Literatura

El informante, un cuento para cortar la semana

Cada tanto es recomendable tomarse unos minutos, hacer un alto y leer un relato literario.

Mariano D'Onofrio jueves, 18 de abril de 2024 · 16:36 hs
El informante, un cuento para cortar la semana
Me han proporcionado una interesante experiencia en materia de negociación, como así también en la organización de proyectos. Foto: MDZ

Necesito detener el mundo por unos minutos. Es de extrema importancia, al menos para mí.

Estoy trabajando en un relevamiento de todo, a solicitud de nadie. La muestra está tomada sobre un universo indeterminado, de cualquier edad y condición socio económica.

El financiamiento del trabajo no ha sido aportado por ninguna organización, empresa o particular.

Respecto a los plazos de entrega, no están definidos. Los aspectos técnicos y estadísticos los desconozco, y definitivamente los resultados del trabajo no serán publicados.

No hay medios de comunicación interesados en el tema, tampoco organismos del estado, academias nacionales, organizaciones de la sociedad civil, representantes de los distintos cultos y credos, clubes deportivos ni de barrio.

En el ámbito educativo he recibido un manifiesto rechazo, el mismo que pude advertir en la industria del entretenimiento.

Mis pocas expectativas sobre el interés que podrían demostrar los canales de televisión fue confirmada inobjetablemente.

En el caso de las emisoras de radio de frecuencia modulada, conocida como FM, adujeron tener una grilla absolutamente saturada. Algo similar, aunque más elocuentemente, me lo han hecho saber autoridades y periodistas de la amplitud modulada (AM).

En el caso de las emisoras de radio de frecuencia modulada, conocida como FM, adujeron tener una grilla absolutamente saturada. Foto: MDZ.

Los radio aficionados siempre están interesados en colaborar con iniciativas como la que represento, trabajo, colaboro y soy responsable. No obstante, me han manifestado que ninguno estaría en condiciones técnicas de operar, considerando un pronóstico climático muy desfavorable para la fecha indeterminada en la que serían dados a conocer los resultados.

No hay comercio que esté dispuesto a venderme las resmas de papel que necesito, tampoco la tinta. Mucho menos disposición han demostrado las cadenas de electrodomésticos y computación en cuanto a la venta de computadoras de escritorio. idéntica reacción en el caso de las portátiles o notebooks.

En lo que respecta a comunicaciones, las empresas telefónicas me hacen saber que no quedan líneas disponibles. Tampoco equipos ni cargadores.

A fin de lograr los resultados más exhaustivos y precisos, he acudido a las consultoras de recursos humanos, las que manifestaron no tener personal disponible al momento.

En estas circunstancias los amigos suelen solidarizarse especialmente, aunque en esta ocasión coincidieron en haber asumido compromisos anteriores.

La familia, la próxima y la extensa, se encuentra de viaje en distintos destinos, lo que hace imposible cualquier participación en esta empresa que he acometido.

La familia, la próxima y la extensa, se encuentra de viaje en distintos destinos. Foto: MDZ.

En esta primera evaluación que surge de los plazos que he determinado según un formato del diagrama de Gantt, herramienta que no he llegado a comprender todavía, puedo aseverar que los resultados hasta el momento han sobrepasado largamente mis expectativas.

Asumo mis gestiones como algo positivo, en tanto me han proporcionado una interesante experiencia en materia de negociación, como así también en la organización de proyectos.

Ahora bien, en el afán de prolongar algún eventual interés en este relato, invertiré el proceso. Es decir, enunciaré una muestra de quince de las mil doscientas preguntas formuladas, para luego explicar el propósito del trabajo, si es que hubiere alguno.

¿Qué oficio o profesión tiene un señor de entre 48 y 52 años de edad, que esté caminando en este preciso momento (17:50 horas CET, Central European Time) en la intersección de Schnedgasse y Letstrasse en Vaduz, ciudad capital del Principado de  Liechtenstein?

¿Cuál es la comida preferida de los niños de educación primaria en Biskek, ciudad capital de Kirguistán?

¿Cuánto pescado de río consume por año la población de Chipre?

¿Cuáles han sido los resultados de las pruebas de comprensión de textos y cálculos matemáticos en el nivel primario de la De Vrije School en Paramaribo, Surinam?

