Hasta cuándo puede durar la abundancia de agua por el caudal del río Mendoza
El ruido del agua que ingresaba al arenoso río, en Lavalle, emocionaba. Al principio, la tierra seca absorbía como esponja. Luego, con color chocolate, se abría paso. Por las dudas, en su largo recorrido hasta las lagunas de Guanacache hubo custodios; hombres y mujeres que con palas y zapas corrían los obstáculos.
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Tras más de una década, el río Mendoza avanzó sobre el secano y otras zonas que casi se habían olvidado de qué se trataba. La sequía más larga de la historia de Mendoza hizo perder la cultura del agua. Por eso, por ejemplo, hubo casas inundadas porque están en zonas de escorrentía. Muchas personas se ahogaron porque se bañaban en zonas peligrosas. Y ahora también se genera la duda sobre cómo aprovechar el año de abundancia para no sufrir la próxima seca, que podría llegar en la temporada 2025.
La cantidad de agua puso en evidencia el avance sobre zonas no permitidas, como ocurrió en algunos parajes aguas arriba de Potrerillos y, sobre todo, aguas abajo del dique Cipoletti. El margen de seguridad del río en el área regulada está garantizada, pues está calculada para un volumen superior a los dos mil metros cúbicos por segundo.
El volumen de agua que trae el río Mendoza está por encima de lo previsto porque también hubo una ola de calor extraordinaria. Como reflejó el científico Juan Rivera, es la ola de calor más extensa de la historia de Mendoza. Por eso el río trae casi el doble de agua de un año promedio. El dique Potrerillos, única “caja de ahorro” creada por el hombre en la cuenca, está al 100% y el agua ha llegado pasar por arriba del morning glory. En los relevamientos que realizan en Irrigación están sorprendidos: el calor extremo llegó incluso a los glaciares y manchones de nieve que están por arriba de los 4 mil metros de altura.
En esos casos el volumen de agua que baja no es una buena noticia, pues se trata de la “caja de ahorro” de agua natural que va en retroceso. El embalse tenía un volumen total de almacenamiento de 450 hm3 y la superficie inundada es de 1.300. La acumulación de sedimentos achicó la capacidad, que ahora es cercana a los 400 hm3. La demanda total de agua en el oasis que depende de ese río y el dique es de unos 1500 hectómetros cúbicos por año; es decir se necesitan casi 4 Potrerillos. Con un dique no alcanza en los años de sequía.
Manejo
Es una paradoja, pero el agua es más compleja de manejar cuando hay abundancia porque hay que conducirla. Y en el caso del río Mendoza el margen de maniobra es bajo porque hay un solo dique. Por eso el aumento intempestivo del caudal es imposible de evitar. Potrerillos es un dique estacional, es decir guarda agua de una estación a otra. Con maniobras planificadas, se puede estirar la duración. Pero como la erogación nunca se cierra (de allí viene el agua para consumo humano y se genera energía), es más difícil aún.
La intención del Departamento General de Irrigación es llegar con el embalse lleno a lo más cerca de la primavera posible, para tener recursos en el momento de mayor demanda para el riego. El río trae más de un 30% por encima de lo pronosticado para la fecha y el doble de caudal normal; pero creen que cuando bajen las temperaturas habrá una compensación y que al final de la temporada, en octubre, el volumen total de agua será cerca de un 20% por encima de lo pronosticado. Nuevamente, es por la cantidad de nieve y por las altísimas temperaturas que generaron más deshielo y más rápido de lo esperado. Aunque las posibilidades de manejo del agua superficial están limitadas, hay otro beneficio bajo la tierra por la recuperación de los acuíferos.
La intención es administrar la alta disponibilidad de agua de hoy durante todo el 2023. La abundancia de hoy puede ser un espejismo, pues en los modelos que manejan en Irrigación esperan que el invierno vuelva a la “nueva normalidad”, con precipitaciones bajas. 
El clima no se va a poder controlar, pero sí la adaptación a esas condiciones. Y habiendo tendido datos que anticipaban la situación, Mendoza puede haber tenido en 2023 un hito del desperdicio de la oportunidad. Potrerillos comenzó a construirse en 1998, se inauguró en 2001 y se llenó por completo varios años después. En su vida útil ha tenido un rol clave para amenguar el impacto de la sequía y administrar el agua para usos prioritarios. El plan original, que tiene más de un siglo, era regular el río Mendoza con otras represas que nunca se realizaron. La obras más nombrada y que todos los estudios dan como prioritaria es la represa Uspallata, que tendría varios beneficios: más agua almacenada, más energía y más garantías para la seguridad y vida útil de Potrerillos. La obra no se hace y difícilmente se hará por la complejidad de traslado de la ruta 7 y el desaliento nacional y local para encarar esa inversión. En el mismo período tampoco se concretaron los otros proyectos para regular los ríos Tunuyán (Los Blancos) y Grande (Portezuelo del Viento).
La herencia de falta de inversión se nota también “aguas abajo” del río y el dique. La falta de adaptación hace que, por ejemplo, ante maniobras rutinarias de gestión del dique las plantas potabilizadoras salgan de funcionamiento. Otra paradoja: por la abundancia de agua, falta agua en los hogares. La curva de inversión comenzó a revertirse, pero el freno nacional pone en duda ese camino.


