No arranca

Problemas para registrar la SUBE: tormenta perfecta entre falta de gestión y crisis política

El Gobierno suma razones para creer que lo peor aún está por venir. El naufragio de la ley ómnibus y los problemas domésticos acorralan a los funcionarios.

Florencia Arbeleche
Florencia Arbeleche jueves, 8 de febrero de 2024 · 17:56 hs
Problemas para registrar la SUBE: tormenta perfecta entre falta de gestión y crisis política
Largas e interminables filas para registrar la SUBE en estación Once. Foto: Analía Melnik/MDZ

Con el negocio de la pesca de pez espada en declive, el capitán Billy Thyne decide aventurarse más allá de las aguas tradicionales de pesca, hacia el Flemish Cap, una zona remota con la esperanza de mejorar sus ganancias. La travesía comienza sin contratiempos, pero sin que lo sospechen, se gestan dos tormentas monstruosas, una de origen frío en tierra y otra de origen caliente cerca de la isla Sable. La convergencia de ambas tormentas da lugar a una supertormenta que desata su furia sobre otros navíos, con olas gigantescas de más de 25 metros de altura que terminan volcando el barco, que comienza a inundarse, dejando a los miembros de la tripulación atrapados en su interior.

La historia del Andrea Gail, que el escritor norteamericano Sebastian Junger narró con maestría en su libro "La tormenta perfecta", podría servir de metáfora para explicar algunas de las dificultades que enfrenta por estas horas el Gobierno de Javier Milei

El fracaso legislativo de la ley ómnibus resume en gran medida parte de la trama. Las esquirlas de la falta de acuerdo no tardaron en impactar en las provincias, sobre todo en aquellas consideradas "aliadas" como Córdoba, cuyas terminales en el Gobierno -el titular de Anses, Osvaldo Giordano, el de Transporte, Franco Mogetta, el titular del Banco Nación, Daniel Tillard, y Luis Giovine, secretario de Obras Públicas- tambalean por el cimbronazo político de la frustrada votación. 

Osvaldo Giordano.

Todos los caminos conducen a Córdoba: el acuerdo con el gobernador Martín Llaryora y su jefe político Juan Schiaretti parece definitivamente roto después de que la diputada Alejandra Torres, esposa de Giordano, votara en contra del proyecto del presidente, junto a sus compañeros de bancada, Juan Fernando Brügge, Ignacio García Aresca y Carlos Gutiérrez.

Dos días después y para sumar al crecimiento de las olas gigantescas que generan zozobra, el Gobierno avanzó con la política de reducción de subsidios al transporte. En horas, borró de un plumazo el Fondo Compensador para las provincias -que no reciben en la misma medida los recursos que sí recibe el AMBA- y autorizó una suba importante en los colectivos y trenes del área metropolitana. Un mensaje directo para los gobernadores que no acompañaron.

La incertidumbre y la desazón de los usuarios de transporte público se instaló esta semana en todo el país, en un contexto general que no ayuda. No es para menos: la inflación sigue golpeando de lleno el bolsillo de la gente, con salarios que no acompañan, mientras que el Gobierno parecería hacer poco y nada para llevar algo de alivio a los millones de argentinos que aún esperan algún resultado de la fórmula mágica que prometió Milei durante su campaña .

Esa confirmación se materializó en las largas e interminables filas con 40 grados de calor para registrar la SUBE y mantener así desde abril el boleto subsidiado a través de esta tarjeta que tiene el respaldo del Banco Nación que permite sostener el complejo entramado del sistema prepago de transporte. Una caja que, en rigor, también sufre la merma fondos por la disminución de cargas por usuario. 

Como si fuera poco, a esa notable falta de gestión el Gobierno suma la imposibilidad de garantizar el buen funcionamiento de la página web de la SUBE para concretar ese bendito trámite, una facilidad que evitaría el dolor de cabeza de miles y aliviaría algo de la angustia instalada en los hogares argentinos.

Son todas pruebas de la desesperación que gana a aquellos que temen por el tenor del impacto que podría tener esa ola, que crece y que amenaza con hacer naufragar la economía doméstica. Una tormenta perfecta que exige de un urgente golpe de timón para evitar que el agua termine, como le ocurrió a Billy Thyne, dando vuelta la embarcación.

Inconvenientes y largas filas para registrar la SUBE

 

 

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