Violencia: el monstruo que se despierta cuando el peronismo no gobierna
No es casual que cuando el justicialismo no está a cargo del Poder Ejecutivo se repitan estas estrategias. Ya lo sufrieron Alfonsín, De la Rúa, Macri y ahora Milei. Distantes ellos en ideas y sus formas de hacer política, enfrentaron reiteradas veces al monstruo llamado peronismo que usa a la izquierda (que se deja usar a cambio de acuerdos sombríos).
¿Por qué "monstruo" a un partido integrado al sistema? Porque reniega de él. Ningún partido en el mundo que tuvo estas prácticas antirrepublicanas como modus operandi fue uno que estuviera fuera del sistema de partidos. Además, cualquiera que escriba sobre el Partido Justicialista, puede fácilmente citar a Jorge Luis Borges, que así lo calificaba y le significó su salida de la Biblioteca Nacional para contar gallinas.
"Fachos", repiten quienes evocan sin cesar a "La Patria" ignorando el valor de esta palabra, pero repitiendo consignas propias de los discursos vacíos que solo llenan la boca de los máximos exponentes del desprecio a la democracia. ¿Qué tiene que ver la Patria con que las corporaciones conserven su fuerza? Absolutamente nada.
En 1930, fugazmente, llegó el corporativismo a la Argentina y empezó a llevarse puesto a los principios republicanos a tal nivel que no volvió a existir una democracia liberal en el país hasta 1958. A partir de allí, hasta hoy, una democracia debilitada de facto y de iure por la altanería del antirrepublicanismo que reina aún en el país.
Parte de ese daño se causó por los eufemismos que se usan permanentemente para referirse al justicialismo. El fascismo, por si mismo, no es más que una idea política como cualquier otra que hay en el mundo, con la particularidad de que atenta contra el sistema republicano porque defiende los principios del corporativismo de estado. El justicialismo es justamente eso.
Monstruos y la necesidad de resucitar fantasmas
La izquierda, útil al fascismo, también desprecia la república, por lo que no es inocentemente útil, sino intencionalmente. Cuando dejen de sonar cacerolas que no saben bien por qué suenan, se haya realizado una nueva la limpieza de la Plaza del Congreso y todo siga como siempre, quedará el ingrato recuerdo de esta constante necesidad de resucitar viejos fantasmas.
¿Fantasmas? Si, o más bien el sueño de algunos militantes, que se creen intelectuales por leer una publicación de Instagram, de martirizarse por una supuesta causa cargada de nobleza, aunque finalmente sean solo las ovejas de un pastor que perdió la caja estatal que le funcionaba de modus vivendi.
Anhelan una "Noche de bastones largos", desean un "Caso Dreyfus" o una "Noche de los cristales rotos" que los justifique para "dar leña", como supo exigir "El General" (llamativo el apodo, hace recordar a otros que se hacían llamar parecido). Dentro del recinto, el real juego democrático, quizá manchado por intereses impropios pero bajo el imperio de la ley, es, probablemente, el último resquicio de la democracia que soñaron los padres de esta Patria, que hoy no dignificarían ni con una mirada la violencia que encarna el peronismo.

La violencia para romper con la Constitución Nacional
Javier Milei puede no gustar, además de tener, también, cuestionables comportamientos que parecen replicar la forma de llevar la política por el peronismo, pero es el presidente de la Nación. Eso significa que deberá gobernar por cuatro años, al igual que lo hizo el peronismo desde el retorno de la democracia cada vez que le tocó ser Gobierno, a pesar de haber sido los de peor ejecución.
Lo que no es admisible, es que se pretenda despreciar la Constitución nacional y todas las normas que derivan de ella. No es perdonable el desprecio a la democracia que costó tantas vidas, ya sea que gobernaran militares o el propio "General", que poco hizo por cuidarla. Con la Ley Bases, todo dependerá de entender el valor de las leyes, las normas, el orden y la república, de dejar las actitudes fascistas de lado y comulgar solo con la idea de país que se consagró en nuestra "carta magna", una Argentina federal, republicana y representativa.

