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San Martín y su vanguardista plan de salud: vacunas, carnet sanitario y bolsita de higiene antes que las balas

El General consideraba a la salud una prioridad en aquella época. Sabía que las constantes pestes, epidemias y plagas eran un adversario muy peligroso; y así lo enfrentaba.

Indudablemente, José de San Martín, era un adelantado para su tiempo. Para él, la salud de sus soldados y de sus familias era "la poderosa máquina que, bien dirigida, nos dará el triunfo" (textual de General). No se equivocó. Tenía años de soldado y estaba formado para lo que había que encarar. Sabía muy bien lo que implicaba en el campo de la salud y en el ánimo del ejército la llegada de una peste. Lo había vivido en carne propia. Las grandes epidemias de fiebre amarilla en Cádiz de 1800 y 1804, donde murió casi la mitad de la población y otra gran parte huyó despavorida de la ciudad, lo tuvieron como testigo y protagonista.

Por su experiencia sabía que las constantes pestes, epidemias y plagas eran un adversario muy peligros que atentaba continuamente a la población, pero que se hacía letal cuando afectaba a un ejército. "Las epidemias abrían sepulcros que no había abierto la guerra", sostendrá con razón José Pacífico Otero (1874 – 1937), fundador del Instituto Sanmartiniano en 1933, estimulado por su amigo, el pintor de La Boca: Benito Quinquela Martín, ferviente admirador del genio sanmartiniano.

Las pioneras vacunas preventivas

El ejemplo histórico vuelve a centrar la mirada en José de San Martín. Fue en Mendoza. Hace más de 200 años, cuando la otra batalla por librar (paralelo a una guerra por la independencia contra uno de los imperios más poderosos de mundo) era ponderar la responsabilidad ciudadana contra los privilegios y los lógicos temores. Prioridad uno: cuidar la salud del conjunto social. De todos.

Tiempos bravos. Corría el 1815. Consideremos además que por ese entonces los pocos médicos que ejercían en Mendoza y San Juan no comulgaban con la causa americana por su filiación imperial española, y que solo existían por en ese tiempo "dos hospitales en Cuyo: el Hospital Betlemítico (de San Antonio) en Mendoza y el Hospital de San Juan de Dios, en San Juan. San Luis no tenía hospitales. Peor aún: no tenía médicos". (Dr. Abel Luis Agüero. Los médicos del Ejército de Los Andes. EN: Revista de la Asociación Médica Argentina, Vol. 131, Nº2, 2018).

Contra los realistas y la viruela

La viruela era un flagelo mundial. Mataba a la quinta parte de los contagiados. Un inglés, Edward Jenner, observó que los tamberos que ordeñaban sus vacas, adquirían una enfermedad inocua. Percibió simultáneamente que esos ordeñadores tenían granos en las manos (una especie de "callos" producidos por los años del rutinario trabajo) y que no se contagiaban de la viruela. Esa experiencia le sirvió para comprobar empíricamente que frotando las manos de los ordeñadores de vacas con las manos de otras personas hacía que la emanación de pus de los granitos de las manos de los tamberos generará inmunidad contra la viruela. Y así, de la vaca nació la vacuna gracias al genio de Jenner en 1796.

El plan sanitario contra aquella epidemia

La lucha por la independencia tenía varios adversarios. No solo el frente de guerra. En tiempos del Segundo Triunvirato (1812 / 1814) se encaró una incipiente campaña de vacunación contra la viruela. La repercusión y aceptación de la campaña fue prácticamente nula en Buenos Aires. El temor a lo desconocido, los prejuicios de la época sobre los nuevos tratamientos médicos y las distintas interpretaciones religiosas, hacían que la sociedad no quisiera vacunarse.

Mientras tanto en Mendoza, San Martín abordará un plan sanitario extenso. Ya Manuel Belgrano se había preocupado de la problemática de las epidemias y había producido documentos priorizando la salud de la población.

El plan de salud de San Martín será contundente, y cubrirá a todos. Sin excepciones. Ni prejuicios. Ni impedimentos religiosos. Impondrá a través de una norma del Cabildo de Mendoza, la obligatoriedad de la vacunación contra la viruela para todo Cuyo, estableciendo multas y hasta cárcel a quienes no tuvieran completo su pionero “carnet sanitario”.

