico en el marco de una guerra. Nuestros 323 marinos fallecidos cayeron en una acción de combate, y deberían ser recordados para siempre por la República con orgullo por su entrega, y no con lástima. Este 2 de mayo mantengamos viva su memoria y hagamos que sus familiares sigan sintiendo orgullo por ellos. 

* Lic. Alejandro Signorelli, Investigador de la Guerra del Atlántico Sur.

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