Celebración

San Expedito, el patrono de las causas urgentes

San Expedito es el santo de las causas justas y urgentes. Cada 19 de abril, su figura convoca año tras año a una mayor cantidad de fieles. EL Dr. Alberto Musci deja su mirada sobre este mártir.

Alberto Musci viernes, 19 de abril de 2024 · 08:24 hs
San Expedito, el patrono de las causas urgentes
Nuestra Señora de Balvanera, la Iglesia porteña donde se venera a San Expedito. Foto: Gentileza: Balvanera

La historia de este santo mártir de los primeros tiempos de nuestra era cristiana, cuya devoción podríamos considerar universal, se ha arraigado muchísimo y cada día se extiende más entre los argentinos. Se le profesa una devoción como a pocos santos y su veneración reúne a miles de fieles en su día frente al templo de la parroquia Nuestra Señora de Balvanera, en el barrio de Once en CABA, donde hay un santuario dedicado al santo. Pero también hay una localidad argentina donde existe una capilla dedicada a él. Se ubica en Bermejo, localidad del departamento de Caucete, en la provincia de San Juan, y en la fecha de su veneración también se reúnen miles de fieles para agradecerle y solicitarle su intercesión.

Junto con San Cayetano, uno de los santos más queridos en Argentina

Su veneración es el 19 de abril, fecha en la que se conmemora su martirio y muerte, acontecida en el año 303 de nuestra era cristiana, en la Ciudad de Melitene, actual Malatya en Turquía, junto a cinco colegas suyos (así consta en el martirologio cristiano de esa ciudad) todos militares romanos de alto rango, durante las persecuciones contra los cristianos. Desconocemos la fecha de su nacimiento y el lugar exacto, pero muy probablemente haya sido en la misma ciudad donde murió. No obstante, hay  otros investigadores que piensan que era oriundo de Roma y habría sido enviado en misión militar a Melitene.

Armenio de nacimiento, era ciudadano romano y militar de alto rango. Se desconoce también la edad que tenía al morir, pero se sabe que fue muy joven ya que estaba en actividad aún. Según algunos estudiosos, su nombre era Elpidius y por error de algún copista se registró con el nombre Expedito. Pero la teoría más aceptada es la que dice que en aquel tiempo para muchas personas, el nombre se derivaba de su ocupación. Expedito era comandante de una legión militar especializada: la XII Legión.

Tanto Elpidius como Expedito son nombres romanos, lo cual podría ser indicio de su probable nacimiento en Roma. Pero, por cierto, esto no es concluyente. La XII Legión Romana era un cuerpo muy especial del ejército romano, conformado por soldados y jefes con una gran formación militar, bien disciplinados y entrenados. Se trataba de un cuerpo numeroso, pero de élite, y sus miembros ataviados con vestimenta ligera, sólo con la protección necesaria para la lucha y un armamento similar; no portaban pertrechos de otro tipo, por lo que se tornaban en soldados rápidos y eficaces en sus cometidos.

En el año 174, el emperador Marco Aurelio Antonio, el último de los llamados cinco buenos, al frente de esta legión, estando en campaña contra los Cuados (una tribu germánica) que junto con los marcomanos acechaban por el norte en cruentas luchas, las fronteras del Imperio Romano, fue testigo de un hecho que cambió el rumbo del cristianismo. En una de esas batallas, el enemigo era superior y tenía acorralada a la XII Legión, los soldados exhaustos y sedientos ya eran presas fáciles, pero como entre ellos había numerosos cristianos, éstos, lejos de amilanarse, se hincaron y comenzaron a orar a Dios fervientemente.

En ese momento se desató una atronadora tormenta eléctrica con fuertes truenos, rayos y lluvia, sorprendiendo a los enemigos del Imperio que huyeron despavoridos, mientras que la legión íntegra resultó indemne. Marco Aurelio, sorprendido a su vez, bautizó a la Duodécima Legión como “La Fulminata” (fulminante) y sus soldados pasaron a ser los “expediti” por la rapidez como sucedieron las cosas con un buen final. Pero lo más importante fue que el Emperador emitió un decreto prohibiendo la persecución a los cristianos. Sin embargo, un siglo después, la prohibición dejería de tener efecto cuando Diocleciano la volvió a instaurar. El Emperador era tolerante con la libertad de culto, siempre que se les rindiera culto también a los dioses romanos; no permitía que se renegara de tales dioses, pero los cristianos, como sabemos, sólo tenemos un único Dios, no aceptamos ningún otro porque no es posible que existan.

