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Quedaron varados en Australia por la pandemia, se enamoraron y decidieron emprender una vida viajando

Son patagónicos por adopción, pero se conocieron en Oceanía. Cómo es vivir en movimiento con tu pareja.
Juan y Juli, disfrutando del sudoeste asiático Foto: Gentileza Juan Martín Caffe
Juan y Juli, disfrutando del sudoeste asiático Foto: Gentileza Juan Martín Caffe

Encontrar el amor a kilómetros de casa. Cuando Juan Martín Caffe y Julieta Nehme, arribaron a Australia, desconocían totalmente que en aquel alejado país del continente oceánico se desataría una pandemia que los dejaría varados. Tampoco imaginaban que ese viaje les cambiaría la vida. Su historia está signada por una cadena de acontecimientos que culminó con dos patagónicos que decidieron transitar la vida juntos, pero viajando. 

Juan nació en Buenos Aires, pero los embates de la crisis del 2001 y una propuesta de trabajo para su padre, lo llevaron hasta la Patagonia. Creció en General Roca, una ciudad ubicada en el alto valle de Río Negro. Se siente sureño, independientemente de su lugar de nacimiento. Juli es mendocina. Sin embargo, también debió cambiar de provincia por su papá. A los dos años se mudó a Comodoro Rivadavia; más tarde a un pequeño pueblito de Las Heras, Santa Cruz. Pasó un año en Caleta Oliva y diez en Cipolletti, otra ciudad del valle rionegrino. Ella también lleva el sur argentino en el corazón.

Julieta es ingeniera química y estaba trabajando para una empresa cementera en Córdoba cuando la rutina la empezó a incomodar. “Eran muchas horas, tenía más responsabilidades de las que quería y me pagaban dos mangos. Me vi llevando ese tipo de vida a los 40 años y dije no, esto no puede estar bien”, cuenta a MDZ. Juan estudió Turismo. En 2015, tras realizar un viaje por Europa con su papá y su abuelo durante dos meses, decidió instalarse en el viejo continente. “Me terminé quedando en Barcelona cuatro años”, relata.

Los jóvenes aman la vida al aire libre.
Foto: Juan Martín Caffe

Por obra del destino, o no, los dos pusieron un pie en Australia en 2019. La pandemia por el covid-19 que azotó al planeta, comenzaría en diciembre de ese año. “Un amigo me había comentado sobre el país y teniendo en cuenta el límite de edad que existe para la visa Working Holiday, decidí aplicar. Me llamaba la atención que el estado más grande, que es Western Australia, tuviera el mismo tamaño que Argentina pero con solo dos millones de habitantes”, relata Juan, sobre por qué terminó decidiéndose por el país oceánico.

“Mi primera opción era Nueva Zelanda, más que nada porque los paisajes, el trekking y las actividades que ofrecía. Me terminé decidiendo por Australia, sin saber mucho con qué me iba a encontrar”, dice Julieta, que antes de llegar a Oceanía realizó un viaje en soledad a la Isla Galápagos, Ecuador, uno de los lugares con el que tanto soñó durante su niñez.

El arribo de la pandemia y la magia de Broome, el pequeño pueblito australiano

En diciembre de 2019, los medios de comunicación comenzaban a informar sobre la aparición de un extraño virus que estaba afectando a varias personas en la ciudad China de Wuhan. A finales de enero, precisamente el día 30, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaraba la existencia de una emergencia de salud pública de importancia internacional. Había comenzado la pandemia por el covid-19.

“Con el diario del lunes, me agarró en el mejor lugar del mundo, Broome. Es un pueblo pequeño, está aislado y no tiene más de 10 mil habitantes. Estaba trabajando en hotel, vivía a tres cuadras de la playa y pasaba el tiempo con latinos y gente del hostel. Cuando llegó el covid, me quedé sin trabajo y la realidad no pintaba bien”, dice Juan, sobre cómo transitó aquella época. Quedó varado en la región australiana donde el aislamiento y los controles fueron sumamente estrictos. Su historia con Julieta podría haber cambiado si el vuelo que compró hacia Argentina hubiera salido. Eso nunca ocurrió.

Los jóvenes, enamorados en una playa australiana.
Foto: gentileza Juan Martín Caffe

Tras una breve estadía en Sídney y Melbourne, Juli llegó a Melbourne. Fue el consejo de un amigo y la necesidad de encontrar un lugar para extender su visa, lo que inclinó la balanza para que la ingeniera terminara en el mismo pueblito alejado que Juan. Una amiga con la que venía viajando se sumó. “Veíamos las noticias en los locales, pero cuando te estás moviendo no le prestás mucha atención a la televisión. Sabíamos que algo estaba pasando, una nueva gripe, el famoso covid”, dice la joven que, como a gran parte de población, lo que ocurría en Wuhan le parecía algo lejano. “Mi amigo abandonó Broome a la semana de mi llegada, pero decidí quedarme. A las dos semanas cerraron la región; había mucha incertidumbre en la gente, nadie sabía que iba a pasar. Así pasó un mes, donde 30 personas que no nos conocíamos pasamos a ser una comunidad”, dice. Si hubiera decidido cambiar de destino antes del cierre, ella y Juan no estarían juntos. O sí.

