Presenta:

A 163 años del terremoto que destruyó la Ciudad: cómo resurgió Mendoza

El 20 de marzo de 1861 tuvo lugar el terremoto de mayor magnitud registrado en Mendoza. De los escombros resurgió la ciudad nueva, mejorada, eficiente y moderna.
Lo único que prevalece son las ruinas del templo jesuita, conocidas como ‘Ruinas de San Francisco’, en el Área Fundacional de la Ciudad de Mendoza Foto: Mendoza Ciudad
Lo único que prevalece son las ruinas del templo jesuita, conocidas como ‘Ruinas de San Francisco’, en el Área Fundacional de la Ciudad de Mendoza Foto: Mendoza Ciudad

El 20 de marzo, pero de 1861, ocurrió el mayor terremoto registrado en la provincia de Mendoza con una magnitud de 7,2 grados en la escala de Richter, y con epicentro a 30 km de profundidad de la Ciudad. Este hecho hizo que el centro de nuestra antigua ciudad se traslade a lo que hoy conocemos como el microcentro. Al respecto, Horacio Chiavazza, doctor en Antropología, Licenciado en Historia, Magister en Arqueología Social de Iberoamérica y profesor de la Universidad Nacional de Cuyo, dialogó en Recalculando por MDZ Radio 105.5 FM.

La principal pregunta que todos y todas nos hacemos, es sobre qué fue lo que pasó hace tantos años y por qué la ciudad hoy está donde está y el Área Fundacional quedó donde quedó. Sobre esto, Horacio Chiavazza explicó que “es un tema vigente no solo en el sistema educativo formal, sino también en lo que significa la conservación, mantenimiento patrimonial y continua investigación y recuperación de lo que se conoce como el Área Fundacional, que es el casco histórico de la ciudad. Es donde la ciudad existió durante 300 años, luego que la fundara Pedro Del Castillo. 300 años después de la fundación, en 1981, este terremoto la destruyó fatalmente. A tal punto que esto obligó a trasladarla donde hoy se encuentra el principal núcleo del centro urbano, que está a 2 km al sur oeste de la de la plaza fundacional. Se mantiene vigente como un bien patrimonial que referencia a este terremoto, los restos que se conocen como las ‘ruinas de San Francisco’, que era la Iglesia jesuita del siglo 18”.

En ese terremoto se perdió, entre tanto más, el Cabildo de Mendoza. Sin embargo, Chiavazza aclaró que “en ese momento era el proceso de guerras civiles, la batalla de Pavón, el advenimiento de Mitre y toda esta situación conflictiva, ya no funcionaba el Cabildo sino la Casa de Gobierno. El terremoto generó daños irreparables para el edificio. No obstante, de acuerdo a las investigaciones, hemos observado que parte del Cabildo se mantuvo, probablemente, como oficinas que después funcionaron para lo que fue el matadero”. 

Chiavazza continuó su relato: “Lo que conocemos hoy como el canal Cacique Guaymallén, o brazo de Río en época colonial, ya existía. No en la magnitud que posee actualmente, que está excavado e impermeabilizado. Era una especie de zanjón muy grande, que existía desde tiempos coloniales. En el siglo 18, producto de unas venidas aluvionales, se reactivó”. Y para dimensionar el daño ocasionado por el sismo, en esa época “la ciudad tenía 11.000 habitantes. Murieron unas 5.000 personas y hubo más de 1.000 heridos. Estamos hablando de casi un 50% más de personas afectadas en su vida, en su salud, por el terremoto. Sin contar los daños materiales que siguieron al mismo. Acequias desbordadas. Se produjo de noche, los incendios se generalizaron ya que la iluminación era con fuego, con velas, con aceite, no había luz eléctrica”. Y agregó que “hubo focos de incendio que duraron tres días, hubo gente que estuvo bajo los escombros durante tres o cuatro días. Hay relatos muy dramáticos como el de una monja que fue excavando con una pequeña aguja de tejer desde el fondo de las ruinas, hasta ser descubierta y rescatada”.