El mismo San Martín pagará de su sueldo a los médicos y enfermeros venidos desde Buenos Aires para vacunar a todos los integrantes del ejército y a la población. Desde los soldados de la infantería hasta los prisioneros de guerra. A los niños, ancianos y mujeres. Pero también, además de devolver la libertad a los "esclavos", estos fueron vacunados sin distinción étnica ni condición social.

Pondrá a disposición de los sanitaristas contratados en Buenos Aires a ocho monjes betlemitas, quienes fueron "entrenados" para llevar adelante toda la tarea. Ellos serán exclusivamente los encargados de controlar todo el plan de vacunación, creando la "Comisión de la Vacuna". Estarán supervisados por los doctores Juan Isidro Zapata (el único médico "fiel", aunque empírico, que residía en Mendoza) y Anacleto García Castellano. Posteriormente se incorporarán al comando general: Diego Paroissien y Ángel Candía.

Para organizar la vacunación masiva se crearon centros de salud y "juntas sanitarias y hospitalarias". Se abrieron simultáneamente hospitales militares y farmacias en Mendoza y San Juan. Nosocomios pensados para la vacunación, que sirvieron paralelamente para controlar las enfermedades venéreas (muy frecuentes en dicho tiempo).

Las Juntas Hospitalarias ejercían función de Dirección Sanitaria. Dirigían e inspeccionaban los hospitales y controlaban la inversión de los fondos para estos. La totalidad de los impuestos y contribuciones eran destinados al ejército, salud, educación y saneamiento. En simultáneo preparó un "cuerpo especial de montaña" para pasar la cordillera con un hospital de campaña móvil montado sobre 75 mulas y atendido por 47 hombres.

Pero volviendo al plan de vacunación, realizó una lista en la que se detallaba el estado de salud de los vacunados y sus datos personales. La administración de la vacuna se realizaba los días miércoles de 17 a 19 horas. La encuesta de salud personal contemplaba 3 aspectos: a) valoración general del estado de salud, b) protección nutricional y c) protección frente a los factores climáticos.

Según el Censo de 1812, Mendoza contaba con 13.318 habitantes. La vacunación empezó a fines de 1815. Cuando el ejército libertador partió (enero de 1817), la totalidad de la población estaba vacunada contra la viruela.

El compromiso ciudadano: la salud como prioridad estratégica

Imposible pensar en la libertad si no se cuida a la sociedad integralmente. Así, otras acciones paralelas del plan de salud sanmartiniano, fue crear comisiones vecinales para extraer de los estanques cercanos a los ríos y lagunas provinciales, la mayor cantidad de piedra pómez para la limpieza y el aseo personal.

La comisión tenía a su vez la tarea de recolectar la mayor cantidad de derivados de productos de las aves del lugar, con asiento en torno a los ríos, por ejemplo: huevos para la alimentación y plumas para la confección y relleno de los abrigos.

Pero a su vez estas comisiones barriales debían de cuidar los causes de las acequias y hacer cumplir una ordenanza del Cabildo que consistía en advertir a los vecinos de la importancia de encerrar o atar los perros para evitar otro flagelo, como era la hidrofobia (otro gran causante de muerte de la época).

También San Martín fue el pionero en iniciar una cruzada contra la picadura de vinchuca ("mal de Chagas"), aconsejando el blanqueo de los frentes y paredes de las casas y bodegones para distinguir el color negruzco de la vinchuca y así generar un contraste con el blanco pintado en la pared. Como también elaboró una cartilla donde "aconsejaba" dormir en las noches con una vela prendida, pues la luz alejaba a las vinchucas, como prevención ante la posible picadura de las "chinches negras".

La viruela, "la rabia", las vinchucas, las ratas, las víboras, las langostas, las arañas, "la cuncuna", el bicho del cesto, también eran los enemigos que debían vencer.

Mientras tanto, todos los vecinos recibían periódicamente una caja con piedras pómez, velas, jabones, alcohol y distintos tipos de hierbas para cuidar la salud familiar. La todavía vigente e imprescindible “bolsita de higiene” con la que nuestros chicos concurren a sus escuelas se convirtió en un arma de batalla. Hasta parece infantil, ante el tamaño desafío que enfrentaba un guerrero: revisaba las uñas de los pies y manos, exigía lavarse los dientes, controlaba la pediculosis y en el marco de la vestimenta y el aseo, era imprescindible el uso de ropa interior y su cambio diario, tras el baño obligatorio. Una verdadera revolución de lo sencillo que lo llevo a ganar la guerra.