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25 de Mayo de 1810 y revolución: explicación irónica con nombres de rock

Con un poco de humor, bandas emblemáticas del aquel histórico mes de mayo de 1810.

Gustavo Capone
Gustavo Capone sábado, 25 de mayo de 2024 · 02:35 hs
25 de Mayo de 1810 y revolución: explicación irónica con nombres de rock
Cabildo Abierto

Escucha las históricas bandas de la época: “Jabonero”, “Pepe Botella”, “Dos Chisperos”, “El Hijo del Panadero”, “Cura Careta”, “Al Cogote” y “Revolución Inconclusa”. No puedes faltar. Y si tienes tiempo, venite una semana antes. Desde el viernes 18 de mayo (1810), ya estamos haciendo ruido. En la previa tocarán: “Mazamorra”, “Paraguas Truchos”, “Mistletoe Miente” y “Mariquita Pone la Casa”.

Como siempre en Cabildo Grande (antes de llegar a “remodelación”) y Plaza Victoria. Habrá un sereno que te recuerda cada hora. No se suspende por mal tiempo. Ticket en: www.cafemarco.com.virreinatoripla (pronto nueva dirección). Canje de entradas en Billiken y Anteojito.

La fiesta del 25

Decenas de locros, cientos de peñas, miles de actos escolares y todas las plazas de la Patria vestidas de celeste y blanco para recordar aquella gesta. ¡Ese es el clima que necesitamos los argentinos! Y reiterando aquellos ejercicios didácticos que supimos ocupar para seguir historiando, con el respeto y cariño que la enorme conmemoración merece, presentamos para recordar aquellos sucesos y sus gloriosos referentes: La Fiesta de Mayo. Con ustedes los protagonistas:

Jabonero

Un clásico de siempre, infaltable en cualquier Mayo Patrio. Su protagonista estelar: Hipólito Vieytes (1762 – 1815). Un adelantado. Ya desde su progresista “Semanario de Agricultura, Industria y Comercio” (fundado en 1802) advertía sobre la importancia de generar naciones autónomas. Ferviente revolucionario. Pero hay que decir también que la famosa “Jabonería de Vieytes”, trampolín para su fama (con refrán incluido), funcionó como tal solo dos años, y seguramente fue una pantalla para encubrir las clandestinas reuniones antimonárquicas. Sí, en ese lugar había existido una panadería de un tal Videla, quien la vendió a Nicolás Rodríguez Peña durante 1807 por “2.387 pesos y 3 reales” (s/Manuel Carlos Melo). Estaba ubicada en la colonial calle San Bartolomé (luego Agüero, actual México).

Pero ese negocio fue embargado en 1808 y arrestado el propio Rodríguez Peña, acusado de traidor por Liniers. Será por esa época cuando se asociarán Vieytes y Rodríguez Peña, quienes una vez levantado el embargo se iniciarán en el rubro jabonería y velas. En la parte alta del mismo negocio vivirá Vieytes y su familia.

Una prueba evidente que fue un lugar de reuniones conspirativas lo demostró el inventario de la Comisión de Justicia ante el allanamiento efectuado el 1 de julio de 1815, donde un moribundo Vieytes fue apresado por orden de su acérrimo enemigo Carlos de Alvear (internas mediante de esos momentos). Dirá el informe: 45 sillas, 5 mates, 3 docenas de cubiertos (documento en Archivo General de la Nación).

El lugar ya no existe. Pero “la jabonería” seguirá perdurando como una leyenda y un icono revolucionario en el imaginario colectivo nacional. Las remodelaciones de la Avenida 9 de Julio le pasaron por encima. En cuanto a Vieytes, morirá al tiempito de ser detenido (5 de octubre de 1815).

