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Vivir en crisis: cómo afecta a la sociedad la falta de salud mental

Cuáles son las consecuencias de transitar un estado de constante incertidumbre. Qué opinan los profesionales.
Argentina es uno de los país con más psicólogos per cápita del mundo Foto: Archivo MDZ
Argentina es uno de los país con más psicólogos per cápita del mundo Foto: Archivo MDZ

La semana pasada, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó que en la República Argentina hay 19,4 millones de personas que son pobres. Ese porcentaje abarca al 41,7% de la población nacional. Si los números son impactantes, imaginemos las historias que se esconden tras la crisis económico-social que atraviesa el país. Personas que pierden el trabajo, padres y madres que no pueden alimentar a sus hijos, estudiantes universitarios que se ven obligados a abandonar su carrera al verse obligados a buscar trabajo. Ese contexto, acelera la aparición de patologías que afectan la salud mental de miles de compatriotas que sufren el impacto de una situación desesperante. 

Argentina es uno de los país con más psicólogos per cápita del mundo, sino el que más. El dato dejó de ser llamativo cuando fue publicado hace años por un simple motivo: a nadie le sorprende que tantas personas hagan terapia en una nación acostumbrada a las crisis constantes. Sin embargo, resulta necesario analizar cómo impactan en su población.

Durante las crisis, los cuadros tienden a acentuarse.
Foto: archivo MDZ

El psicólogo Mauricio Strugo, está grabando actualmente un podcast llamado HDP Hora de Pensar. El próximo episodio estará dedicado a la ansiedad, "uno de los trastornos dentro de las patologías actuales más comunes en estos tiempos", explicó a MDZ.  "La característica principal de la ansiedad es vivir en un estado constante de angustia, con sentimientos constantes de que estamos corriendo peligro sin que verdaderamente siga estando presente el objeto que nos produjo el estrés. Vivimos preocupados, con incertidumbre. El no saber que va a pasar y no poder planificar o proyectar nos descentra y enferma gravemente", señala el profesional.

"No sé si aumentan las enfermedades, pero si aumenta el malestar subjetivo y social en general, se podría pensar que los cuadros que cada persona posee en estos contextos se acentúan, empeoran, ya que lo que ocurre en el contexto, lo que le ocurre a los otros nos influye y nos atraviesa de alguna manera u otra", explica la psicóloga, Natalia Virginia Pepe.

La crisis, un caldo de cultivo para las enfermedades mentales

Según señalan los especialistas, el aumento de la violencia y el malestar social en las calles actúa como un catalizador del descontento. La situación multiplica la cantidad de personas que se sienten frustradas constantemente. "Si estamos todo el tiempo pendiendo de un hilo y no hay de donde agarrarse es difícil saber cuál es la solución. Entonces, las personas terminan quejándose y no hay nada mas corrosivo para nuestra salud mental que la queja, que nos va matando poco a poco porque nos vamos llenando de resentimiento", opina Strugo. 

Las consecuencias de suspender un tratamiento

Mientras el poder adquisitivo de la sociedad continúa pulverizándose, las prioridades empiezan a reducirse en cada hogar argentino. Hoy, en una nación donde más del 40% de las personas se encuentra bajo la línea de la pobreza, los ingresos se destinan a comer, pagar el alquiler, vestirse y, en el mejor de los casos, continuar abonando un plan de salud. Esto hace que muchos pacientes que actualmente se encuentran atravesando un tratamiento terapéutico, desistan de acudir a terapia por no poder abonar los aranceles profesionales. Ojo, en muchas oportunidades los propios psicólogos continúan atendiendo a las personas a pesar de la crisis.

"Siempre es un tema de discusión el honorario, pero se acentúa en tiempos de crisis social, económica y política. En mi caso, como en el de muchos colegas más, considero el caso por caso, o sea, va a depender de la persona que esté en tratamiento, tener en cuenta su singularidad, sus posibilidades. Se hace lo posible para que el tratamiento se pueda sostener, por eso me parece muy importante el intercambio entre terapeuta y paciente, para poder convenir un honorario que cierre a ambos, ya que también está el lado de los profesionales que vivimos de esto, que también en tiempo de crisis nos conlleva una carga más grande aún con un nivel de responsabilidad muy alto", explica Virginia que, a la vez, afirma que a pesar de la crisis, pocos pacientes han abandonado el tratamiento "porque se intenta hacer lo posible para que no suceda".

Y agrega: "Es complejo repensar también la frecuencia de la actualización de honorarios ya que antes lo hacía cada seis meses, después cada 3 y ahora cada 2. La realidad es que es imposible marcar un ritmo con esta inflación. Es muy desesperante que una persona necesite tratamiento y no pueda continuarlo, cuando los sistemas de salud público colapsan también. Hay mucha desolación para la sociedad entera".

"Si la persona que se estaba ahogando, conseguirse mantenerse a flote porque al menos una vez por semana podía quejarse libre de prejuicios, entendiendo que no todo lo que sucede es responsabilidad de él, decide discontinuar su terapia, puede llenarse de resentimiento y terminar en una depresión", finaliza Strugo.