Día del Veterano

Malvinas nos une y nos interpela: desde el pizarrón hasta el cantito futbolero

Antes del olvido, el desamparo. Antes de los 40 años de democracia. ¿Malvinas? Duro; pero cada vez que aparece “el tema Malvinas” nos llena de preguntas. Algunas viejas y otras extremadamente vigentes.

Gustavo Capone
Gustavo Capone martes, 2 de abril de 2024 · 05:54 hs
Malvinas nos une y nos interpela: desde el pizarrón hasta el cantito futbolero
Cementerio de Darwin, Malvinas. Foto: DPA

¿Cómo recordábamos Malvinas antes del histórico 2 de abril de 1982? ¿Cuál es la imagen que tenemos, los que transitamos el tiempo escolar previo a la gesta (42 años atrás) de aquellas islas? ¿Existía un día específico que las conmemorara? ¿Ocupaba el tema Malvinas un espacio puntual en los diseños escolares? Pienso; repaso en la memoria; me preguntó. Hasta dudo. Primera conclusión: aún, desde mucho antes de aquel heroico 2 de abril, ya Malvinas siempre nos interpelaba.  

Por aquellos tiempos; tiempos de “ñaupa”, ¿qué representaban las Islas Malvinas antes del desembarco de abril del ’82 en el imaginario popular? Antes de Galtieri; antes de la emoción por “la reconquista”, la plaza llena, el fervor popular. Antes de Pedro Giachino, de Puerto Argentino, de Costa Méndez y de los 23.428 combatientes argentinos. Antes de esas heroínas: 14 mujeres (enfermeras y operadoras) en el frente de combate; del Mundial de Fútbol en España; de los 33 enfrentamientos armados; del hundimiento del Belgrano; de Thatcher; la OTAN; de los traidores; de los 12.500 conscriptos que con 18 años y que prácticamente sin instrucción, llegaron a las Islas; de las hazañas de los pilotos de Pucara; de los 1.068 heridos; de Oscar Ismael Poltronieri y de los miles anónimos con el mismo coraje patriótico de Poltronieri. 

¿Dónde ubicábamos a Malvinas? Pero no, geográficamente. Qué representaba socialmente antes de las generosas y desinteresadas colectas ciudadanas, las cartas que no llegaron, las propagandas manipuladoras, de la venida del papa Juan Pablo II, de Mario Benjamín Menéndez y la rendición, de las madres, esposas, hijos, que todavía esperan. Antes de “la Multipartidaria”, de la actitud de Alfonsín, de los 649 muertos en combates, del cementerio de Darwin, de los más de 500 suicidios posteriores al final de la guerra. Antes del olvido, el desamparo. Antes de los 40 años de democracia. ¿Malvinas? Duro; pero cada vez que aparece “el tema Malvinas” nos inunda de preguntas. Algunas muy viejas y otras extremadamente vigentes.

 

El rol cultural de los maestros

Siempre ahí. Aparece una “flash”. Un destello que empieza a iluminar una preliminar respuesta. Anímica. Sentimental, pero respuesta al fin. Se alumbra la memoria. 

Un gran pizarrón en el patio de la escuela que pareciera nos gritaba: “¡Las Malvinas son argentinas!” Guardapolvo blanco, “la señorita”, los compañeros, y la Escuela. ¡Cuándo no, la Escuela! Dos islas cara a cara. Letra grande, cursiva, propio de una artista que cautiva con su tiza. Franja con colores de la Bandera y “Las Malvinas son argentinas”. 

El recuerdo.

Segunda conclusión: Te lo enseñaban en la escuela y lo repetían en tu casa. ¿Qué más? No teníamos muy claro el contenido puntual, pero Malvinas (aún sin especificidades lógicas del contexto geopolítico e histórico) se arraigó en nosotros como una causa nacional. “La causa nacional Malvinas” nació en el marco de nuestra cultura como algo propio. Se trasladó de generación en generación. “Las Malvinas son nuestras”. Simplificación que no necesitaba mucho más. 

La previa al 82 y una teoría lejana

Por ese tiempo “pre - 1982” también nos enteramos (gracias a la Escuela) que ya en 1520, Hernando de Magallanes descubrió el paso que unirá los dos océanos. Desde ahí, el portugués que navegaba al servicio de rey español Carlos I, avistó las Islas Malvinas. A partir de ese momento se las disputaron España, Francia e Inglaterra, aunque como siempre decía aquel pizarrón de la escuela: "¡Las Malvinas son argentinas!".

A posteriori, ya más grandecito (pleno secundario, y otra vez, por la Escuela) aprendí que el Gobierno de Buenos Aires designó a Luis Vernet como primer gobernador de la Islas un 10 de junio de 1829. Sí, hasta hubo un tiempo que “el feriado” por Malvinas era ese día. Y después la ocuparon unos, otros, y al final se quedaron “ellos”: “los piratas”. Y aún permanecen desde 1833. 

