Cien años sin Franz Kafka: el hombre detrás del autor
Era tímido y asustadizo, sin embargo impresionaba a los demás con su aspecto, pulcro, su conducta tranquila, su gran inteligencia y su particular sentido del humor. Pero los libros que escribió fueron crueles y dolorosos. Vio el mundo lleno de demonios invisibles luchando y destruyendo a las personas indefensas. En otras palabras quizás era demasiado clarividente, demasiado sabio para vivir y demasiado débil para luchar. Esa es la debilidad de las personas nobles y bellas.
Este gran autor nació en Praga el 3 de julio de 1883 en el seno de una familia de judíos. Tras aprobar el examen de bachillerato en 1901, probó estudiar entre otras cosas química, historia del arte y filología alemana, pero finalmente, obligado por su padre, estudió derecho. Alfred Weber (hermano de Max Weber), profesor de sociología, ejerció una enorme influencia sobre él. Al terminar la carrera de derecho en 1906, hizo un año de servicio en los tribunales civiles y penales, con funciones administrativas. Tras ello consiguió un trabajo en una compañía de seguros para accidentes laborales, en la cuál estuvo hasta su jubilación anticipada en 1922 por causa de una tuberculosis que le causaría la muerte dos años después.
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Franz Kafka fue ascendido rápidamente y sus deberes incluían procesar e investigar reclamos de compensación, redactar informes y manejar apelaciones de empresarios. Recopilaría y redactaría un informe anual durante varios años. Aunque el padre de Kafka se refería a este trabajo como "Brotberuf", un empleo solo para pagar las cuentas, el horario cómodo fue lo que le permitió dedicarse a la escritura ya que Kafka solía salir del trabajo a las 2 de la tarde, brindándole tiempo para dedicarlo a su trabajo literario. Además claramente su empleo burocrático, le dio muchas ideas para su obra literaria.
Franz Kafka, el hombre detrás del autor, era una persona muy peculiar
A pesar de su exploración al judaísmo sentía verdadero entusiasmo por el socialismo y el ateísmo. Leía a Nietzsche, Darwin, Dickens, Cervantes y Goethe. Fue vegetariano estricto y naturista. No tomaba alcohol ni excitantes como el café o el chocolate.
Tenía una particular relación con las mujeres, nunca se casó, estaba interesado en la pornografía y visitó burdeles durante gran parte de su vida adulta.
Un tema de gran importancia en su obra es su relación con su padre quien marcó la pauta de la educación de Franz, siempre desde una actitud permanente de autoritarismo y prepotencia, no dejó nunca de menospreciar a su hijo. Es por estas particularidades de su vida que podría considerarse casi un personaje contemporáneo, podría haber nacido ayer y la universalidad de su obra
permanecería intacta. Los estudiosos de Kafka discuten sobre cómo interpretar al autor. La desesperación y el absurdo reflejados en su obra han sido asociados con la filosofía del existencialismo, pero sin duda este escritor se convirtió en el principal baluarte del expresionismo literario en alemán.
Algunos críticos ven una tendencia política en el individualismo antiburocrático de Kafka, tomando en cuenta su breve militancia en una organización anarquista y su apoyo a algunas campañas de los anarquistas checos. Del mismo modo también existe una lectura referida que tiene en cuenta el contexto antisemita y pre-nazi en el que vivió Kafka. En mi opinión todas estas lecturas aunque aceptables, no hacen justicia a la genialidad del autor. Kafka representa mucho más que el estereotipo de figura solitaria que escribe movido por la angustia. Quizás en sus líneas no se encuentre ningún sentido recóndito, quizás sus textos solo son historias y cuentos. Pero en la simplicidad y fácil naturalidad de su lenguaje, su obra es expresiva como ninguna otra sobre las ansiedades y la alineación del siglo XX.
