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Migran, cosechan y logran que sus hijos estudien en la universidad

Los cosechadores de la uva llegan desde varios puntos del país y muchos se arraigan a Mendoza. La historia de los Ramos, que llegan desde Jujuy y lograron romper la inercia.
Un cosechador durante la exigente jornada. Foto: Walter Moreno/Mdz
Un cosechador durante la exigente jornada. Foto: Walter Moreno/Mdz

Adolfo cosecha a un ritmo frenético. Llena la gamela con los 20 kilos de malbec, los carga al hombro y va al trote para descargar la uva que será vino y que quizá en dos años alguien descorche en algún lugar del mundo. Gabriela, su esposa, lo toma con más calma. Es su segunda vendimia en Mendoza. Elige las uvas con mayor pausa, sube el tacho al hombro y se sostiene la cintura con una de sus manos. En otra hilera están Matías y Marilina, dos de sus hijos que se curten en el campo antes de decidir qué van a hacer en los próximos años. La familia Ramos está en la última semana de cosecha, en la viña de la bodega Santos (Maipú) antes de volver a Monterrico, el pueblo rural de Jujuy donde viven el resto del año.

Gabriela recorre las hileras para cosechar uva Malbec.
 

Tienen una vida simple. Salen de gira productiva en cada época de cosecha según cada producto: el tabaco en Jujuy, el ajo primero, la papa y la uva en el cierre de temporada en Mendoza. Donde haya trabajo, están. Pero Adolfo y Gabriela lograron frenar la inercia y tienen motivo de orgullo. “Los dos más grandes se quedaron porque están en la Universidad”, dice Gabriela. 

Esos jóvenes eran cosechadores y ahora sueñan con ser programadores. Para eso estudian en la universidad pública. “Están con Ingeniería. Antes ellos acompañaban, pero pudieron entrar a estudiar. Uno es policía, y los otros estudian en la Universidad", explica Gabriela. Sus otros dos hijos cargan tachos en la finca, pero esperan que sea temporal. “Los traemos para que se incentiven más…pero que después estudian, o este es el trabajo. Aprovechan la temporada y este año deciden qué hacer”, dice la mujer.

La cosecha se realiza en forma manual. Foto: Walter Moreno/MDZ

El trote de Adolfo tiene una razón de ser. Son 900 pesos por tacho, y la idea es llegar a 40 tachos en el día. El tiempo vale porque la cosecha de uva es intensiva. El pago y el ahorro de hoy, será el pan del invierno. Pero esa planificación se complica por el contexto negativo.

Gabriela y Adolfo comparten labores y son padres orgullosos. Foto: Walter Moreno/MDZ

Mendoza fue siempre el principal destino de trabajadores migrantes. Desde noviembre comienzan a llegar, principalmente desde el norte del país. La fuerte corriente de trabajadores bolivianos se detuvo. No conviene venir a hacer temporada. Bolivia tiene la monera más fuerte del continente, Argentina la más débil. Pero los vínculos son profundos. Muchas de las familias que vinieron a probar suerte hace tiempo, se arraigaron y echaron raíces. Ugarteche, en Luján, el barrio 25 de Mayo, en Maipú, y Cordón del Plata, en Tupungato, dan cuenta de ello.

 

 

No robes, no mientas, no seas flojo

"Ama Sua, Ama Llulla  Ama Quella". La frase insignia de la comunidad boliviana está presente en la provincia. El arraigo de la comunidad boliviana es tan alto que en los departamentos rurales hay una fuerte impronta de migrantes. En Tupungato, por ejemplo, el 20% de la población nació en otra provincia o en otro país. Maipú y Luján tienen una conformación similar. Incluso, según el Censo del 2022, que relevó datos específicos, hay muchas familias mendocinas que mantienen la lengua de su pueblo originario.

Para que la jornada rinda hay que actuar con rapidez. Foto: Walter Moreno/MDZ

El quechua, kolla (dialecto que mezcla varias lenguas) y la lengua aymará se mantiene en esas comunidades e incluso tiene más presencia que otras lenguas originarias de Mendoza. Según el censo, hay más de 3 mil personas que hablan esos idiomas y dialectos y los descendientes de pueblos originarios del norte argentino y Bolivia superan a quienes provienen del pueblo mapuche, por ejemplo. Lo que antes era el trabajo de la tierra, también se traspasó a la propiedad y producción propia.  

 
Cada persona elige un sector para extraer los racimos. Foto: Walter Moreno/MDZ

Día de trabajo

Tienen la cabeza tapada, el cuello envuelto para cuidarse del sol. Los ojos de los cosechadores se esconden en la sombra de esos atuendos. Guantes en las manos y un fichero que cuelga: allí va a parar a moneda de cambio de la vendimia. El fin de semana pasarán por “caja” para transformar cada ficha en pesos.

Gloria es la capataz. Controla y entregas las fichas. Antes, temprano, reúne a la cuadrilla en Ugarteche.  “Ahora hay más gente norteña. De Bolivia no han venido muchos, porque no conviene venir. El pasaje es caro. Hay menos gente y un poco menos de trabajo. Parece que están metiendo mucha máquina también las  fincas”, dice la mujer, que tiene las uñas esculpidas y no usa guantes como el resto de los trabajadores.

Los tachos se llevan en el hombro. Foto: Walter Moreno/MDZ

Para algunos es la primera experiencia. Es lo que ocurre con Lautaro, de 19 años, que se convirtió en vendimiador autodidacta. "Es mi primer día", dice algo agitado. A su lado otro jujeño masca coca y también cosecha contrarreloj. Con abril en el calendario, se acerca el momento del retorno para muchos y de cambiar de rutina en Mendoza para otros. La uva que acaban de cosechar seguirá su camino para convertirse en vino. Gabriela y Adolfo terminan la jornada como iniciaron; en familia. Vuelven a Ugarteche a descansar y planificar el regreso. Ellos migran, cosechan y lograron abrir un camino distinto para sus hijos. "Es un orgullo. Queremos que los chicos estudien y progresen porque este trabajo es duro”, dice Adolfo. 

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Los racimos se depositan en un bin. Foto: Walter Moreno/MDZ

 

Las fichas que se entregan luego serán canjeadas por dinero. Foto: Walter Moreno/MDZ con Moto Edge 40

 

Los trabajadores cubren su cuerpo para no sufrir los efectos del sol. Foto: Walter Moreno/MDZ

 

Un pequeño descanso durante la jornada. Foto: Walter Moreno/MDZ

 

Los frutos listos para ingresar a la bodega. scanso durante la jornada. Foto: Walter Moreno/MDZ