Baby Reno: el infierno tan temido
En algún momento pensé que no iba a comentar la miniserie que puede verse por Netflix puesto que hay muchos comentarios diversos sobre la misma en todas las redes conocidas y medios de comunicación. Y luego de leerlas y por el impacto generalizado que causa me dije: ¿por qué no?. A partir de ese interrogante planteo distintos niveles de lectura y abordaje que invito a leer, con la
advertencia que en los mismos puede existir algún que otro spoiler.
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¿De qué trata?
Es la historia de un vínculo del escritor Richard Gadd, intérprete de la serie, con una acosadora serial y el impacto que tiene en él.
Como barman de un pub, ofrece un té a una mujer que ingresó y se sentó en la barra llorando. Y aquí comienza todo porque a partir de ese instante los acontecimientos se suceden sin respiro. Impactan. Provocan en cada espectador sentimientos encontrados, ominosos, siniestros, bizarros. Originan interrogantes y reacciones opuestas frente a situaciones donde el sentido común no existe y lo disparatado se apropia de las escenas y de la historia en sí misma.
¡Mirá el video del trailer!
Uno de los niveles de lectura posible de la narración televisiva se puede focalizar en Richard Gadd, creador de la serie. En su vida real recibió cuarenta y un mil mails, trescientas cincuenta horas de mensajes de voz, más de setecientos tuits y un centenar de cartas de esa extraña quien se presenta emocionalmente quebrada y fue la principal protagonista de la serie y de su vida. Una historia de una erotomanía que duró dos años desarrollada en el siglo XXI con todos los medios disponibles de nuestros medios actuales de comunicación: un verdadero acoso informático. Recuerdo que en 1980, uno de los mejores realizadores argentinos había filmado “El infierno tan temido” con guión del propio realizador más Juan Carlos Onetti y Oscar Viale, sobre un relato de Onetti. Film que contó con música de Astor Piazzola y dos protagonistas de excelencia, Alberto de Mendoza y Graciela Borges quien interpretaba la acosadora con fotos Polaroids de alto contenido erótico.
Volviendo a Baby Reno cuando Gadd descubre quien es en verdad esa mujer que le escribe sin parar, cualquiera de nosotros inmediatamente la hubiese bloqueado o denunciado a la policía, pero aquí se muestra la mente del acosado que no tiene palabras o modo alguno de expresar lo que siente y poco a poco su mente se ve doblegada y sometida a una situación de franco encierro.
Desde la psicología la película tiene varias interpretaciones: la fragilidad del protagonista, el infranqueable laberinto que ninguno de los dos encuentra salida, la inercia del abusado para encontrar una solución posible en una denuncia que tarda en llegar. La figura del acosador que en la mayoría de los casos sale lamentablemente indemne.
Hablar del abuso tiene un corpus principal: los modos de quebrar o romper la psiquis de una víctima. Eso se muestra muy bien en la serie y es lo que ha provocado que en este último tiempo se habla de ella. Pero también existen escenas patéticas que Richard Gadd confiesa haber exagerado quizás para darle a Netflix el éxito de vistas que a lo largo del mundo entero se ha provocado por este producto. Nuestro protagonista además del acoso se expone a situaciones donde sus decisiones son desacertadas y los encuentros que tiene por la búsqueda laboral no lo encuentran en saber poner límites.
¿Cómo que existe un elefante en el medio de nuestro living y no darnos cuenta de él?
Richard Gadd afirmó en una entrevista que a veces, en el pozo de la desesperación surge la inspiración. Así primero fue una obra de teatro relatando su historia (algo que puede verse casi al final de la miniserie) y luego como serie de TV intentando encontrar un humor a un tema que no lo tiene. También se recrimina que él fue el autor del daño y que seguramente había cómplice de la acosadora. Son temores legítimos de las víctimas de acoso que denuncian situaciones complejas y desordenadas pero necesarias de ser contadas y en donde lo oscuro de las vivencias traumáticas comienzan a arrojar luz cuando una palabra puede decirse a tiempo.
En definitiva, siempre es la palabra que desaloja los fantasmas personales.
* Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta.