El emperador Marco Aurelio Antonio acechaba por el norte en cruentas luchas, las fronteras del Imperio Romano.

A lo largo de la historia humana siempre ha sucedió así. El cristianismo como el judaísmo y otras religiones monoteístas, han
sufrido, y aún sucede, grandes persecuciones no tanto por sus dogmas sino por no rendir culto a dioses paganos. Claro es que estos dioses han cambiado de fisonomía y de rostro, pero su esencia continúa tal como la concibió la mente humana desde hace muchos milenios hasta la actualidad: el dios de la ira, el de la guerra, el del placer, el del poder, el de la riqueza y tantísimos otros que son fácilmente reconocibles por todos: dentro del seno de la propia ONU, en estos días, se debatía la posibilidad de etiquetar a los cristianos como criminales de lesa humanidad, porque los principios morales que cultivamos atentan contra las ideologías que algunos pretenden imponer. Sería posible escribir un extenso ensayo al respecto.

Expedito, o Elpidius, fue comandante de la afamada Duodécima Legión Romana, la “Fulminata”, y como tal fue un “Expediti”. Nunca pudo ocultar su simpatía y acercamiento hacia el cristianismo, deseando convertirse a esa religión, lo que llegó a provocarle una lucha interior dado que, por su rango de militar del Imperio Romano, bajo el gobierno de Diocleciano, estaba obligado a rendir culto a sus dioses paganos e incluso llegado el caso, perseguir a los cristianos. La tradición cuenta que cuando tomó la decisión de convertirse, el demonio, bajo la forma de un cuervo se le acerco gritando “cras, cras, cras (en latín: mañana, mañana, mañana) con el objeto de que aplazara su decisión y continuara siendo pagano; a lo cual el santo respondió “¡hodie! ¡hodie! ¡hodie!” (en latín: hoy, hoy, hoy) y añadió: “No lo dejaré para mañana a partir de hoy seré cristiano".

Vivió plenamente su fe hasta llegar al martirio

Diocleciano no toleró tal acto considerándolo como una insurrección y afrenta al Imperio, por lo que ordenó su flagelación con el fin de disuadirlo, pero como los azotes no dieron el resultado esperado, a continuación, ordenó su decapitación. Corría el año 303, y junto con Expedito, otros cinco miembros del mismo ejército corrieron igual suerte por la misma razón: Hermógenes,  Cayo, Aristónico, Rufo, y Gálata. Todos ellos santos mártires también. Posiblemente hubo otros más junto a ellos, pero falta claridad con respecto a otras listas de mártires de similares nombres, distantes en tiempo y lugar. Diocleciano fue el más cruel y sangriento perseguidor de los cristianos. Pero esa persecución ya llegaba a su fin. En el 305, el emperador, debido a las fuertes intrigas palaciegas, fue acusado de traición al Imperio por lo que se vio obligado a abdicar, y tras algunas idas y vueltas (y también luchas armadas) asumió Constantino (el Grande) como nuevo  emperador, quien estaba en proceso de conversión a Cristo. En el año 313, mediante el edicto de Milán, se proclamaba la libertad de cultos sin restricciones; y el 27 de febrero del 380, Teodosio promulgó el edicto de Tesalónica, por el cual el cristianismo pasó a ser la religión oficial del Imperio.

La iconografía presenta a Expedito como un hombre joven, ataviado como legionario romano, bajo su pie derecho aplasta un cuervo que grita ¡cras! Y en su mano derecha con el brazo en alto, sostiene un crucifijo con la palaba ¡hodie! en su brazo y mano izquierdos, porta una rama de palma símbolo del martirio. Es el santo que intercede por las causas y situaciones urgentes y justas. Sus advocaciones son: patrono de las causas urgentes, abogado de las causas imposibles (esto lo comparte con Santa Rita y San Judas Tadeo) patrono de las causas legales prolongadas, y es, además, protector de los militares, los estudiantes, los jóvenes y los viajeros.

Alberto Luján Musci.

* Alberto Luján Musci, médico ginecólogo y obstetra. M.N. 47549 - M.P. 14382. Escritor.

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