Sin educación, no hay libertad ni futuro
La verdadera libertad es fruto de una buena y verdadera educación. No pocas veces hemos escuchado que la educación es esencial para educar al soberano. Solo los ciudadanos bien y verdaderamente educados podrán ser soberanos de sus vidas y soberanamente libres para elegir a sus representantes.
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La sociedad en su conjunto tiene que tomar conciencia de que el problema de la educación es su problema, y quizás, la raíz ultima de todas sus problemáticas. La relación entre educación y libertad es profunda e indisoluble. Sin educación, la libertad se ve limitada en varios aspectos.
La educación nos enseña a pensar por nosotros mismos, a analizar información, a discernir entre hechos y opiniones, y a formular argumentos sólidos. Sin estas habilidades, somos más susceptibles a la manipulación, la propaganda y el pensamiento único. En otras palabras, no podemos ser verdaderamente libres si no somos capaces de pensar críticamente.
La falta de educación de calidad limita las oportunidades
Todos sabemos que la educación abre puertas a mejores oportunidades laborales, mayor movilidad social y una vida más plena. Sin ella, las personas se encuentran en una situación de desventaja, con menos opciones para elegir su propio camino y desarrollar su potencial. La falta de educación perpetúa la pobreza y la desigualdad, restringiendo la libertad individual que muchos liberales sostienen en sus discursos.
La educación nos proporciona el conocimiento y las herramientas necesarias para tomar decisiones informadas sobre nuestras vidas. Sin ella, las personas son más propensas a tomar decisiones basadas en información falsa, rumores o presiones externas. La libertad implica la capacidad de elegir con conocimiento de causa, y esto solo es posible a través de la educación. Las personas sin educación son más vulnerables a la explotación laboral, la discriminación y el abuso. No tienen las herramientas para defender sus derechos ni para luchar por una sociedad más justa e igualitaria.
La educación empodera a las personas
Les da la capacidad de defender su libertad que les permite salir de la pobreza. La educación nos permite ser dueños de nuestro propio destino y proyecto de vida. Sin ella, las personas dependen de otros para tomar decisiones por ellas, lo que limita su autonomía y su capacidad para vivir una vida libre e independiente. La educación modera las emociones para que no reaccionemos impulsivamente e irracionalmente, sino que demos respuestas. La educación lleva a que en vez de gritar hablemos con argumentos convincentes. La educación hace que la libertad este unida a la responsabilidad para optar por el bien común. Si la libertad fuera solo la posibilidad de elegir entre el bien y el mal, sería como tener la capacidad del albedrio para ser responsable o irresponsable.
La persona educada es libremente responsable para tender siempre al bien
La consigna liberal mal entendida tiene como slogan “mi libertad termina donde comienza la libertad de los demás”. Entonces la vida social no sería más que un conjunto de personas que renuncian a una parte de su libertad para convivir, algo así como medios libres. Por el contrario, la libertad aristotélicamente hablando se planificaría en el convivir respetuosamente con lo demás, sabiendo que los otros me ayudan a ser persona.
La educación nos ayuda a crecer y a determinarnos, porque no tomar decisiones, vivir indeterminados en un eterno zapping, en un noviazgo eterno sin concreciones y proyectos nos deja en la ilusión de libertad. El sistema educativo que se precie de liberal no podría negar la posibilidad elección de distintas opciones educativas tanto para las familias como para aquellos ya adultos que en su proyecto de vida quieran formarse en distintas carreras o trayectos formativos.
No es liberal restringir carreras u opciones educativas desde una perspectiva utilitaria y menos aún economicista. El verdadero liberalismo debe habilitar el acceso y posibilidades para ejercer la libertad de elegir en una amplia oferta educativa.
Sin educación, la libertad se convierte en un concepto vacío, en un sueño imposible, es solo un slogan.
* Mg. Juan Manuel Ribeiro, especialista en educación.