Pepe Botella

Otro solista. Giuseppe Napoleone Buonaparte (1768 – 1844). También José I, “José Postrero”, “José Ninguno”, “Pepino” o “El rey plazuelas”, porque durante el tiempo que estuvo en Madrid su única obra trascendente fue abrir plazas. Pero el seudónimo que lo inmortalizó fue “Pepe Botella”; aún más cruel: “Pepe Botellas”, atribuyéndole un supuesto exacerbado apego al alcohol. Lo cierto fue que la prisión de los reyes españoles Carlos IV y de su hijo Fernando VII puso en jaque a todo el régimen político de España y multiplicó las alertas e incertidumbres en América. Para colmo Napoleón eligió a su hermano como rey español bajo el nombre de José I de España.

Fue ahí que comenzó una campaña de desprestigio para el francés José I, que por problemas de salud era abstemio. Pero bueno, dirán algunos: “En el amor y en la guerra, todo vale”.

La estrategia de comunicación desacreditando a José como borrachín dará excelentes resultados. Es más, llegará hasta nuestros días. Lo cierto fue que el rey francés puesto en la corona de España representaba la personificación de un país invasor y el pueblo no estaba dispuesto aceptar a un extranjero. En América también el clima político se exacerbó y estimuló el ánimo revolucionario.

Tampoco la imagen de José ayudaba mucho. A lo de representar el “títere de Napoleón” le agregaremos que usaba monóculo y cerraba el otro ojo para mirar por él. Era “el tuerto José”. “Ya viene por la ronda José Primero, con un ojo postizo y el otro huero”, entonaban las burlonas canciones castellanas. La crueldad no paraba: “Pepe Botella baja al despacho. No puedo ahora, estoy borracho/Pepe Botella, no andas con tino. Naturalmente, lo impide el vino”. Así fue. José nunca tomó un trago de alcohol, pero morirá considerado como uno de los más grandes “curdas” de la historia. Mientras tanto, el pensamiento revolucionario seguía sumando adhesiones proporcionalmente al descrédito de las posturas monárquicas dominantes. En el medio, una “fake news” ayudó a los revolucionarios.

Dos chisperos

Indudablemente: Domingo French y Antonio Luis Beruti. La leyenda los consideró como quienes repartieron las cintas patrias con los colores de la escarapela. Eso de los colores será un tema cuyo debate dejaremos para adelante. Por ahora algunas consideraciones. A) Domingo French fue el primer cartero de Buenos Aires. Ocupación estratégica si la había. Era el encargado de trasladar las notas oficiales del virreinato a los doce cabildos provinciales. Nada poco en tiempos revolucionarios. B) Será por ende el responsable de repartir las 450 invitaciones al Cabildo Abierto. Obviamente, no todas llegaron a destino. C) Junto con Beruti fueron los principales “punteros políticos” del momento con el objetivo de derrocar al virrey y producir un cambio radical contra el absolutismo monárquico. D) Representaron la fuerza de choque a quienes seguían lealmente 500 jinetes dispuestos a todo. Hasta matar al virrey. “Los chisperos de arrabales”, según Paul Groussac. También “los jacobinos del Río de la Plata”, “la legión infernal”, “los Manolos”. Seguidores de Mariano Moreno. Una especie de “milicia paralela”. Serán los representantes de las posiciones democráticas, republicanas y revolucionarias enfrentando a los sectores conservadores, pro-británicos y oligárquicos que también participaban de las revueltas porteñas.

Su mote arraigado en el colectivo social se debió a la grandilocuente exhibición de sus pistolas a chispa. En términos actuales diríamos: “coparon la plaza”. Tuvieron un protagonismo político enorme en el desenlace de los hechos inmediatos.

El hijo del panadero

Juan Joseph Esteban del Paso Fernández y Escandón Astudillo (1758 - 1833). He aquí otro clásico de las fiestas mayas: Juan José Paso. Era hijo del gallego Domingo del Passo, oriundo de Puebla de Bugallido (La Coruña) y de María Manuela Fernández y Escandón, hija de un español y una madre criolla. Don Domingo del Passo, precisamente, el panadero, cuya casa y panadería estaba frente a la Iglesia de San Francisco en calle San Carlos – puerta 19, pleno corazón porteño.

