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Sustentables y solidarios: los detalles de tres emprendimientos argentinos con impacto social

Qualia Eyewear, Mutan y ReAccionar son algunos de los proyectos que reutilizan toneladas de plástico al año para fabricar objetos útiles y generar un impacto positivo en la sociedad.

El futuro está en nuestras manos y cada granito de arena puede ser crucial para generar un verdadero cambio. La contaminación es una de las problemáticas más preocupantes en la actualidad, que no solo atraviesa a las grandes empresas que producen toneladas de desechos a diario, sino también a los gobiernos que implementan -o no- políticas ambientales, y a los consumidores que tienen el poder de decidir qué productos comprar y qué hacer con lo que se considera residuo.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas, cada año se generan más de 2 mil millones de toneladas de residuos sólidos urbanos. En nuestro país, un informe lanzado por el Gobierno de la Nación en 2020, señalaba que el promedio de generación de basura es de 1,15 kg per cápita, lo que se traduce en aproximadamente 50 mil toneladas de basura diaria y una cifra estimada de 18 millones de toneladas por año. Lo mismo se replica a nivel internacional, de acuerdo con la publicación What a Waste 2.0 del Banco Mundial. De ese total, se estima que se desechan más de 280 millones de toneladas de plástico al año a nivel global, siendo este uno de los materiales más contaminantes que existen.

Es en ese contexto, millones de personas alrededor del mundo deciden comprometerse a hacer un cambio real, por más pequeño que parezca. Reduciendo el consumo innecesario, separando residuos, reciclando lo que está a su alcance y comprando productos de forma consciente, apostando a lo reutilizable y con menor huella de carbono, aportan en gran medida a disminuir la contaminación global.

Los residuos deben separarse en orgánicos, plásticos, papeles y metales. Foto: Shutterstock

Pero hay personas a las que el reciclaje las interpeló de tal manera que se animaron a convertirlo en un modo de vida, buscando generar un impacto a nivel social como ambiental. Así fue que nacieron decenas de emprendimientos que reutilizan y transforman materiales como el plástico para darle vida a un nuevo producto útil para la sociedad, trabajando en conjunto con ONGs y fundaciones. Este es el caso, por ejemplo, de Qualia Eyes, Mutan y ReAccionar, tres emprendimientos argentinos que creen en el accionar individual y el trabajo colectivo.

El emprendimiento de anteojos de plástico reciclado con visión de cambio

Martín Vázquez tenía veinticinco años y la vida resuelta, de acuerdo con lo que se suele esperar en la sociedad, cuando se dio cuenta de que necesitaba algo más. Se había recibido como Ingeniero Industrial y consiguió trabajar para una empresa multinacional, pero sentía que trabajar en relación de dependencia no era lo suyo, y que tenía un propósito por explorar.  En 2018, decidió renunciar y darle rienda suelta a un proceso de búsqueda interna hasta entender qué es lo que querría hacer de ahí en más: emprender.

“Lo que yo buscaba era inspirar a las personas, como todo un soñador -que lo sigo siendo-. Quería hacer algo que me ayude realmente a mover la aguja, a tratar de cambiar el mundo, aunque sea un milímetro. Quería inspirar a las personas a que pensaran mejor la relación que tenemos con nuestro ambiente y con lo que pensamos que es basura”, contó Martín en diálogo con MDZ.

Fue entonces que empezó a armar máquinas caseras de reciclaje de plástico, con el deseo de ayudar al medio ambiente y crear un producto útil, atractivo e inspirador. “Me preguntaba qué producto me podía dar a mí una plataforma para contar una historia que sea inspiradora y, pensé en los anteojos como un producto que dentro de la industria de la moda es icónico”, reveló el emprendedor argentino que, además, habló de la importancia de lo social en su proyecto: “También lo vi del lado de lo social, por lo difícil que es acceder a un anteojo de receta para poder ver, estudiar y trabajar. Entonces me parecía que, si bien sabía que al inicio no iba a poder hacerlo, pero en el momento que tuviera un presupuesto, quería que el proyecto fuera integral y que pudiera entregarles anteojos a las personas que realmente lo necesitaban”.

Descubrió que el nilon sería crucial para la creación de los anteojos, puesto que “es un tipo de plástico que le transfiere al anteojo características que son muy deseadas como la liviandad, la flexibilidad, la resistencia y la alta calidad”. En el comienzo, tomaban o compraban los descartes de algunas empresas, hasta que conocieron una problemática que cambiaría su foco. “En 2021, descubrimos todo el residuo plástico marítimo que llega a las playas de Puerto Madryn, que son zonas declaradas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Toda la basura de la pesca, marítima, se viene a la costa y se llena de redes y cajones de pesca”, profundizó el creador de Qualia Eyewear.