El mundo de Kafka
No es nada oculto, sino un mundo de los hombres, construido por ellos mismos. Este gran escritor nos aportó un nuevo mecanismo narrativo: El de la parábola o relato simbólico, un genero sobre el cual los críticos pueden decir muy poco que valga la pena, pues su significado es diferente para cada lector. La obra literaria de Kafka refleja de esta manera, el absurdo y la angustia de una
existencia de perpetua postergación indefinida. Sin más he de concluir este pequeño homenaje con una recomendación de cinco
de sus más emblemáticas obras, aunque sin poder dejar de sentir que esta es una palabra que le queda pequeña a un autor como Franz Kafka.
Un artista del hambre
Publicada en 1922 es la última obra que se publica de Kafka en vida. El protagonista es una arquetípica creación de Kafka, un individuo marginado y victimizado por la sociedad. La historia detalla la decadencia y muerte de un artista ayunador profesional de un circo que se muere de hambre en una jaula ignorado sistemáticamente por el público. Este es el condimento para explorar temas como la muerte y el aislamiento, el arte y el ascetismo, la pobreza espiritual, la futilidad o el fracaso personal, todo dentro de una corrupción generalizada de las relaciones humanas.
Una parábola sin moraleja que encubre una alegoría sobre la condición del artista incomprendido en una sociedad de masas. Kafka expresa aquí la indiferencia del mundo hacia sus propios escrúpulos artísticos de escritor a través de la difícil situación del artista.
El proceso
"Alguien debió de haber calumniado a Josef K., porque sin haber hecho nada malo, una mañana fue detenido". Estamos ante un protagonista que es arrestado una mañana por una razón que desconoce. Y desde ese momento se adentra en una pesadilla para defenderse de algo que nunca se sabe qué es, tan solo para encontrar, una y otra vez, que las más altas instancias a las que pretende apelar no son sino las más humildes y limitadas, creándose así un clima de inaccesibilidad a la 'justicia' y a la 'ley'.
Esta obra da forma a lo que se conoce como una "pesadilla Kafkiana" en la que los personajes pretenden cruzar puertas imposibles. Fue publicada de manera postuma en 1925 por Max Brod, fiel amigo de Kafka quien se negó a obedecer su petición de destruir su manuscrito.
El castillo
Un protagonista, nuevamente conocido solamente como K., lucha para acceder a las misteriosas autoridades de un castillo que gobierna el pueblo al cual K ha llegado a trabajar como agrimensor. Oscura y a ratos surrealista, trata sobre la alienación, la burocracia, la frustración, aparentemente interminable; y de los intentos de un hombre por oponerse al sistema. A lo largo de la obra uno puede percibir la irracionalidad que reina dentro de este microcosmos, una psicología desesperante, que trata de acercarnos a la realidad de la época en que fue escrita; donde un individuo, nada puede hacer frente a un sistema que, habiendo sido creado por hombres, no tiene nada de humano.
Existe una relación de complemento entre esta obra y el proceso. Mientras que en "El proceso" el protagonista intenta huir de los funcionarios y la burocracia, en "El castillo" el protagonista, por el contrario, intenta acercarse a ellos. En ambos casos, no obstante, la sensación de opresión es análoga.
La metamorfosis
"Al despertar, después de un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se da cuenta de que durante la noche se había transformado en un monstruoso insecto". Escrita en 1915 es sin duda su más famosa obra. También conocida como "La transformación" esta novela corta nos introduce de una manera tan natural y fascinante al universo kafkiano que no hace falta agregar nada más. Cualquier interpretación es necesaria que surja del propio lector al cuál está invitación a sido brindada.
Con esta suerte de pequeña síntesis vamos hoy a concluir nuestro homenaje a este inolvidable autor lo suficientemente brillante como para haber influido a otros gigantes como los mismísimos Jorge Luis Borges, José Saramago, Albert Camus, Jean Paul Sartre, Gabriel García Márquez y hasta el japones Haruki Murakami
Sin nada más que agregar los invito a conocer estas maravillas de la literatura y que ellas puedan continuar inspirando a nuevas generaciones a través de los años.
* Andrés Falcón, profesor de Literatura.