Será por su temperamento medido y prudente, con apariencia de seminarista que se convertirá en uno de los personajes de mayo (probablemente) menos conocido. Era soltero y fue profesor universitario. En el Real Colegio de San Carlos, un histórico “secundario” de Buenos Aires, fue “profe” nada menos que de Belgrano y Castelli. Peyorativamente era tratado por sus adversarios como “el hijo del panadero”.

¡Mira vos al hijo de panadero! Era teólogo, filósofo, abogado, docente y político. Fiscal de la Real Audiencia y Diputado Sustituto del Consulado (1806). Peleó en las invasiones inglesas. Integró la Primera Junta. Estuvo en la Asamblea del XIII. Fue parte del primer triunvirato bajo la égida de Bernardino Rivadavia y del segundo que se constituyó para contrarrestar, precisamente, el poder de Rivadavia. Fue el congresal que leyó la Declaración de la Independencia en Tucumán. En fin, la lista de ocupaciones y protagonismos se extenderá hasta llegar a convertirse en asesor de Dorrego y de Rosas.

Pero fue su discurso trascendental en el Cabildo Abierto del 22 de mayo el hecho consagratorio. Podríamos sostener que inventó “La Fórmula de Mayo”. Mientras algunos no querían saber nada con destituir al virrey, otros convocar a todas las provincias virreinales y un grupo anhelaba la declaración de la independencia inmediatamente, apareció Paso. Una síntesis de su posición: “debe ser consultada la voluntad general de los demás pueblos del virreinato; pero piénsese bien en el actual estado de peligros a que por su situación local se ve envuelta esta capital. Buenos Aires necesita con mucha urgencia ponerse a cubierto de los peligros que la amenazan, por el poder de la Francia y el triste estado de la Península. Para ello una de las primeras medidas debe ser la formación de una junta provisoria de gobierno a nombre del señor don Fernando VII. Buenos Aires como hermana mayor deberá ponerse al frente de la situación y luego ella procederá a invitar a los demás pueblos del virreinato a sumarse”. Así fue.

Cura careta y Al Cogote

Fanático realista monárquico era el obispo de Buenos Aires, Benito Lué y Riega (1753 – 1812). Y paralelamente, si existía alguien odiado por los americanos en aquel Cabildo Abierto era ese cura. Su exposición irritó brutalmente a los cabildantes: "Mientras existiese en España un pedazo de tierra mandado por españoles, ese pedazo de tierra debía mandar a las Américas; y mientras existiese un solo español en las Américas, ese español debía mandar a los americanos”. Qué más podemos agregar. Pareciera que aquellos provocadores argumentos no fueron olvidados. A los dos años de aquel discurso, el cura aparecerá envenado. Se la habían jurado.

En paralelo a la virulencia de los debates encarnizados, una leyenda urbana rescató la expresión terminante que amenazó con cortarle el cogote y arrojar al virrey Cisneros por la ventana del cabildo si no renunciaba inmediatamente. Esa fue la voz de Belgrano. Se lo comentó a Rodríguez Peña. Desde ahí, las cosas se fueron ordenando. No había espacio para medias tintas. Una prueba más del coraje revolucionario de Belgrano. El sol del 25 venía asomando.

Revolución inconclusa

La revolución tuvo un primer tiempo desde mayo de 1810 hasta la Declaración de la Independencia en 1816. Mientras tantos, el proceso revolucionario continental se profundizará con la llegada de San Martín y con la composición del ejército libertador en Mendoza. Ahí empezará otra historia. En el fondo, saltando las distancias temporales el desafío seguirá vigente. El 25 de mayo de 1810 rompimos la primera cadena, pero la lucha continúa.

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