Laura Escalada, viuda de Piazzolla: "La única persona que ha hecho algo por Astor he sido yo"
A 103 años del nacimiento de Astor Piazzolla, su viuda, Laura Escalada dialogó con MDZ sobre el legado del artista que hizo del tango una música universal, y sobre el cual cree que tiene más reconocimiento en el exterior que en Argentina.
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Se casaron en 1976 y compartieron una vida juntos. Se mudaron a París, el lugar donde se afincaron después de que el músico dejara de recibir propuestas para tocar, y donde Astor enfermó gravemente. A tal punto que obligó a que hicieran un viaje contrarreloj para cumplir su último deseo, morir en su tierra.
"Si no nos hubiéramos quedado en París tantos años, acá no hubiera progresado", advierte, sobre el reconocimiento que le fue esquivo "gran parte de su vida", y grafica que "también llegó tarde".
Como ironía del destino, la mujer que brilló como actriz y locutora, e integró el plantel estable de sopranos del Teatro Colón de Buenos Aires, admite que después de su país natal, al otro destino al que le falta apreciar la obra de Piazzolla es a Estados Unidos, donde Astor vivió parte de su niñez.
"Este 11 de marzo no hubiese cumplido años porque él está vivo para siempre; estoy orgullosa de eso. En todo Europa, Japón, Tailandia, lo admiran muchísimo y estudian su mensaje, que fue la buena música. No solo ha sido el ejecutor de un instrumento muy difícil, como el bandoneón, sino también un gran autor", dice la presidenta de la fundación Piazzolla por línea telefónica, tras un viaje a Italia donde visitó conservatorios y difundió uno de los materiales que más atesora, sus composiciones "para casi
todos los instrumentos, con anotaciones impecables, precisas".
Actualmente vive rodeada de los instrumentos que acompañaron la carrera del músico nacido en Mar del Plata el 11 de marzo de 1921, junto a cuadernos que compilan las notas de amor que le dejaba cuando ella se iba a hacer las compras, y perdió las esperanzas de que pueda reunirlos en un museo por los vaivenes de la política.
—¿Cómo trabaja desde la fundación que ideó y lidera para difundir la obra de Astor Piazzolla?
—En todos estos años la única persona que ha hecho algo por Astor he sido yo, la viuda, la esposa.
—Hace pocos días, MDZ publicó el estado actual de la casa donde vivió Piazzolla con su familia, en Mar del Plata, pintada de colores estridentes. ¿Qué le provocó verlo?
—Esas cosas de familia las tendrían que seguir sus nietos pero nunca hicieron nada y ahí no me quise meter porque es un tema muy delicado. Vi que es una casa que ahora vende cosas particulares (empanadas) y la pintaron... Yo lo único que hago es cuidar su buen nombre y prestigio, es todo lo que hice con la fundación que cree 30 años atrás a partir de que él murió y hay cosas que no me corresponden. Les corresponden a los nietos pero son indiferentes, y se portaron muy mal conmigo, por eso decidí cortar la
relación. Ellos decidieron lucrar y todo lo que yo hago es sin fines de lucro.
—¿Podría definir cómo fue su vida con Astor?
—Tuvimos una vida feliz en sabiduría y compañerismo, que se la estoy devolviendo como puedo. Todo lo que hago es por amor. Los demás no hacen nada, entonces todo lo tengo que hacer yo, pero llevo adelante una fundación que tiene una dignidad impecable, y ha organizado conciertos memorables.
—La obra de Piazzolla es ecuménica.
—Astor era un compositor que lo podías tocar en cualquier instrumento que se te ocurra. Hemos ido a muchísimos conservatorios a mostrarle a muchos chicos cómo escribía, cómo trabajaba, cómo se entrenaba. Despierta admiración en todo Europa, Japón, Tailandia. En Estados Unidos todavía no tanto pero los americanos son un poquito selectivos, pero lo aprecian mucho. Hay que trabajar de otra manera para difundir su obra allá.
—¿Volvería a abrir un museo para exhibir sus objetos?
—Nadie se comunicó conmigo para hacerlo. Yo hice un museo y no me lo mantuvieron, ni siquiera lo pudieron tener por dos años. Si a mí no me dan las llaves de un museo, de un lugar al que pueda tener acceso cuando quiera, y que sea en planta baja, no quiero nada. Podría llegar a perder todo lo que era suyo por la burocracia o un cambio de gobierno. ¿Vos harías un museo con todos tus recuerdos en un lugar donde no hay garantías?

—¿Qué fue lo más fuerte que le tocó vivir con Piazzolla?
—Lo traje enfermo para que muera en Buenos Aires. Ahí no vino nadie de su familia, entonces hice mi camino y me iré dejando una fundación intachable. A veces me pregunta cómo era, y la verdad es que fue el hombre más bueo del mundo. Ojalá todos supieran lo que invirtió de su vida para ser un genio.
—Ya es un clásico.
—Igual que Beethoven o Mozart. Lo tocan en los conciertos más importantes del mundo, pero no en los boliches.
—¿Qué concierto cree que le dio más felicidad?
—Se puso muy contento, casi como un chico, cuando le ofrecieron tocar en el Teatro Colón, hace ya 40 años. Lo vivió de forma especial.
—¿En estos aniversarios, qué piensa sobre él?
—Que tenemos que estar muy orgullosos de que sea argentino.
—Por último, entre todos los objetos que conserva, ¿cuál es el que le produce más felicidad?
—Sus notas. Era muy chistoso y me dejaba muchas notitas, a pesar de que casi siempre estaba en casa. Pero yo salía a comprar y al volver ahí estaban. Tenían frases lindas, algún dibujito para mí. Las guardé a todas.