¿Cuál es el color preferido para esta temporada de las mujeres jóvenes de Belice?

¿Cuántos hombres de entre 30 y 45 años han sido intervenidos quirúrgicamente en la ciudad de Warrnambool, Australia?

¿Cuánto gasta en promedio un turista en el restaurant Kripe Dhe Piper, en la ciudad de Tirana, Albania?

¿Cuántas horas en promedio duerme un ciudadano de Alyeska, en Alaska?

¿Cuántos baches se han reparado en los últimos 5 años en la calle Diluwa Khutugtu Jamsrangjab de la ciudad de Ulán Bator, capital de Mongolia?

¿Qué porcentaje de ciudadanos uruguayos prefieren el jamón crudo sobre el cocido?

¿Cuántos ciudadanos de Ruanda son capaces de identificar la cúrcuma cuando es utilizada en reemplazo del azafrán?

¿Cuántos jóvenes admiran a Isaac Stern en la ciudad de Sidi Bou Said en Túnez?

¿Cuál es la variedad de pizza preferida en la Bretaña Francesa?

¿Cuántos griegos han visitado las pirámides egipcias?

¿Cuál es la variedad de shampoo preferida en Lost Springs, en el Condado de Converse, en Wyoming, EE.UU?

¿Qué porcentaje de ciudadanos uruguayos prefieren el jamón crudo sobre el cocido?

Como se podrá observar, es portentosa la cantidad de preguntas que uno debe formularse a fin de lograr datos significativos, que puedan ser accesibles tanto a la comunidad científica como a la pública o estatal.

Una lectura profunda y sistemática de este material, podría adelantar a la humanidad toda a razón de veinte años en materia cultural. Humildemente me atrevo a considerarla una nueva Biblioteca de Alejandría.

Lejos está Internet y su popular Wikepedia de este sorprendente relevamiento.

Adivino que estará pensando usted en la muy mentada Inteligencia Artificial. Le anticipo que sufrirá una gran decepción al respecto. Este nivel de datos cruzados, de especificidad en la información, es muy superior a experiencias como el Chat GPT.

Recuerdo la época de las guías telefónicas, esos grandes tomos de papel pasmosamente henchidos de tinta agrisada; un gesto reservado a los entendidos, ya que el negro pertenecía en el mundo ideal al registro de todos los registros, el oráculo de la información.

Estos verdaderos tomos me desvelaban en la noche o me interrumpían el sueño con estremecedoras pesadillas. En sueños me encontraba solo, sobre un paño blanco interminable, sin principio ni final, sin costuras ni dobleces, sin texturas, ni olor alguno. Sin estímulos para el gusto ni el oído. Me recuerdo allí, flotando como un alma en pena, en total transparencia y sepulcral silencio.

La ansiedad me retorcía. La memoria hacía ademán de aparecer y tan pronto yo la reconocía, se desmaterializaba.

Recuerdo una noche imborrable, me desperté y levemente me reconocí. Duró lo que un suspiro, al instante volví al paño blanco y la conciencia vacía.

Son muy duros estos procesos. Sobre este mismo tema escribió una santa alemana en el Medioevo. Fue así, leyendo sus escritos, que algo de aquello que sufría en sueños pude recuperar. Aunque fuese el infierno mismo, no tendría memoria de ello, si quitarme totalmente la conciencia era el castigo. Era ese mismísimo atisbo de registro, lo que me sofocaba.

Volviendo a las guías, con paciencia y mucha dedicación, he logrado obtener todos los ejemplares editados en nuestro país. Claro que los reuní en la medida de mis posibilidades. En total fueron tres años de búsqueda. De todos modos la experiencia indica que no se producen cambios significativos en el transcurso, por ejemplo, de un trienio.

Jugaba con sus hojas interminables, las leía, las miraba, las palpaba. Siempre admiré al editor.

Elegía, por ejemplo, una característica telefónica determinada, fuera ésta de la ciudad de Buenos Aires en cualquiera de sus barrios, o en las zonas aledañas mejor conocidas como Primer Cordón. Sólo aplicando estos dos criterios, era casi materialmente imposible jugar este maravilloso desafío de las preguntas infinitas, con respuestas no menos incalculables.

