El origen del Ni Una Menos: la madre de Chiara Páez reflexionó sobre el 8M y recordó su último abrazo
Una chica que no volvió a su casa, una madre que entró en desesperanza y un país entero que se cansó. Chiara Páez fue asesinada en 2015 por su novio luego de quedar embarazada, y de esta tragedia estalló el movimiento Ni Una Menos, que incluso traspasó las fronteras de Argentina. Durante este 8M, Verónica Camargo, mamá de la joven santafesina, reflexionó sobre el significado de la lucha y ese último abrazo que se dio con su hija, sin imaginar que era la despedida.
Fue un arrebato tan injusto que no le quedó otra que estallar en más de 80 ciudades y conformar esa masiva marcha del 3 de junio del 2015, cuyo núcleo estaba al frente del Congreso de la Nación. Sin saberlo, cada uno de los manifestantes dejó una marca imborrable: se trató de la mayor protesta contra la violencia de género en la historia argentina. Una muestra de lo que ocurre cuando la indignación, el hartazgo, el miedo y la furia se unen.
Femicidio: la despedida que no debió ser
La pesadilla cobró vida aquel 9 de mayo del 2015, en la ciudad de Rufino. La adolescente había sido vista por última vez a la 1.30 de la madrugada, cerca de la escuela de Educación Técnica Nº286. Esa noche se había juntado en otra vivienda con un grupo de amigas; uno de los padres de ellas la dejó salir, algo que su madre no le permitía, y jamás regresó.
En diálogo con MDZ, Camargo dio largos y profundos respiros antes de recordar: "El dolor fue desgarrador, desesperante, nunca me imaginé semejante horror, despedir a Chiari fue demasiado. Aquel día, cuando se va de casa para verse con sus compañeritas, nos despedimos con todo el amor del mundo, sin imaginar que esa iba a ser nuestra despedida final. Nunca me imaginé que ese iba a ser nuestro último abrazo".
"Era habitual saludarnos con entusiasmo, Chiaria siempre fue muy cariñosa, de abrazar mucho, de decirme constantemente 'te amo'", detalló esta madre, que desde entonces no ha parado de luchar y tampoco pretende hacerlo. En este sentido, añadió: "Ese momento luego tuvo mucho significado y ninguna lo sabía".
La noche que encontraron a Chiara Páez
Chiara es una amiga, una madre, una hermana, una colega, una compañera. Desde su desaparición hasta el hallazgo de su cuerpo en la casa de su novio, Manuel Mansilla, la noticia no dejó de correr por cada diario, radio y televisión. Su rostro estaba en remeras, carteles y dibujos. Su nombre se escuchaba en las conversaciones; estaba en el extenuado grito que pedía que la violencia de género y los femicidios cesaran de una vez. Páez era todas las que ya no estaban y aquellas que ya no iban a estar.
Embarazada de tres meses, Mansilla se negaba a que ella decidiera libremente sobre su cuerpo y la presionó para que interrumpiera la gestación. Aquella fatídica madrugada, la interceptó y asesinó a golpes, escondiendo el cadáver en el patio de la casa de sus abuelos. El celular de la víctima apareció en un descampado sin chip, que fue activándose y desactivándose en diferentes partes de la localidad a modo de distracción.
"Esa tardecita, cuando apareció su cuerpo en la casa del asesino, la verdad que estuve muy acompañada, no sólo por mi familia y amigos cercanos, sino por toda la comunidad. Cuando se hizo pública esta desaparición, desde temprano todos estaban afuera de mi casa, algunos adentro; en la calle habían familias completas pidiendo por mi hija, y esto también ocurrió en el velorio, personas de diferentes lugares que se acercaron a apoyarme", contó Verónica.
Ni Una Menos: débil condena para Mansilla
A las 21.30 del domingo 10 de mayo, veinte horas después de que se perdiera el rastro de la joven, se concretó el hallazgo de su cuerpo. Minutos antes, Manuel le confesó el crimen a su padre, que es policía. El joven le habría contado que se generó una discusión dentro de la casa y "perdió el control". Ya su actitud había estado levantando sospechas durante la búsqueda.
El femicida, de 16 años, se presentó ante la comisaría de Rufino, al Centro Penal de Justicia, donde confesó haber perpetrado el asesinato y quedó detenido. Es al día de hoy que las dudas siguen sembradas en su relato: dijo que actuó en soledad, pero Chiara era bastante alta, mover todo ese peso muerto por la casa y enterrarla solo parece un escenario complicado. Se apuntó contra los abuelos y sus padres como posibles encubridores o partícipes del crimen. Y si bien jamás fueron condenados, debieron abandonar Rufino.
La condena originalmente fue de 21 años y 6 meses, que luego la bajaron a 15 años. "Entendíamos que acá, por las leyes que tenemos en Santa Fe, era menor de edad durante el juicio y la pena terminó siendo, en un principio, más alta de lo que se esperaba", recordó la madre de Chiara.
"Pero insisto en la frialdad con que él cometió el crimen. Cuando terminó de asesinar a Chiari, me llamó por teléfono a mi para decirme que ella jamás volvió del encuentro con sus amigas. Llegó a juntarse con ellas y luego se encontró con él. No era la mentalidad de un niño", indicó.
