Big Nena, la argentina que superó su crisis personal apostando su vida a la música y a viajar por el mundo
Tenía una vida que parecía común y corriente. Iba de la casa al trabajo. Del trabajo a la facultad. Y de la facultad volvía a su casa, donde no paraba de soñar. En sus sueños se imaginaba cantando en cada rincón del mundo, bailando y pudiendo sentir la verdadera felicidad de hacer eso que le apasionaba. Pero sentía lejana la concreción de esos sueños. Creía que, a pesar de que el arte estuvo siempre presente, dedicarse a ello no iba a funcionar. Ella no se creía capaz; no creía en lo que, a su alrededor, la gente sí veía.
Una serie de sucesos dolorosos fueron, de alguna manera, necesarios para que Yael Reidel se decidiera a cambiar de rumbo. Dejó la carrera de diseño industrial a cambio de una vida de música y viajes, con mucho trabajo de por medio para poder hacer posible ese sueño. Era algo que siempre quiso concretar, pero que, luego de sufrir una crisis interna, encontró como una vía de escape al sufrimiento, como una forma de salvarse. “Cantar me salvó”, se sinceró la artista en esta entrevista para MDZ.
La historia de Yael Reidel, la artista que eligió seguir sus sueños para superarse y encontrar la felicidad
Las calles de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la vieron crecer. La “ciudad de la furia” se veía más armónica desde el hogar donde la música reinaba, la música que sus padres escuchaban. Desde jazz, soul, R&B, funk hasta música clásica, e intérpretes como Erykah Badu, Sade, Jamiroquai, Ronny Jordan, Donald Fagen, Joni Mitchell, y algunos exponentes argentinos como Los Abuelos de la Nada y el gran Luis Alberto Spinetta. Todo lo que iba descubriendo la hacía cada vez más melómana y la inspiraba a crear sus propias obras.
Así fue que, a sus cortos cinco años, Yael escribió su primera canción. Se llamaba “La bruja fea”, dedicada a una señora que vivía en su mismo edificio, y que le daba miedo cada vez que la veía. Le mostró la canción a su profesor de música; él sacó los acordes y, con sus compañeros la cantaron desde 1er grado hasta 7mo. “De hecho, mi primer peluchito se llamaba Musiquita porque yo cantaba todo el día”, dijo nostálgica Reidel. En la casa de su abuela, cantó su versión de “Guantanamera”, enunciando cada una de las especias que veía en la alacena, absorbiendo todo lo que la rodeaba para hacer arte de forma natural, casi como jugando.
Al terminar la secundaria, donde había aprendido sobre gestión de medios, tenía claro que la música sería parte de su futuro -y presente-. Quiso estudiar para ser DJ y productora musical, pero eran cursos o carreras privadas que ni sus padres ni ella podían costear. Tampoco había mujeres que hicieran lo mismo entre el 2009 y 2011, según Yael, por lo que no tenía referentes femeninos y se vio desalentada. Es ahí cuando empieza la carrera de Diseño industrial en la UBA casi por obligación, para seguir el plan predeterminado. Pero no era feliz.
Paralelamente mantenía la música como un hobby, haciendo freestyle, rapeando, cantando en bandas de rock, blues y hasta de folclore. “En 2011 me agarra una depresión muy grande porque justamente yo no estaba haciendo lo que quería, que era cantar, expresarme, ser mi mejor versión”, expresó la artista de 33 años que, en ese entonces, tuvo el impulso de agarrar su mochila y viajar, con lo justo y necesario, hacia Ushuaia. “Estuve cantando, haciendo dedo, compartiendo historias, conectándome conmigo. No había Google Maps, no había nada. Yo le mandaba un mail a mis padres para decirles que estaba viva básicamente”, relató.
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Dos meses después de la travesía, sufrió una fractura practicando skate. Ese fue el punto cúlmine que la llevó a darse cuenta de que todo podía cambiar de un segundo al otro. Tenía 21 años y llevaba tornillos y placa de titanio en el tobillo. Se fue de su casa en Caballito, pensando a dónde podía llegar a parar cuando una amiga pasó en bicicleta y vio a Yael salir con nada más que una bolsa con ropa y un pie aún lastimado. Conmovida por lo que veía, su amiga le ofreció quedarse en su casa en Moreno, provincia de Buenos Aires. “Fue como un ángel para mí en ese momento”, evocó la cantante al hablar de su amiga que le dio un techo cuando lo necesitaba.
Tanto cambio, tanta tristeza y tanto enojo se plasmaba en los versos de cada poesía, de cada canción que le nacía. Las amigas convivieron un tiempo juntas, mientras hacían tortas y salían a vender a la estación de trenes para subsistir. En 2013, Yael tomó vuelo, una vez más, con la diferencia de que esta vez se dedicaría de lleno a lo que quería. Viviendo sola en Flores, empezó a estudiar sonido y producción musical, finalmente, en la escuela Sónica, y fue juntando los instrumentos para armarse su propio home studio.