Un profe también me dijo que en el siglo XX (presidencia de Illia) hubo una Resolución de la Asamblea General de la ONU (Nº 2065 – 1965) que reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre el Reino Unido y la Argentina en torno a Malvinas y además estableció que el caso de las Malvinas se encuadraba en una situación colonial. “Ellos”: los colonialistas. No recordaba todo. Se mezclaban los datos. Eran casi 500 años de historia. Desde Magallanes a Illia. Pero no importaba: “Las Malvinas son argentinas”, seguían diciendo los pizarrones de las escuelas. 

Malvinas era la hermana perdida que siempre esperamos reencontrar.

Sí hasta Atahualpa Yupanqui resignificó el sentimiento “Pre – 82”, junto a Ariel Ramírez, en “Hermanita Perdida” (1980) de lo que implicaba como icono identitario de nuestro “ser nacional” el tema Malvinas. Su última estrofa sintetizó aquel sentir histórico y cultural de lo que eran las Islas previo al conflicto armado: “Malvinas, tierra cautiva, de un rubio tiempo pirata. / Patagonia te suspira. Toda la Pampa te llama. /Seguirán las mil banderas del mar, azules y blancas. / Pero queremos ver una sobre tus piedras, clavada. / Para llenarte de criollos. /Para curtirte la cara /hasta que logres el gesto tradicional de la Patria”. 

Tercera conclusión: Malvinas era la hermana perdida que siempre esperamos reencontrar. Nadie, absolutamente nadie, se oponía a eso. Reafirmando lo anterior: Malvinas fue siempre una causa nacional. Y las escuelas su mayor impulsor. 

Soberanía, memoria y guerra

El saldo trágico de la guerra no solo dejó una herida que permanece sangrando, también acarreó la ausencia de aquellos que no volvieron y el agrio dolor de tener que arriar la bandera. Pero ya no alcanzaba con el acervo cultural inflado. No era suficiente gritar que las Malvinas eran nuestras. Vivimos una guerra. 

Están ahí las balas; los aviones caídos; los barcos hundidos; un puñado de militares irresponsables e incompetentes. Están ahí los muertos. 

Las siniestras balas inglesas mataron tantos argentinos como los que mató la ausencia y la imperdonable desidia del Estado.

Están ahí las deudas pendientes. De algunos “milicos” trasnochados que, apoyados en una causa popular, tomaron la justa cuestión pendiente de la soberanía, en medio de una deslegitimada dictadura y terminaron de “enchastrar” a la amplia mayoría de sus dignos camaradas. Pero, sin escusas también, están las deudas de la democracia. Allá en guerra; en el frío de las islas entre morteros y trincheras. Acá en democracia, ante el “frío urbano” (hasta institucionalizado) de la incomprensión de quien no observó el flagelante síndrome de la posguerra. Gran contradicción que aumenta las irresponsabilidades: en Malvinas murieron tantos argentinos combatiendo en la guerra, como ex - combatientes que una vez en nuestra casa eligieron quitarse la vida. Vaya paradoja, las siniestras balas inglesas mataron tantos argentinos como los que mató la ausencia y la imperdonable desidia del Estado.

Cuarta conclusión: Malvinas nos expone ante una doble sensibilidad. 1) La causa nacional y el justo reclamo por la restitución a la soberanía nacional del archipiélago usurpado por Gran Bretaña. 2) El dolor latente (fresco y vigente), triste y cruel de la guerra. 

"Con los pibes de Malvinas que jamás olvidaré"

Malvinas siempre aparece. Está en los cantos populares de la cancha y en los grandes estrados académicos. Está en el café, la mesa familiar, los actos escolares, los asados, los recitales. Y seguirá estando y apareciendo. Es por eso que la conmemoración del 2 de abril como “Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas” sigue habilitando espacios para la emoción, la discusión y el debate. 

Nadie podrá quitarle el arraigado sentimiento popular que siempre ostentó el tema como “cuestión nacional”. Pero además Malvinas, condensa y expone la incapacidad para pensar políticas de Estado y nuestra la atroz incomodidad para procesar las muertes trágicas colectivas, despertando siempre la inquietante pregunta de hasta qué punto somos una sociedad que puede maltratar a sus jóvenes, empujándolos al abismo o al destierro.

Los pibes de Malvinas que jamás olvidaremos.

Las Malvinas siguen siendo una deuda pendiente. Tal vez deberíamos contagiarnos (aún en tiempos durísimos, como los corrientes) del entusiasmo esperanzador de aquellas maestras que con tizas de colores pintaban pizarrones: “¡Las Malvinas son argentinas!”. Pero en la actualidad, no solo circunscribiéndolo al merecido, patriótico y reivindicatorio recuerdo, sino además generando escenarios responsables para poder establecer desde nuestros derechos soberanos, una inteligente inserción en el mundo global, con una clara proyección hacia el futuro. Porque volver a “repensar” Malvinas sería un buen puente para pensar en otra Argentina. Y de una vez, y para siempre, soñar sin egoísmos en el porvenir de ese nieto de un Veterano de Malvinas, los mismos que ayer fueron los pibes de Malvinas que jamás olvidaremos.

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