“Empezamos a armar ciertas expediciones de limpieza de playas y trabajamos con una ONG que se llama Proyecto Sub. Y entre las tres partes armamos estas búsquedas de redes y de cajones, y las traemos a Buenos Aires. La verdad que es una movida grande”, analizó el soñador y explicó cómo se lleva a cabo el procedimiento gracias al que recicla más de 20 toneladas de plástico: “Eso se recicla. Primero se clasifica y después se tritura. Una vez que está triturado se lava y, después, pasa a una máquina donde se realiza el proceso de extrusión. Luego, se funde y se corta en partes muy chiquitas, y eso le da vida al producto final que es el pellet, y ese pellet de plástico reciclado ya lo utilizamos para fabricar los anteojos”.

La fundación Monte Adentro y Qualia trabajaron juntos para entregar 310 pares de anteojos en Chaco. Foto: Instagram @qualiaeyewear

Finalmente, su proyecto social se pudo llevar a cabo en 2021, manteniéndose hasta la fecha con una a dos repeticiones anuales. Se trata del programa de impacto que recibe el nombre de ‘Visión de cambio’, donde se trabaja en conjunto con la asociación civil Monte Adentro y con un grupo de médicos oftalmólogos, con el fin de brindarles anteojos bajo receta a las personas que lo necesiten en distintas zonas rurales o de bajos recursos del país. Comenzaron visitando Chaco y, este año, planean acercarse a Cruz del Eje, en Córdoba. “Para mí Visión de Cambio es lo más lindo del proyecto; es un poco el motor que nos empuja, el propósito y lo que siempre queremos multiplicar, para llegar a más países”, reconoció Vázquez, aclarando que, gracias a ese programa, entregaron más de 400 anteojos hasta el momento.

ReAccionar, el emprendimiento de plástico reciclado que apunta al accionar colectivo

Era estudiante de ciencias de la computación cuando empezó a replantearse su verdadera pasión. Poco a poco, se fue dando cuenta de que la carrera que unía todo lo que lo movilizaba podía ser Diseño Industrial, puesto que podía explorar la fabricación de objetos, las tecnologías y, también, la sustentabilidad o el ambientalismo. Un día encontró el proyecto Precious Plastic, que desarrolla máquinas que transforman residuos plásticos en nuevos objetos, y lo tomó como inspiración. “Tenía una plata ahorrada para irme de vacaciones en ese verano y, en vez de hacer eso, la invertí en las primeras partes para empezar a armar esas máquinas. Yo ahí aprendí a soldar, aprendí a usar la amoladora. Era un poco también por esa búsqueda de que yo quería empezar a hacer cosas y aprender, y si las máquinas funcionaban bien o mal era más como un resultado”, narró Leonardo Rothpflug, creador de ReAccionar.

En el medio de ese proceso, y una vez armadas las máquinas de reciclaje, se encontró con su colega y socio, Matías Caribe, quien tenía el espacio para poder avanzar con el proyecto. Actualmente, son los socios fundadores de lo que es una cooperativa cada vez más grande, que fabrica mobiliarios, tachos, llaveros, recubrimientos para paredes, macetas, escurridores de cepillo de dientes, jaboneras, y también desarrollos a medida para para empresas.

Leonardo Rothpflug creó ReAccionar en 2018. Desde 2021, reciclan unas 20 toneladas de plástico para la creación de nuevos productos útiles. Foto: Instagram / @reaccionar

“Empezamos a ver qué opciones había, qué propiedades tenían los materiales. Íbamos a las cooperativas y nos dábamos cuenta de qué materiales se estaban reciclando y cuáles no. Fuimos encontrando que el poliestireno, que eran los son los potecitos de queso crema, yogurt, dulce de leche, caja de CDs, VHS, no se estaba reciclando; los tiraban porque no tenían a quién vendérselo”, observó el emprendedor que aseguró que se trataba de un material sumamente útil y atractivo a la hora de reciclar: “Era una oportunidad a nivel material y también a nivel ambiental. Eso empezó a ser nuestro motor para lograr cambiar esa realidad”.

ReAccionar comenzó en 2018, con la experimentación de ambos socios y con una meta clara: impulsar un cambio positivo. En 2021, la propuesta de trabajar con Patagonia, realizando set de apoya vasos con material reciclado, sería el puntapié para crecer a gran escala, empezando a reciclar más de 20 toneladas de plástico al año.