Todo se iba alineando en su vida, y se fue animando a presentarse ante el mundo como una artista. Así las personas correctas iban llegando, ofreciéndole grabar sus temas, musicalizarlos y hacer sus videos. “Conocí a un productor que trabajaba conmigo, escuchó mi canción ‘Te amo más’ y decidió producirla para mí. Conseguí el guitarrista, conseguí el percusionista, que son todos amigos que fueron llegando en este proceso; y una amiga que estaba por recibirse de su carrera de directora, me dijo: ‘Tengo que hacer de trabajo final un videoclip y quiero que sea el tuyo’. Se fueron dando las cosas y no es que mi familia tenía la plata para pagarme todo; yo sabía que contaba conmigo”, narró.
Las puertas se le iban abriendo, colaboraba con artistas, cantaba en distintos clubes y eventos. Hasta llegó a musicalizar un circo en un viaje a Chile. Lanzó más singles como “Me diste más”, “Marzo” y “Viento”. Todo lo que alguna vez soñó se estaba cumpliendo a sus 24 años. Pero le faltaba algo más: “Yo tenía un sueño que era cantar y viajar por el mundo. Y dije, de acá dos años se me termina el contrato en mi monoambiente de Flores. Armate un EP para llevarlo al mundo”. Sin contar con sello discográfico ni mánager, siguió trabajando para grabar su primer EP y poder viajar.
La era de los viajes comienza
En 2016, Yael se anotó en un concurso para viajar a Israel y conocer la tierra prometida, gracias a que sus abuelos son judíos. Quedó seleccionada y tenía casi todo listo para viajar cuando se le infecta el tobillo que, previamente se había quebrado. “Me sacan los tornillos y la placa de titanio. Mi familia me ayudó a hacer la mudanza porque ya había salido el sorteo. Me estaba por ir en tres meses y yo estaba con una operación pendiente por el tobillo”, declaró. La operación salió bien y, de alguna forma, cerró el ciclo de la desesperanza y de la desorientación que le trajo en 2011: “Fue un cierre para pararme con fuerza en mis sueños”.
La “Big Nena”, por su nombre artístico, recuerda con precisión el día 17 de enero de 2017, día en el que su vida cambió por completo. “Para mí Israel fue como la puerta de salida al mundo”, manifestó la cantante que, más tarde, viajaría a Tailandia por dos meses con unos amigos. “Termino cantando en un festival de la comunidad hippie japonesa en las montañas en Tailandia; un festival que duró una semana donde había gente de todo el mundo y termas naturales”, compartió con la misma fascinación que sintió al vivir esa experiencia en Asia.
“De repente entiendo el mundo que me rodea. Es muy nutritivo expandir la cabeza viajando. Encontrarse con otras verdades te hace más humilde, más sabio. Y yo quería encontrar mi verdad”, precisó Yael. En ese mismo viaje conoció a un chico portugués que la invitó a vivir por un tiempo en su país. La euforia y la fluidez se habían apoderado de su ser que estaba dispuesto a verlo todo, a dejarse llevar por las oportunidades que se le presentaban. La respuesta, entonces, fue un rotundo “Sí”. En Portugal se tiró de paracaídas, vivió con el chico en una casa rodante, aprendió a escalar en paisajes repletos de cordones montañosos, al lado de castillos abandonados. Todo parecía irreal.

En eso, el mismo portugués le presenta a un reconocido productor musical que estaba trabajando con artistas del programa Eurostars: Nuno Junqueira. También grabó un tema inédito con O Gato Maltês, un cantante del mismo país europeo, en el cual hacían alardes de las tradiciones de cada cultura.
Pero sus caminos se bifurcaron cuando él se fue a Canadá y ella decidió emigrar a Londres y, más tarde, a Italia. “En Londres no conocía a nadie. Conseguí un trabajo en un mercado metropolitano donde había comidas de todos lados. Me puse a hacer tapas españolas, wraps de pato; me puse a limpiar, a trabajar 12 horas diarias mientras iba de hostel en hostel, con la mochilita. A veces cantaba en bares para subsistir y ahorrar hasta irme a Italia”, relató. Aunque el Reino Unido también tuvo lo suyo: llegó a ser la niñera del bebé de uno de los dueños de Universal. “Casi toco el cielo con las manos, pero me dejé llevar por las críticas que escuchaba hacia esa persona y energéticamente no le puse la mejor onda. Me terminé yendo a los diez días”, lamentó.
