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La travesía de un guía mendocino en la montaña más alta del mundo

Un guía de montaña mendocino fue parte de una expedición a la cumbre del Everest. Las dificultades y experiencias en primera persona desde la cima más alta del mundo.

Andrea Ginestar
Andrea Ginestar sábado, 18 de mayo de 2024 · 09:04 hs
La travesía de un guía mendocino en la montaña más alta del mundo
El Everest es la montaña más alta del mundo

Respirar puede volverse un desafío cuando las condiciones son extremas pero estar en la cima más alta del mundo genera sensaciones que no todos pueden experimentar. Manuel Stahringer, más conocido como Nanika, es uno de los pocos mendocinos que logró hacer cumbre en el Everest, una montaña de 8.849 metros sobre el nivel del mar.

La nieve, el hielo y los fuertes vientos son parte de la cotidianeidad de Nanika quien desde muy chico descubrió su pasión por la montaña, tanto que eligió la naturaleza y los desafíos de altura como forma de vida. El experimentado guía finalizó hace dos días la expedición a la montaña más alta del mundo. Escalar el Everest fue un sueño que tuvo desde que comenzó a trabajar en el cerro Aconcagua con tan sólo 18 años y pudo hacer realidad a sus 36 trabajando como asistente y guía de un grupo de norteamericanos y europeos. 

La montaña es imponente. Foto: Manuel Stahringer

"En esta oportunidad vine al Everest asistiendo a un guía norteamericano de la empresa Climbing the seven summits. Hace unos años trabajo como guía freelance y hago expediciones a través de mi empresa NK Climbing Expeditions. Siempre quise venir al Everest pero es muy caro y para hacer cosas deportivas me gustan montañas más salvajes. Es una montaña impresionantemente grande y requiere una logística que es clave para la subida. Los sherpas suben todo los implementos que vas a necesitar para hacer cumbre, sin la ayuda y logística de los sherpa no se puede hacer nada", contó Manuel.

La travesía al monte ubicado en Nepal es la más difícil de los seis continentes debido a la altura que lo ubica como la montaña más alta del mundo con 8.849 metros y las bajas temperaturas que pueden alcanzar los 40 grados bajo cero.

Contemplar la inmensidad de la montaña puede ser abrumador pero también generar sensaciones placenteras muy difíciles de explicar. El esfuerzo físico se conjuga con la falta de oxígeno y las condiciones meteorológicas extremas que forman parte de lo que experimentan los andinistas que emprenden la travesía. Cada movimiento debe ser cuidadoso y responsable ya que los errores que se cometen en la altura pueden costarles la vida.

"Es la primera vez que encaro una expedición al Everest, a nivel profesional es muy difícil poder guiar una expedición así. Si bien pensaba en hacer cumbre, mi cabeza también estaba enfocada en la bajada ya que dependés de muchos factores externos como por ejemplo el oxígeno, es un ambiente muy hostil. Si se rompe un regulador o una máscara...en pocos minutos se puede llegar a una situación de emergencia. Gestionar el tema del oxígeno es una de las cosas más importantes", agregó

Llegar a la cumbre es el objetivo principal pero experimentar la belleza y poder de la montaña es algo que los andinistas rescatan de cada desafío. El trabajo en equipo y el respeto por la montaña son primordiales al igual que el manejo de la ansiedad por conseguir los objetivos. "Hay que mantener la 'cabeza fría' para evitar que la ansiedad por conseguir los objetivos nos lleve a tomar decisiones equivocadas", dijo.

Al ser consultado sobre las dificultades técnicas, el guía expresó: "Para empezar la montaña hay una sección que se llama La Cascada del Valle del Khumbu que tiene su final en el 'Valle del Silencio'. Son 6 kilómetros donde tenés mucha exposición y el riesgo de avalanchas en muy alto porque transitás por debajo de unos glaciares colgantes que pueden venirse abajo en cualquier momento. Hay muchas grietas y está el 'pop corn zone' que también se puede venir abajo. Esa zona técnicamente no es tan difícil pero tiene muchos peligros objetivos".

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La zona denominada "pop corn" consta de miles de bloques que se van cayendo de las torres aledañas. "Vas caminando por arriba de los bloques, con una sonda (con las que buscás en avalanchas) y no tocas el suelo ni cerca. Eso puede colapsar en cualquier momento, por ese motivo vas todo el tiempo vinculado a la cuerda fija", contó Manuel.

 

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