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Milagrosa recuperación: chocó, estuvo 9 meses internado y volvió a caminar

Sufrió un accidente automovilístico que le provocó una grave lesión medular. Perdió 40 kilos de masa muscular y un gimnasio mendocino le cambió la vida. Mirá la entrevista.
Rubén Malchi, durante la entrevista con MDZ Foto: Rodrigo DAngelo / MDZ
Rubén Malchi, durante la entrevista con MDZ Foto: Rodrigo D'Angelo / MDZ

En 2012, Rubén Malchi regresaba desde Buenos Aires cuando sufrió un accidente automovilístico a la altura de Villa Mercedes, San Luis. Ese hecho le cambió la vida para siempre. Estuvo 20 días en coma; cuando despertó, su hija le dijo que posiblemente no volvería a caminar. Sin pensarlo, le contestó que en un par de meses estarían dando una vuelta al lago del Parque San Martín. Antes de cumplir esa promesa, pasó 9 meses internado, pero nunca se dio por vencido. Esta es su historia.

"No tengo registro ni memoria de lo que pasó. Lo último recuerdo es que entré a San Luis, pagué el peaje y me tiré a un costado porque estaba lloviendo", cuenta sobre aquel día. Rubén fue trasladado a Mendoza en noviembre de 2012. Cuando finalmente despertó, le informaron que habría sufrido una importante lesión medular. Pasó 9 meses internado en una clínica, trabajando junto a un equipo de kinesiólogos, profesores de gimnasia, psicólogos, sociólogos, terapistas ocupacionales, nutricionistas, entre otros profesionales. En el camino, perdió 40 kilos de masa muscular.

Se propuso vencer a la adversidad. "Me planteé que cuando saliera, aparte de trabajar iba a empezar el gimnasio". Antes del accidente, se desempeñaba como director en una escuela primaria, una profesión que, a pesar de todo, decidió no abandonar. "Ocupaba un lugar jerárquico y a veces tenía que estar desde las 8:00 a las 18:00 en la escuela", relata. Esa exigencia, lo llevó a priorizar su trabajo y relegar su recuperación física.

Mirá la entrevista

Se jubiló hace un año y medio. Cuando llegó el momento, se tomó 15 días sabáticos para planificar su recuperación en el gimnasio PB GYM. "Hablé con Javier Badano, que es el dueño del gym y coordinamos trabajar tres veces por semana. Al principio estaba muy débil, me tenía que ayudar alguien para llegar de la playa al gimnasio", explica sobre cómo tomó la decisión. "Javier no es de los que de los que dicen ¡ay, pobrecito! es totalmente lo opuesto a eso. Recuerdo que me ayudó a subir a una máquina y me dijo tenés que hacer diez repeticiones, cuatro veces. Al principio no me podía las pesas", afirma sobre los primeros días en el gimnasio.

"Mi objetivo era volver a caminar, manejar y tener una vida independiente. La mayoría de las veces terminaba dependiendo de alguien", cuenta. Necesitar ayuda le molestaba muchísimo. Cuando dejó la clínica y regresó a su hogar, su hijo más chico se fue a vivir con él. "Llegó un momento en que le dije, creo que te tenés que ir de casa", relata. Estaba decidido a continuar con su vida y a recuperarse físicamente.

Rubén Malchi, durante su charla con MDZ.
Foto: Rodrigo D´Angelo

Pasaron los meses y el hombre se convirtió en un personaje querido, respetado y reconocido en el PB GYM. De hecho, fue el gimnasio quien comenzó a difundir su historia a través de las redes sociales. "Al principio me miraban como diciendo qué le pasa a este pobre hombre. La movilidad mía era de un 35% de la que tiene una persona normal. De a poco fueron viendo como iba evolucionando, la cantidad de peso que le poníamos a la a la máquina y todo eso. Y bueno, de repente fue... cómo hiciste, qué te pasó, ¿de dónde saliste?", explica. 

Rubén nunca se olvidó de la promesa que le hizo a su hija. De hecho, el 8 de diciembre de 2013, un año y un poco más después del accidente, fue con ella hasta el Parque General San Martín. "Dejamos el auto frente al club y empezamos a caminar despacito. El recorrido tiene 2300 metros, tuvimos que ir frenando cada 200 o 300 metros, pero pudimos terminar", dice, visiblemente emocionado. "Cuando terminamos, nos abrazamos", cuenta.

Antes de cerrar la charla con MDZ y tras atravesar una historia de clara superación, Rubén es consultado sobre cuál es el sentido de la vida para él. "Desconozco haber sentido alguna vez la sensación del yo no puedo, ni aún ante el accidente. Con 63 años, he pasado todas las crisis económicas habidas y por haber y he pasado un montón de situaciones difíciles en mi vida y no conozco el yo no puedo". Él, mejor que nadie, sabe a qué se refiere.