Para ese momento, Yael ya había tramitado los papeles de la ciudadanía italiana, por lo que más puertas se le abrirían a la hora de viajar. Se fue a California, en los Estados Unidos, para visitar a su primo y trabajar grabando a artistas reconocidos de la industria internacional: “Mi primo es masterizador y estaba trabajando para Dave Pensado, que es un masterizador muy groso que trabajó con Christina Aguilera. Trabajé en un estudio en el cual yo grababa artistas y terminé conociendo los productores de Drake”.
Se cumplieron dos años de viajes que no había imaginado ni en sus sueños más locos, cuando el cariño por su gente y la añoranza por volver a estar rodeada de la cultura argentina la impulsaron a tomarse el vuelo de regreso. En 2019, su tierra natal la recibió con los brazos abiertos. Venía con más confianza y con ganas de enseñar todo lo aprendido. “Empiezo a dar clases de twerking y ser host en eventos para hacer bailar y cantar a las personas. Creo una disciplina que se llama Organic Twerk, que es un meneo consciente que arranca con meditación, una charla sobre cómo nos sentimos con la parte sensual, los tabúes y finaliza con el baile”, enseñó Yael.
La elegida para representar a Latinoamérica en un documental de viajes y música
Ese mismo año, la artista volvió a cantar a uno de los sitios que la vieron crecer, la Dama de Bollini. Allí, dos jóvenes, uno estadounidense y otro alemán, la escucharon y quedaron cautivados por su interpretación y su dulce voz. Fue por ello que Kevin Kennedy III y David Mass, productores musicales y creadores de contenido para las redes, la esperaron para proponerle formar parte de su proyecto, “On 7 Show”. Se trata de un documental sobre la cultura musical de algunas ciudades de cada continente. “Son siete canciones en los siete continentes en siete semanas”, comentó Yael, la artista elegida para representar a América del Sur.
Los extranjeros grabaron el segundo capítulo en la Ciudad de Buenos Aires, recorriendo lugares emblemáticos de la capital argentina mientras buscaban a artistas callejeros. “Cuando los conocí, les conté sobre mi proyecto de Organic Twerk; les gustó e hice la conexión para armar nuestras canciones. Me contaron que estaban viajando por el mundo haciendo música porque era su sueño. Yo siento que fue el destino porque él conoció a otros artistas en Buenos Aires”, pensó la argentina.
El tema que grabaron en conjunto se titula “Es tarde” y, según cuenta Yael, “tiene que ver con dos personas que se encuentran, que se gustan, pero que, luego, se desencuentran”. Cada vez que ambos artistas se iban a juntar a grabar, Kevin llegaba tarde porque venía de recorrer la ciudad, haciendo el contenido que se ve en el documental. “Se canta en inglés, en español y tiene una onda medio reggaetón y cumbiera”, dijo la artista invitando a escuchar.
Si bien la canción quedó casi lista en 2019, el dúo de extranjeros se quedó varado en la Antártida por la pandemia. Es por eso que todo su proyecto se atrasó y, finalmente, hace dos semanas el tema, en conjunto con el segundo capítulo del documental, salió a la luz.
Lo que se viene
Luego de tan grande oportunidad, la Big Nena siguió creando música en Argentina. “En 2021, participé como cantautora y co-productora en un EP colaborativo de productores latinoamericanos, para juntar fondos por la quema de los humedales, y creamos la canción ‘Humedales’ junto a Stories of Dharma”, señaló. Actualmente, se encuentra trabajando con los productores argentinos Nebula XY, con quienes está preparando una canción de latin house.
“La aventura que se viene es que me voy del país en mayo. Estoy dejando el departamento, vendiendo todo lo que me costó armar y conseguir todos estos años. Quiero volver a Londres y voy a visitar a mi hermano”, aseveró la artista y agregó: “La Big nena que se viene es una Big Nena con mucha garra, más madura, más segura de lo que quiere hacer, con mucha ilusión de que se abran puertas y seguir cantando por el mundo”.
La peleó toda la vida hasta alcanzar las metas que se iba proponiendo, por lo que no deja de recordarle a todo el mundo cuán importante es animarse, a pesar de que los sueños parezcan lejanos. “Que conecten con su propósito. La palabra de uno puede impactar en el otro; ver lo que está pasando en el mundo. Hay que preguntarse: ‘¿Puedo decir algo? ¿Qué puedo aportar desde mi dulzura, desde mi canto, desde una creación?’. Si lo hacen con buen corazón, les digo que se animen, que no tengan miedo, que crean en sí mismos, que estudien; hoy en día tienen un montón de herramientas, aprovechen Internet, aprovechen los tutoriales, compartan y disfruten el proceso”, concluyó la Big Nena que sigue apostando por sus sueños.
