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Martín Miguel de Güemes: cinco notas imprescindibles para conocer a este héroe nacional

Murió siendo una pieza fundamental en el estratégico plan continental, militar y político diseñado por San Martín. Tenía 36 años y había sido herido por una bala defendiendo Salta, como tantas veces, de los ataques realistas.

Gustavo Capone
Gustavo Capone lunes, 17 de junio de 2024 · 05:12 hs
Martín Miguel de Güemes: cinco notas imprescindibles para conocer a este héroe nacional
El monumento a Güemes será escenario de los homenajes que se realizarán este lunes. Foto: salta.gov.ar

Martín Miguel Juan de la Mata de Güemes Montero Goyechea y La Corte fue el único general argentino caído en acción de guerra defendiendo los intereses de la patria. Había nacido en Salta un 8 de febrero de 1785. Durante seis años fue gobernador de su provincia natal.  

Actuó en las Invasiones Inglesas de 1806. Llegó a ser ayudante de Liniers, quien lo nombró teniente de su escolta de granaderos (1807). Fue un ferviente adherente a la Revolución de Mayo desde sus inicios. En los primeros años emancipatorios se desempeñó en el Alto Perú con la misión de interceptar las comunicaciones enemigas. En 1811 le tocará proteger la retirada de Juan Martín de Pueyrredón, luego de la catastrófica derrota de Huaqui, y en 1813 participó del sitio a Montevideo, valiéndole el ascenso a Teniente Coronel.

Murió siendo una pieza fundamental en el estratégico plan continental, militar y político diseñado por San Martín. Tenía 36 años y había sido herido por una bala defendiendo Salta, como tantas veces, de los ataques realistas. Su herida (como la herida profunda de un hemofílico como era Güemes) nunca cicatrizó. Un proyectil había ingresado por su cadera derecha, alojándose en la ingle.

Llegó herido a su campamento de Chamical con la intención de preparar la novena defensa de Salta. Moriría en un improvisado catre de campaña, hecho de palos de algarrobo y tientos de buey, tirado a la intemperie, y con las estrellas como único techo de sus días finales entre los montes de la aislada Cañada de la Horqueta. Falleció a los diez días de aquel balazo. El 17 de junio de 1821. Hace 203 años.

Una anécdota poco conocida: “(…) Su herida se descompone rápidamente ante la impotencia de sus gauchos, quienes en las difíciles circunstancias deciden penetrar en la ciudad y secuestrar a un adversario de Güemes, el Doctor Antonio Castellanos. La herida de Güemes requiere una urgente operación, cosa imposible de lograr en el lugar donde se encontraba. Estaba en medio de un monte. Ante el diagnóstico, y a los efectos de evitar represalias para con sus adversarios, Güemes autoriza que el Doctor Castellanos pueda retirarse del campamento. Será quien informará y posibilitará que un contingente español pueda llegar hasta el lugar para ofrecerle a Güemes poder salvarle la vida a través de una operación, trasladarlo posteriormente junto a sus familiares hacia el Perú y garantizarle un cómodo transcurrir económico. A cambio, los españoles solo pidieron que Güemes se rindiera”. Ingenuos. No conocían al salteño. “(…) Convocado su segundo jefe, el Coronel Vidt, ante un Güemes socavado por la gangrena y la fiebre, exige de su oficial un juramento de fidelidad antes de su muerte. Vidt debería proseguir la lucha hasta el objetivo final, o sea: la libertad de la patria”. (Miguel Ángel Casares).

"La muerte de Güemes", 1910. Antonio Alice. Legislatura de Salta.

El desenlace era predecible, y el destino estaba marcado. Reunió a sus oficiales y les transfirió el mando, dando las últimas indicaciones. Había que pelear “hasta la muerte”. Los hizo jurar que pelearían hasta las últimas consecuencias. Casi un mes después de su muerte, el 22 de julio sus “infernales” le brindaron el mejor homenaje. Liderados por el Coronel José Antonio Fernández Cornejo, los gauchos de Güemes derrotaron a "Barbarucho" Valdés y expulsaron para siempre a los españoles de Salta.

Güemes estaba casado con María del Carmen Margarita Puch y Velarde (1797 – 1822). Dirán las crónicas: “Era Carmen Puch la más bella mujer de todo el norte argentino”. A los meses de conocerse se casaron en la Catedral de Salta. Ella tenía 18 años. Habían sido presentados por Magdalena “Macacha” Güemes, amiga de Carmen y hermana del gobernador. El matrimonio tuvo tres hijos: Martín, Luis e Ignacio (quien murió al año de nacido).

Carmen Puch de Güemes

Carmen vivió en varias estancias escapando del avance realista (Estancia La Candelaria, estancia Los Sauces, estancia Posta del Arenal y en las haciendas Los Horcones y Miraflores, estas dos últimas, propiedad de José Ignacio Gorriti). Fue amenazada de muerte e intentaron secuestrarla. Falleció a los 25 años.