En este sentido, reflexionó sobre cómo funciona el Poder Judicial y la repercusión de que este actúe correctamente: "Se lucha para esto. Pero cuando se les da perpetua a un asesino, pareciera que se hizo justicia porque estará encerrado y todo terminó, pero los únicos que tenemos perpetua somos quienes perdimos a alguien".
Reconoció que "de no haber sido por la magnitud que tomó el asesinato de Chiara, no la hubieran encontrado ni se hubiese podido lograr la poca justicia que se alcanzó tan rápido", como ocurrió con Fernando Báez Sosa o Lucio Dupuy. Pero este fue un caso más de los tantos que se desarrollan a diario y no llegan a ser noticia. Con el tiempo la gente se olvida, sueltan a los culpables y gana la impunidad. "Aún recuerdo cuando veía al papá de Mansilla por la calle, me causaba mucha angustia", sumó Verónica.
El estallido de Ni Una Menos y la marcha que hizo historia
El femicidio de Chiara Páez fue el detonante del movimiento "Ni Una Menos". La gota que colmó el vaso. El grito que finalmente escapó. La primera gran marcha fue el 3 de junio de 2015, cuando unas ochenta ciudades de Argentina protestaron contra los femicidios y la violencia machista. El punto principal de concentración, a su vez, se dio frente al Congreso de la Nación, donde más de 300.000 personas decidieron decir 'basta'.
"No me imaginé nunca que el asesinato de mi hija iba a tener semejante magnitud. Siempre digo lo mismo, pero ese 3 de junio no estaba consciente de la dimensión, la magnitud que había tenido el caso. Ese día y a los siguientes, viendo cómo los medios mostraban la marcha y la llegada, comencé a caer en que fue un hecho histórico. Fue muy fuerte ver en las pantallas el rostro de Chiari y otras chicas más, pero me dio valor", señaló Verónica.
No hacía ni un mes que su hija había muerto, cuando viajó de Santa Fe a CABA para marchar por su niña y todas las víctimas de la crueldad machista. Mil veces había lamentado la muerte de otras jóvenes, como Ángeles Rawson o Candela Rodríguez, sin poder imaginar cómo ese dolor podría entrar en el cuerpo de una madre; lamentablemente le tocó a ella y esas otras mamás fueron sus aliadas, con quienes conectó en encuentros y charlas.
Y todo se empieza a gestar la noche que hallaron el cuerpo de Páez, con aquel primer tuit de la periodista Marcela Ojeda: "¿No vamos a levantar la voz? ¡Nos están matando!". Junto a varias colegas más crearon el movimiento de Ni Una Menos, que incluso se extendió a varios países más.
"Se empieza a hacer la convocatoria y Marcela me llamó para ser parte, para que viaje. Mi primera respuesta fue no, estaba devastada, luego me uní. Siempre voy a estar agradecida por su acompañamiento, paciencia, cariño, cuidado. Me contenían todas y me hacían ver la importancia de comprometerse, no sólo por Chiari sino por otras mujeres, niñas, adolescentes. Me cuidaban de otros periodistas, de las entrevistas, de las preguntas que pudieran llegar a hacerme, de tanta exposición", dijo Camargo.
La reflexión del Día de la Mujer
El Ni Una Menos la acompañó hasta un cierto punto. Cuando se manifestó en contra de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el Congreso, se cortó el contacto. "Pero la realidad es que no importa si tu pañuelo es verde o celeste, la violencia nos atraviesa a todas por igual y tenemos que estar juntas laburando por ese bien común, cosa de no volver a invisibilizar a la mujer como en muchos casos se pretende", reflexionó la santafesina.
A veces el 8M, según sus palabras, se desvirtúa. Todas las luchas son válidas, pero opinó que con el tiempo se perdió un poco el hilo: "Siempre agradeceré al primer colectivo del Ni Una Menos, el apoyo y cómo visibilizaron desde el primer momento el asesinato de mi hija. Pero luego eso se terminó".
Frente a frente con el femicida: "No le deseo el mal"
Fantaseó, lo pensó, siempre lo dijo pero aún no se animó a hacerlo: "Dije que algún día me sentaría frente a él (Mansilla) y le preguntaría por qué. Todavía no lo hice ni me he detenido a intentarlo, pero a veces lo pienso. No se me ocurrió todavía ir hasta el penal y verlo".
"Cuando pienso en Mansilla, lo que quiero es que esté encerrado de por vida, pero no le deseo el mal. Jamás quise que lo golpeen allí adentro. No quiero eso ni para él ni su familia, que yo estoy convencida de que participaron del crimen porque es muy difícil que lo haya hecho él solo. Pero sí me gustaría que cumpla la pena, en buenas condiciones, porque no merece ser maltratado; que trabaje, se eduque, devuelva a la sociedad ese mal que hizo con, no sé, construyendo muebles, haciendo huertas", comentó Verónica.
Chiara fue la bandera del país, el despertar de una ola de frustraciones. Permitió entender el origen de ese miedo por andar sola de noche, la odisea de llegar sanas y salvas al hogar, los prejuicios por la ropa que se usa y las desigualdades que se pueden sentir en una oficina. Situaciones que ahogan, machismos que asesinan y una deuda pendiente hacia las mujeres, cuya lucha promete conquistar la justicia que se les arrebató, pero sólo se logrará estando unidas.