Una bicicleteada y el comienzo de una amistad que terminó en relación

Juli y Juan se conocieron en un hostel de Broome. Él estaba tomando mates cuando ella, que no vivía allí, entró. Hablaron un poco con otra joven y se sorprendieron cuando descubrieron la coincidencia de haber crecido en dos ciudades rionegrinas separadas por tan solo por 38 kilómetros de distancia. “Me dijo que al otro día era su off (día libre) y, como yo no tenía nada, le pregunté qué iba a hacer. Me contestó que quería ir en bici hasta Gantreum Point. Le dije si podía ir, no le quedó otra que decirme que sí”, afirma la joven, mientras se ríe. “Se autoinvitó”, retruca Juan. “Quiero aclarar que todo esto no fue para chamuyar. Era nueva en el lugar y siempre estoy buscando que hacer”, remata Juli.

“Al otro día le mandé un mensaje para que no me dejara plantada y cuando me avisó, salimos”, cuenta ella. Los dos recuerdan haber conocido a Carlitos, un catalán del que terminaron haciéndose grandes amigos. Usan casi las mismas palabras, aunque contestaron las preguntas de MDZ por separado. Se hizo de noche y durante la vuelta equivocaron el camino. “Estábamos en temporada húmeda, hacía un calor y había telarañas por todos lados”, afirma Juli.

La pareja ya conoció 4 contienentes.
Foto: gentileza Juan Martín Caffe

Aquel primer encuentro en soledad ocurrió antes del comienzo de las restricciones por el covid. Cuando los controles se endurecieron, los jóvenes, que vivían en lugares diferentes, perdieron el contacto. Cuando todo terminó y tras una mala experiencia en una granja, Juli se fue a vivir al hostel donde había conocido a Juan. Él seguía allí. Empezaron su relación dos años después del día en el que se vieron por primera vez. “La tuve que remar”, se sincera Juan. “No le creo nada”, contrataca la joven.

Vivir viajando en pareja

Desde que comenzaron su relación, la pareja se propuso viajar como estilo de vida. Pero antes de hacerlo, tuvieron que descubrirse. “No hay persona más simple, compañera y alegre que ella. Eso la hace una amiga y pareja hermosa. Es muy lindo tener al lado alguien así, es alegría diaria. Es más que activa para el deporte, los viajes y la aventura. Siempre tiene un sí como primera respuesta. Creo nos queremos y entendemos mucho”, dice Juan sobre su compañera.

“Siempre me sentí cómoda con él. Era como que con él pertenecía, siempre la pasé muy bien. Es una persona con la que se puede hablar de absolutamente todo. Es super inteligente y siempre tiene algo que decir que te deja pensando. Me hace reír un montón, y eso es super importante. Es un hombre sencillo, siempre encuentra soluciones. Es super aventurero y eso me encanta. Tiene historias de todos lados, cada vez que cuenta de sus viajes se me ponen los ojos llorosos, lo admiro mucho”, sostiene ella.

La pareja y un paisaje soñado.
Foto: gentileza Juan Martín Caffe

Desde el primer encuentro hasta hoy, Juan y Juli han viajado Australia, Argentina, Indonesia, España, Corea del Sur y Nueva Zelanda. En unos meses volverán al viejo continente donde, tras un breve paso por Barcelona, se instalarán en Noruega. “Basta con que alguno nombre un lugar que le cope, para que ya tengamos todo armado. En qué temporada ir, cuánto salen los vuelos”, sostiene Juli.

“Ahora toca Noruega. Si te digo auroras boreales, renos, osos, fiordos, lagos, glaciares, suena bien, ¿no?”, dice Juan. “Que a los dos nos guste este tipo de vida, hace que tengamos muchas cosas en común. Y que lo estemos haciendo desde hace tiempo, también te da la pauta de hasta donde llegás, que cosas estas dispuesto hacer y que no”, cierra ella.

Juan y Julieta están casados. No es un tema en que el se detengan demasiado. Aconsejan viajar a quienes lo desean, pero no se atreven. También advierten que vivir en movimiento no es para cualquiera. No transitan la vida con drama. “Si muriera mañana, estaría más que conforme con lo que viví”, dice ella. “Siempre se puede volver; siempre te podés ir y siempre te podés quedar”, lanza él. Los dos tienen palabras de aliento para los potenciales viajeros que se topen con su historia, sobre todo, porque saben como pocos que siempre es posible encontrar el amor, aún, a kilómetros de casa.