“Ella se dejó morir”, dice la leyenda urbana. No soportó la ausencia de Güemes. Una fuerte depresión la cubrió. Un cuento popular narra que al enterarse Carmen del deceso de Güemes se encerró en su habitación a oscuras. Nunca más abrió las ventanas. Por más que le suplicaran, no comía, ni tomaba agua. Se cortó el cabello, que era frecuentemente alabado por su esposo, prácticamente al ras, para finalmente dejarse morir.

Según testimonios familiares, las últimas palabras de Güemes antes de morir (un año antes del deceso de Carmen) fueron premonitorias: “Mi Carmen no tardará en seguirme; morirá de mi muerte, así como vivió de mi vida”. Tuvo razón. Ella fallecerá el 3 de abril de 1822.

Miguel Ángel de Marco, biógrafo de José de San Martín y Manuel Belgrano, sostuvo que la semblanza de los máximos héroes de nuestra independencia debía completarse con la vida de Martín Miguel de Güemes. Lo fundamentaba en estos términos: "Pocos fueron en nuestra historia los casos en que seres tan diferentes por su carácter, formación y hábitos conjugaron con tanta coherencia y decisión, sus esfuerzos en pos de una causa superior como la de la independencia sudamericana. Güemes merece, ser ubicado junto a los otros tres personajes fundamentales (San Martín, Belgrano y Pueyrredón) en el esfuerzo bélico de la independencia". En efecto, en aquel 1816, el hecho de que Güemes pese a sus diferencias con Buenos Aires no cortara sus vínculos con las Provincias Unidas, como lo hizo Artigas, fue clave para que el Congreso de Tucumán pudiera realizarse y romper definitivamente las cadenas con España.

La barrera defensiva de "Los infernales"

En todo ese período, el accionar del Gobernador de Salta al frente de sus legendarios gauchos (“Los infernales”) constituyó una barrera defensiva, vital para los patriotas, conteniendo a los españoles en la frontera norte, muy cerca de donde sesionaba el Congreso. Esos valientes “Infernales” fueron admirados incluso por el enemigo en virtud de su destreza como jinetes, su velocidad de ataque y su gran capacidad para la emboscada y la retirada.

Fue un líder indiscutido. Si algo caracterizó a Güemes fue su perfil de conductor. He aquí otra nota, también poco difundida. En 1817, tras la declaración de la Independencia, el Congreso General Constituyente dictó un Reglamento Provisorio en el que reconocía el “Fuero de las Milicias” (sueldo para los milicos y posesión de las tierras donde habitaban los soldados), pero solo consideraba como tales a las milicias nacionales y a las milicias cívicas, obviando en su texto a las milicias provinciales. Por ende, a “los gauchos de fuego” de Marín Miguel de Güemes.

Güemes y "Los infernales". Foto: Argentina.gob.ar

Al leer ese Reglamento a Güemes “le hirvió la sangre”. El golpe en la mesa de Güemes cuando leyó el documento se sintió en todo el norte. Pidió tinta y papel, y con furia redactó: “Debo mandar, y mando”, sostenía. A partir de ahí una extensa carta dirigió a Pueyrredón exigiendo la extensión de esas prerrogativas a sus gauchos. “(…) Exijo para los valientes Gauchos el cobro del fuero, quienes a costa de su sangre han defendido con heroicidad la gran causa de nuestra Independencia, causando desaliento en aquellos bravos defensores, sin advertir, que por sus méritos se han hecho acreedores a la distinción, y al premio justamente merecido por sus constantes virtudes”. Ese era Güemes; siempre defendiendo a los suyos.

Continuaba el escrito, textual de puño y letra de Güemes: “Por tanto, debía de mandar, y mando, que todos los Gauchos alistados en los respectivos Escuadrones del Norte, y la tropa no sólo gozan, y han de gozar del fuero militar, sino también de cuantos privilegios estén en las facilidades del Gobierno Supremo”. Dicho bando, fue aprobado por Pueyrredón sin ningún tipo de objeciones. Una muestra de por qué el ascendiente popular del salteño Güemes era enorme. Lo reflejará en su zamba Hernán Figueroa Reyes cuando en “Gaucho Guerrero” describa una nota imborrable sobre el salteño: “En tiempos en que la patria necesitaba valientes / el gaucho Martín se puso a pelear entrevera'o con su gente. / Allí está Don Martín Miguel con sus cien gauchos de fuego”. Y terminaba el cantor de Los Huanca Hua: “Al alba se sintió un grito desgarrando todo el valle / ¡Murió Don Martín! / ¡Murió Don Martín! / lo está llorando el gauchaje”.

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