Además, “la gente ya no se enterraba en las iglesias, porque estaba el cementerio público desde 1820, y la gente volvió a enterrar a sus deudos, víctimas del terremoto, en lo que eran las ruinas de las antiguas iglesias. Ahí prendían velas y se volvía a producir incendios. Aproximadamente durante dos años no se impartió educación porque, prácticamente, las escuelas no pudieron volver a abrir. El impacto fue tremendo, catastrófico”. “Fue una catástrofe con impacto a nivel mundial”.

Por otro lado, Chiavazza agregó que “en el ámbito de la Ciudad de Mendoza, el único elemento arquitectónico que prevalece son las ruinas del templo jesuita, conocidas como ‘Ruinas de San Francisco’. Lo demás, como Pompeya, está todo enterrado. Por eso la labor nuestra, de los arqueológicos, es llevar adelante los rescates que se hacen. De hecho, donde excavamos la casa de San Martín aparecen claras evidencias de la destrucción de esa casa donde él vivió producto de este mismo terremoto. También están las ruinas de la iglesia de San Agustín, en la escuela Mariano Moreno, el mismo Cabildo y sus restos luego ocupados por el matadero. Son todas evidencias que quedaron por debajo del nivel del suelo”. Además de la Capilla del Rosario en Lavalle, y la Capilla del Rosario en Guaymallén que son “dos edificios anteriores al sismo que se han conservado, se han mantenido, se han restaurado en algún momento y aún persisten como elementos arquitectónicos vigentes”.

En cuanto a la reconstrucción de la ciudad, luego de la catástrofe, el antropólogo comentó que “prácticamente de inmediato comienzan los planes para tomar una decisión sobre si sería reconstruida en el lugar donde había funcionado durante esos 300 años, o si iba a ser trasladada. Optan por la segunda opción”. Luego, es el Ingeniero Balloffet quien, como agrimensor, “va a trazar la nueva planta de la ciudad con un sistema decimal, no ya las varas españolas, con manzanas repartidas en lotes que están bordeadas por las acequias. En definitiva, el perfil urbano que hoy disponemos en Mendoza está diseñado en ese momento y fue exitoso”. Hasta la actualidad se mantiene la vigencia y la funcionalidad de este “sistema de avenida anchas, de plazas con distintos tamaños equidistantes de una principal. Las plazas, a su vez, fueron asociadas a las escuelas en caso de otro sismo, las acequias que permitían el riego del arbolado, a partir del cual se generaba un confort climático”. Y agregó: “Tenemos una ciudad que rápidamente fue repensada en su localización, diseñada y plasmada en el territorio con una capacidad de mirada de futuro modernista por parte de quienes lo hicieron, y lo que pasó luego de la instalación de la ciudad ha sido más, pareciera, en algunos casos, esfuerzos por transformar su eficiencia que mantenerla o mejorarla”.

Por último, Chiavazza comentó sobre la actualidad de su trabajo: “Estamos trabajando en cordillera en algunos sitios bastante relevantes como los el Tambo Incaico de Tambillitos, analizando algunos aspectos muy interesantes con otra investigadora, Cristina Prieto Olavarría, más allá de la dominación incaica, las ocupaciones históricas que reutilizaron estos tambos incaicos”. Por un lado, y por el otro, continuó, “estoy en pleno análisis de un rescate arqueológico que hice en mi último mes como gestión de director de Patrimonio, que es una Capacocha incaica. Esto es un conjunto ceremonial de ofrendas que hicieron en etapa incaica a los apus, a las montañas. Es un conjunto de 10 estatuillas con alfileres de oro, de plata y textiles que se depositaron en las cumbres en el límite argentino chileno y que realmente es muy significativo como hallazgo ya que está dentro de lo tipificado como Capacocha, como la momia del cerro Aconcagua, pero sin sacrificio humano”.

Escuchá la entrevista completa: