Todos estamos a favor de la vida, amamos la vida
Una sociedad que incluye pañuelos celestes, que no quieren más abortos, poniendo siempre el foco en la madre y su bebé; al igual que pañuelos verdes, que no quieren madres con embarazos no deseados, con el foco en el deseo, de la madre y su entorno, aunque a veces no coincidan y en disminuir los riegos de la técnica del aborto. Otros opinan: no queremos abortos, pero
ahora tenemos otras prioridades. Finalmente, algunos sacan provecho de un negocio, alrededor del aborto.
La realidad de los datos duros es que, sólo desde enero del 2021, cuando la ley de aborto entró en vigor en nuestra Argentina, destinamos fondos y recursos para realizar alrededor de “300.000 abortos oficiales” Y que, al mismo tiempo, nuestra “tasa de natalidad” va descendiendo bruscamente, en forma peligrosa para la supervivencia de cualquier sociedad, como fruto de una cultura, que es más que sólo el aborto. Sólo para mencionar cualquier “otro componente cultural”, por ejemplo, el gobierno debe evaluar si destinar o no cerca de 1000 millones de pesos en hormonización para niños, como parte del programa de género y
diversidad heredado de la gestión anterior.
Abortar conlleva un componente afectivo profundo e intenso, porque reconocemos que se trata de la vida de alguien indefenso e inocente, en un lugar donde indefectiblemente estuvimos todos, que espera algo distinto de nosotros no solo de la mamá, sino también de quienes podemos presionarla o ayudarla. Pero, hay tantas aristas desde donde abordar este tema, que además atraviesa a cada persona desde ángulos tan distintos, según sus experiencias previas que puede ser difícil ponernos de acuerdo; y al mismo tiempo, puede ser muy fácil sembrar confusión, especialmente por interesados en hacer negocios, aprovechándose de esta situación.
Busco una reflexión que nos involucre a todos, algo que nos motive a profundizar sobre esos valores que todos compartimos, y nos ayude a entender sobre las verdaderas prioridades y acabo de leer esta historia, que posiblemente algunos conocen:
Un padre contó algo que le había sucedido con su hijo:
"Yo creo que cuando un niño como Herbert, física y mentalmente discapacitado, viene al mundo, se presenta una buena
oportunidad para ver lo que la naturaleza humana es capaz, y se manifiesta en la forma en la que otras personas tratan a ese niño"
Un día, caminaban por un parque donde algunos niños jugaban béisbol. Herbert preguntó: "¿Papá, crees que me dejen jugar?"
El padre preguntó, sin esperar mucho, si Herbert podría jugar. Alguien respondió: "estamos perdiendo por seis carreras, y el juego está en la octava entrada. Supongo que puede unirse a nuestro equipo y trataremos de ponerlo al bate en la novena (la última)". Herbert fue hasta la banca con dificultad, pero con una amplia sonrisa, y se puso la camiseta del equipo mientras su padre lo contemplaba con lágrimas en los ojos por la emoción. d
Todos los chicos notaron algo evidente: la felicidad del padre cuando su hijo era aceptado. Al final de la octava entrada, el equipo de Herbert logró anotar, pero aún estaban abajo por tres. Al inicio de la novena, Herbert se puso un guante y defendió en el jardín derecho, y aunque ninguna pelota llegó por allí, estaba extasiado solo por estar en el juego y mirar a su papá. Al final, el equipo de Herbert volvió a anotar, y ahora con dos "outs" y las bases llenas, la carrera para obtener el triunfo era una posibilidad, y Herbert era el siguiente en la lista de batear.
Con esta oportunidad, ¿dejarían batear a Herbert, y renunciar a la posibilidad de ganar?
Sorprendentemente, Herbert estaba al bate. Todos sabían que era imposible, ya que Herbert casi no sabía ni cómo agarrar el bate.
Sin embargo, mientras Herbert se paraba para batear, el "pitcher", es quien arroja la pelota, reconoció que el otro equipo, al dejarlo tomar el turno de batear, estaba dispuesto a perder para brindarle a Herbert un gran momento en su vida… entonces se movió unos pasos al frente y tiró la bola muy suavemente para que Herbert pudiera al menos hacer contacto con ella. Herbert abanicó el bate torpemente y falló.
El "pitcher" de nuevo se adelantó unos pasos para tirar la bola suavemente en el segundo intento. Esta vez, Herbert logró golpear la bola tan suavemente que ésta cayó justo enfrente del "pitcher". El juego podría haber terminado si el "pitcher" solo recogía la bola y la tiraba a primera base. Pero, el "pitcher" tiró la bola muy alto, sobre la cabeza del defensa de primera base, fuera del
alcance del resto de sus compañeros de equipo. Todos los espectadores y los jugadores empezaron a gritar "Herbert corre a primera base, corre a primera". Nunca en su vida Herbert había corrido esa distancia, pero corrió justo sobre la línea, con los ojos muy abiertos y sobresaltado, y logró llegar a primera base.

Todos gritaban, "Corre a segunda, corre a segunda". En ese momento, el niño del jardín derecho tenía la bola, era el más pequeño en el equipo contrario, y sabía que tenía la oportunidad de ser el “héroe del día” ... sólo tenía que tirar la bola a tercera base, pero había entendido las intenciones del "pitcher" y la tiró demasiado alto, por encima del niño en tercera base. Herbert corrió, mientras los corredores delante de él hacían un círculo alrededor del "pitcher"... y cuando llegó, Herbert se paró en la base del "home" con sus brazos en alto, rebosando felicidad, y giró la cabeza mirando a su papá, mientras los jugadores, de ambos equipos, lo
abrazaban. "Ese día", dijo el padre con lágrimas en su rostro, "los niños de ambos equipos se confabularon dándole a este mundo una muestra de verdadero amor y humanismo".
Herbert no sobrevivió otro verano.
Murió ese invierno, sin olvidar nunca lo vivido ese día, la felicidad compartida con su papá, y llegar a casa y encontrarse con su mamá, que, llorando de felicidad, ¡abrazaba al héroe del día!. Todos podemos reconocer la gran obra de esa historia… la entrega por el otro, como opuesto al egocentrismo, al individualismo. Cualquiera diría: “¡con un grupo de personas así, estoy dispuesto a enfrentar cualquier dificultad que se presente!”.
Necesitamos formarnos de esa manera, allí está nuestra esencia como seres humanos. Esas son las cosas que podemos hacer, y las que nos dan mayor felicidad en la vida. Algunos lo tomarán por el lado de la ciencia dura, según la biología, en esos casos, se liberan neurotransmisores que nos predisponen para el bien y la felicidad; otros lo analizarán desde la moral y la ética; también se puede analizar desde la óptica de que la mayoría de las religiones, buscando darle coherencia a nuestra espiritualidad, proponen el bien común como un valor superior. Sea desde el lugar que lo analicemos, veremos que "hacer buenas obras", aquellas que resaltan nuestra humanidad, no es opcional… las necesitamos para aspirar a nuestra felicidad.
Nuestro mundo será mucho mejor con ese bebé, que inicialmente no era deseado, pero que ayudamos a crecer; con esa mamá que estaba asustada y que acompañamos para darle fuerzas; también con ese viejito, que estando en sus últimas etapas, en lugar de acelerárselas para deshacernos de él cuanto antes (para que no sufra/suframos), intentemos asegurarnos que sobrelleve ese último tiempo sintiéndose querido como nunca.

Nunca existirá una prioridad mayor que esta, porque a partir de allí, tendremos las mejores expectativas para enfrentar cualquier problema, de cualquier índole, en cualquier sociedad... Estamos invitados a revisar nuestro “sitio de confort”, y expresarnos, todos juntos, a favor de la vida, en las marchas que se celebran el sábado 23 de marzo, en todo el país, cómo celebración del día del niño por nacer, que, cada año, recordamos el 25, que esta vez cae lunes.
Nadie está “de más” necesitamos esos “Herbert de la vida”, que sacan nuestra mejor versión… y que nos ayudan con nuestra propia autoestima, al saber, que cuando a nosotros nos toque ser “el Herbert” de cualquier circunstancia, habrá otros dispuestos a ayudarnos… de eso se trata el con-vivir, de eso se trata la "Marcha por la Vida".

* Dr. Luis Durand, médico MN 77260 Jefe Sección Esófago-Estómago. Hospital de Clínicas. Universidad de Buenos Aires

