Postales de nuestra historia

San Martín y las leyendas urbanas: la historia, los mitos fundantes y el peso de las imágenes

La viralización de una imagen que refiere a seis presuntos Granaderos que combatieron en San Lorenzo abrió el debate sobre la información que circula en las redes.

Gustavo Capone
Gustavo Capone lunes, 15 de abril de 2024 · 07:32 hs
San Martín y las leyendas urbanas: la historia, los mitos fundantes y el peso de las imágenes
Todos los días, en la Plaza de Mayo, siete Granaderos marchan desde la Casa Rosada hasta la Catedral.

Las osadas historias de Lancelot del Lago, o simplemente: Sir Lancelot, aquel intrépido caballero de “la mesa redonda” de Arturo; Leónidas y un grupo de 300 espartanos en el paso de Las Termópilas sosteniendo el avance persa; la carrera de Filípides, uniendo el campo de batalla de Maratón con Atenas, para informar la noticia del triunfo griego y tras trasmitir el mensaje, falleciendo por el agotamiento; el gladiador y esclavo Espartaco, oriundo de Tracia, sublevando a los esclavos de Roma. Todos estos son relatos que constituyen un puñado de recuerdos, leyendas heroicas, que terminaron formando parte del imaginario popular universal, consagrándose como hitos fundantes para sus distintos imperios.

La misma muerte del Sargento Cabral, “el tambor de Tacuarí”, las “Damas Patrióticas”, “el pueblo quiere saber de qué se trata”, “el negro Falucho” o la Vuelta de Obligado, son solo algunas de las figuras y expresiones apoteóticas nacionales, con mucho de leyenda, que se constituyeron en verdades irrefutables para nuestra imagen colectiva. No porque no merezcan ser reconocidas por sus nobles y heroicas acciones, pero indefectiblemente fueron cargadas por nuestra historiografía con una alta cuota épica que no siempre se condijo con la realidad. Eran épocas de la “educación patriótica”. Y hasta podríamos coincidir que ayer, en ese momento de principios del siglo XX, fueron “necesariamente agrandadas” y narradas como legendarias epopeyas para “argentinizar” y afianzar la identidad nacional. Buscaban cautivar; generar idolatrías; conmover; enamorar. 

Nuestro país, por esos años, estaba cubriéndose afortunadamente de inmigrantes, y la población argentina se había casi quintuplicado (CN de 1869: 1.800.000 habitantes / CN de 1914: 7.800.000 de habitantes), donde la mayoría de nuestros pobladores conocían mucho más (propio de sus países originarios) de los reyes católicos, Garibaldi, Montesquieu, Napoleón, Juana de Arco, Saladino o Hércules que sobre el salteño Güemes, el director supremo Pueyrredón, Mariquita Sánchez o la prédica de Belgrano.

Otra vez San Martín

Hoy, un nuevo desafío nos convoca. Un nuevo paradigma se instala: “Ser, es ser visto”, frase que habría adaptado Pierre Bourdieu (1930 – 2002) de un poema del chileno Pablo Neruda (1904 – 1973). “Si no te ven, pareciera que no existís”, estaría trágicamente advirtiendo (con pesar) el genial sociólogo francés. Por ende, una foto o un titular de noticias, en nuestra vertiginosa y urgente contemporaneidad, ya establece una sentencia. 

No hay profundización, por eso somos tan vulnerable a las estafas mediáticas, por ende, el tiempo actual nos provoca a todos, a tener que estar argumentando y justificando permanentemente, si queremos comprometernos con ciertos lógicos estándares de imperiosa responsabilidad. 

¿Cuál fue el caso que involucra a San Martín? Hace un tiempito se volvió a viralizar por todas las redes sociales un comentario, donde se señalaba que el día que fueron repatriados desde Francia en 1880 (tras 30 años de su muerte) los restos de San Martín al país, aparecieron siete viejos Granaderos, camaradas del General, con sus uniformes de antaño y montados en caballos para acompañar el féretro en todo su recorrido. Ese sería el motivo por lo cual son precisamente siete los custodios permanentes del mausoleo de San Martín en la Catedral de Buenos Aires, completaba la información. 

José de San Martín.

Que son siete los centinelas que honran la tumba de San Martín es real. Todos los días, en la Plaza de Mayo, siete Granaderos marchan desde la Casa Rosada hasta la Catedral. De ellos, dos quedan montando guardia en la entrada al mausoleo, mientras que cada dos horas regresan los otros cinco a ese punto para concretar un cambio de guardia. Cuando el día llega a su fin, con una marcha silenciosa, los siete soldados regresan a la Casa Rosada. Pero que aquel relato de los siete legendarios granaderos fuera la justificación es absolutamente irreal y mentiroso.

Leyenda urbana que pretende consolidar la profunda lealtad de los Granaderos con el Libertador de América. No era necesaria. La ligazón entre San Martín y los Granaderos no requiere de falsedades. 

El hecho cae por su peso. No existe ningún archivo, ni crónica de la época, que reflejare aquel sucedido. Imposible que pasen inadvertidos siete personas de más de 80 años llegando “a caballo” y luego caminando por Buenos Aires con aquellos uniformes deshilachados por el tiempo y los combates. Pero además que ningún diario porteño repare sobre el hecho, con la magnitud que había tomado el evento. Con presencias ilustres y discursos incluidos, nada más, ni nada menos, que de Sarmiento y el presidente Avellaneda. 

¿Dónde puede radicar la confusión que dio origen a la leyenda? Luego de acompañar a San Martín en toda la gesta independentista y tras la batalla final de Ayacucho (Perú – 9 de diciembre de 1824), llegaron a Buenos Aires en 1826, los últimos 88 soldados (no fueron 78, como dicen muchas crónicas históricas) de la campaña libertadora sanmartiniana. Provenían de Perú, pasaron por Chile, y de ahí recalaron en Mendoza. Y desde la ciudad cuyana volvieron a la capital porteña. Muchos tenían la expectativa de cobrar sueldos atrasados o tener un mínimo reconocimiento. Nada de esos sucedió. No tenían ni un patacón para el regreso. Una colecta popular en Mendoza y algunas provisiones brindadas por el gobernador mendocino, Juan de Dios Correas, ayudó en el traslado. Veintitrés carretones, junto a diez jinetes, llevaron a los 88 sobrevivientes de la gesta hasta la ciudad portuaria. 

Entre esos 88 soldados, se encontraban solo 7 hombres que pertenecieron al cuerpo de Granaderos, y que siguiendo a San Martín llegaron hasta el campo El Plumerillo  (Mendoza) en 1814 para formar el ejército que cruzará Los Andes: el coronel Félix Bogado, Paulino Rojas, Francisco Olmos, Segundo Patricio Gómez, Dámaso Rosales, Francisco Varga y el trompeta Miguel Chepoya. 
Pero además hubiera sido imposible el suceso relatado y que los siete Granaderos esperarán los restos de Don José. Solo algunos datos que confirman la irrealidad. Félix Bogado, oriundo de San José de Nepomuceno (Paraguay), que llegó a coronel, murió de tuberculosis en 1829.  El capitán catamarqueño Francisco Olmos falleció en Buenos Aires el 1 de julio de 1835. Miguel Chepoya, el trompetista indio guaraní perdió su vida en el combate de Ituzaingó (20 de febrero de 1827) peleando contra los brasileños. José Paulino Rojas (cordobés) fue abatido en las guerras civiles argentinas, al igual que Paulino Rojas, fusilado en 1835. Por lo cual el emotivo y épico relato, si bien conmueve, adolece de veracidad.  

La nueva foto viral 

También recientemente en las redes sociales circuló otra foto puntual con argumentos falsos. Dicha fotografía muestra una imagen con un título de nota, donde se pueden observar, según la crónica, a seis (de los siete) de aquellos Granaderos que combatieron en San Lorenzo y que a su vez estuvieron presentes en la comentada repatriación de los restos de San Martín. Mentira rotunda. “Bad information”; diría una presidenta argentina. Mala información. 

La foto de seis soldados que no son Granaderos y que en las redes se viralizó con información confusa.

Dicha foto nos muestra, en realidad, a soldados de Urquiza y veteranos de la batalla de Caseros (3 de febrero de 1852), miembros del Ejército Grande, que derrotó a Rosas. La fotografía fue tomada en 1920. El lugar que se puede ver es la Escuela Normal de Concordia, en un acto de homenaje al General Urquiza. La batalla de San Lorenzo se libró en 1813. La foto es de 1920. Como mínimo cada uno de esos seis Granadero debería tener, más de 107 años. 

En fin. Mentiras más, mentiras menos. Es triste reconocerlo, pero la historia también se escribió así. “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.

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