Leonardo recuerda todo el tiempo cuán importante es que cada persona aprenda a separar los residuos y se anime a hacerlo a diario, colaborando así con el reciclaje que llevan a cabo las plantas de reciclaje y fundaciones. “Hay mucha gente que descree en el reciclaje. Si uno tira todo junto en una bolsa ese material reciclable se va a entierro sanitario o a un basural a cielo abierto, según donde uno esté ubicado, y se desperdicia. Entonces, si uno ya los separa correctamente ese es el primero eslabón de la economía circular, porque eso habilita que después llegue ese material a la cooperativa. Esta separa los materiales reciclables en cartón, vidrio y diferentes tipos de plástico; nosotros a ellos les compramos puntualmente el poliestireno y lo recibimos en nuestro taller”, explicó.

Asimismo, el agente de cambio social apuntó que todos formamos partes de esta sociedad y, por ende, todos somos responsables, en mayor o menor medida, de lo que hacemos con nuestros residuos. “El ser humano creó el concepto de basura y la sociedad es un conjunto de individuos, o sea, somos todos aportando o empeorando a una determinada causa. Entonces, todos tenemos que hacer nuestro granito de arena para poder cambiar esto. Obviamente, las empresas tienen que hacer lo suyo, poner los tachos necesarios, de la misma manera que los gobiernos tienen que hacer una determinada gestión para que el reciclable de la casa llegue a donde tienen que llegar. Pero va a depender de esas personas que forman parte de la empresa, y de la comunidad generar el cambio. Cada uno tiene que hacer su parte. Y el cambio es contagioso”, sostuvo Leonardo.

Reciclar es un hábito, como lavarse los dientes. Cuando sos chiquito te tienen que insistir tres millones de veces y, una vez que se te metió el hábito en la cabeza, lo hacés sin pensar casi”, concluyó el impulsor de ReAccionar, esperanzado por un futuro en el que las personas tomen mayor acción en el tratamiento de los residuos.

Mutan, uno de los primeros proyectos con materiales reciclados, que se enfoca en el accionar colectivo

“El reciclaje no es la solución, pero sí la herramienta para hacernos cargo de la forma en que producimos y consumimos”, se puede leer en la página oficial de Proyecto Mutan, un emprendimiento que nació en 2016, en manos de Sergio “Brochi” Fasani, artista y Diseñador Industrial.

“En 2012, más o menos, yo estaba cursando la carrera de Diseño Industrial en la UBA, y, hasta ese momento, los proyectos de reciclaje que había en el mundo del diseño, por lo menos, eran más de reutilización, no de reciclaje; no había una transformación del material”, relató Brochi acerca de cómo nació su deseo de hacer realidad un proyecto sobre la transformación del plástico. Precisamente, en una cátedra universitaria tuvo la chance de ver qué podía hacer con un material, y él investigó cómo transformar el plástico triturado en objetos. Terminada la carrera, junto con un grupo de trabajo siguió estudiando ese material para definir un producto a diseñar.

“En 2016, presentamos el primero de los productos, la línea de luminarias de lámparas que presentamos con la Fundación Garrahan, a quienes les compramos las tapitas, junto a otras cooperativas”, detalló el fundador de Mutan en diálogo con MDZ, y adhirió: “No solo queríamos utilizar materiales reciclados, sino entender o, de alguna manera, fomentar ya ciertos circuitos que existen y que nos parecen valiosos como las cooperativas de recuperadores urbanos y fundaciones como Garrahan, que cumplen un rol muy importante en lo que es la recolección, la clasificación, la limpieza de esos materiales”.

Mutan trabaja junto a Compostate Bien para crear composteras a base de plástico reciclado. Foto: Instagram / @proyectomutan

Pero no se quedaron únicamente en la producción de lámparas. Luego sumaron cestos de residuos, mesas, bancos, macetas, y composteras junto al proyecto Compostate Bien, que recupera tres mil tapitas de plástico para cada ejemplar. Asimismo, compran a las cooperativas más tapitas para hacer posible el diseño de anteojos, con sus respectivos estuches de la mano de Entramadas. “Para hacer los estuches trabajamos con un colectivo de mujeres que se llama Entramadas que está en el Bajo Flores en el barrio 1- 11-14, a quienes capacitamos en técnicas de reciclaje de bolsas. Utilizamos 10 tapitas para los anteojos y seis bolsas plásticas para los estuches y ellas hoy están haciendo el 100% de la producción de nuestros estuches”, precisó Brochi.

Con este emprendimiento colaboran en la reducción de los residuos plásticos en gran medida, además de darle un poder a los usuarios que, según considera Fasan, se convierten en voceros de la marca que difunden el proceso de reciclaje por el que pasó el producto que compraron. “Creo que los otros productos de Mutan son una excusa para construir redes e ir transformando la forma en que producimos, la forma en que consumimos y la forma en que pensamos nuestro entorno. Y que hay otras bellas alternativas en un sentido más amplio, no solo estético, sino en los vínculos que pueden generar”, concluyó el emprendedor que cree en la posibilidad de un mundo más consciente en material ambiental y social.