Preguntas como cada cuánto tiempo necesita cortar el pasto un vecino de Boulogne, provincia de Buenos Aires, en un terreno de 300 metros cuadrados, con 160 de ellos construidos, respecto de otro en las mismas condiciones, aunque en Berazategui (misma jurisdicción que la anterior); aportan datos de un valor incalculable a un corpus que en un breve plazo podría sobrepasar la capacidad de un monstruoso servidor universal.

Cada cuánto tiempo necesita cortar el pasto un vecino de Boulogne.

Eran tantas las fuentes de información, tantas las preguntas y respuestas, que sin un cierto dominio de sí, hubiera resultado imposible este humilde proyecto de registro, esta modesta colección a la que he dedicado gran parte de mi vida, la que me apura y desafía, descontando el tiempo de un reloj de arena.

Los medios de transporte merecen un apartado especial.

Los subterráneos, invadiendo radicularmente la profundidad de la tierra llevan millones de millones de datos. No menos de los que aportan los colectivos, taxis, autos particulares, motos, bicicletas y peatones.

Reconozco que en distintas oportunidades he sentido cierto ahogo. Mis dedos se acalambran en el teclado, mis manos se hinchan y deshinchan con independencia de mi cuerpo. Mis brazos se han hecho fuertes, mis venas no se contienen en ellos, y lentamente estoy perdiendo la vista.

Descubrir, advertir, reconocer, comparar, clasificar es maravilloso, pero nada de ellos tendría sentido si no fuese debidamente registrado.

A veces me encuentro cansando, pero no puedo abandonar algo que he descubierto, de lo cual me siento orgulloso, y a lo que he dedicado mi vida toda.

Este proyecto particular al que me he referido en este texto es solo una excusa. Es más de lo mismo, a mi modesto entender es más de lo único.

¿Cómo podría desentenderme de esto que es abrumadoramente fascinante? Que a los demás no les interesa, ni es cierto, ni tampoco han tenido todavía suficientes elementos como para arribar a una ponderada opinión.

Reconozco algún egoísmo que he sentido en los comienzos de esta aventura. La sentí tan maravillosa, tan desafiante, que la quise acaparar toda. Más temprano que tarde entendí que cuantos más encuestadores, coleccionistas, archivistas, estadísticos y científicos en general participasen, tanto más rico sería el resultado, y tanto más largo el paso que diera la humanidad en esto del saber.

Pero fui egoísta, fascinado por las luces de mi descubrimiento lo quise solo para mí, y para cuando llegué a comprender lo que sucedía, quizás fue tarde.

Dos o tres palabras sobre mi persona. Las remarco especialmente porque según algunos profesionales, son la causa de esta maravillosa aventura que ellos despectivamente llaman “obsesión”.

En mi historia clínica se lee, entre otros detalles que no son de interés de este relato, que el paciente -yo en este caso-, sufre un trastorno de ansiedad y obsesivo compulsivo. Ambos se manifiestan en una persistente propensión a la acumulación, la que en mi caso particular, y según este documento al que hago referencia, es de preguntas, respuestas, datos e información.

Por los motivos expuestos, reza la categórica resolución, queda suspendido en el ejercicio de su actividad profesional,  suspendiéndose su matrícula de médico psiquiatra por tiempo indeterminado.

No se me ha brindado posibilidad alguna de recurrir, de apelar la resolución. Los miembros del Tribunal de Conducta han fallado de forma casi unánime.

Como buen observador que soy, había reparado especialmente en el miembro del tribunal que se abstuvo de votar. Durante la sesión mostró una actitud sostenidamente dispersa, llevando la mirada de un lado al otro, tomando notas en forma compulsiva y ajena a los tiempos que marcaban los testimonios. En dos oportunidades solicitó una ampliación de la documentación probatoria y se permitió, casi en el límite de lo ilícito y ridículo, tomar fotos del jurado y la sala en general.

Al salir me miró en forma compasiva, sostenía entre sus manos una considerable cantidad de papeles escritos a mano, y para mi sorpresa agachó la mirada y la cabeza, casi como quien espera una bendición.

Mariano D’Onofrio.

* Mariano D’Onofrio, docente. marianodonofrio@gmail.com

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