La historia que une al escudo de la Plaza Independencia y la Vendimia
A lo largo de las 88 ediciones que lleva la Fiesta Nacional de la Vendimia, es indiscutible el aporte cultural e histórico que ha generado en la provincia. Y, dentro de esto, se encuentra el escudo provincial que ornamenta la Plaza de la Independencia, de la Ciudad de Mendoza.
Para conocer esta historia debemos viajar al año 1937, cuando la provincia se preparaba para vivir su segunda edición fiesta, que por entonces aún era provincial. Entre las autoridades que viajaron estuvo el ministro del Interior, Ramón Castillo, en representación del presidente Agustín P. Justo.
Sin embargo, sería el intendente de la Ciudad de Buenos Aires, Carlos A. Pueyrredón, quien traería consigo presentes para decorar la Ciudad de cara a los festejos. “Llega el 19 de marzo, y trae con él reflectores, lámparas, guirnaldas y un escudo de la Provincia de Mendoza, de 16 metros de alto”, detalla Elsa Rodríguez, jefa de Patrimonio Cultural de la Ciudad de Mendoza.
Junto con las piezas arribaron los técnicos de Buenos Aires que, al día siguiente, el día de la fiesta, ya tenían todo ensamblado y colocado. El escudo fue ubicado “entre los dos Caballitos de Marly”, indica la funcionaria.
O sea, estaba en la rotonda y se veía perfectamente al ingresar por los Portones del Parque. Además, Rodríguez agrega que “estaba compuesto por 14 mil bombitas eléctricas comunes”, de color blanco.
Fue sólo un préstamo
Luego de los festejos, Pueyrredón solicita que sean devueltas todas las piezas luminarias ya que no habían sido una donación. Entonces, la amistad juega un papel fundamental: “Como el intendente de la Ciudad de Mendoza era su amigo, le pide el escudo y este se lo dona”, explica la titular de Patrimonio.
No obstante, la pieza permaneció instalada en la rotonda hasta 1942, cuando es trasladada a la Plaza Independencia. O sea, por la misma avenida, pero donde ésta culminaba. Es exactamente el sitio en donde está actualmente.
Las tareas de traslado e instalación recayeron sobre el ingeniero municipal Oseas Guiñazú. Además del cuidado que debía tenerse para mover el escudo y no ser dañado, la comuna tuvo que invertir en una instalación eléctrica subterránea que fuese segura.
La mudanza se dio, además, en marco de la remodelación y puesta en valor de la plaza, que encaró el arquitecto Daniel Ramos Correas.
Con el paso de los años, las diferentes remodelaciones y las nuevas tecnologías. El símbolo provincial pasó a contar con hilos de luz en lugar de fotos. Y, recientemente, la pieza está iluminada con luz LED. Hoy, sin dudas, es uno de los atractivos de la capital Mendocina y una visita obligada de los turistas que llegan a Mendoza.